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LOS PAINANIS… CORREOS DE MÉXICO

Por domingo 8 de septiembre de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

Los-Painanis1—Anda, abuelo, cuéntanos…

—Sí, cuéntanos… Nos quedamos callados…

—Sí, calladitos todos, toditititos ¿verdad…? ¡Contesteeeen…!

—Sí, abuelo, ya estamos callados, mira… ¡shtttt!

—Pero si ya les he contado muchas veces…

—No importa… Cuéntanos otra vez…

—¿Qué no se aburren de escuchar una y otra y otra vez lo mismo…?

—Es que nunca es lo mismo, abuelo… Siempre cambias la historia…

—¡Jajajaja! Bueno, en eso tienes razón… Cuando llegamos a viejos, todo se contempla de manera distinta cada vez que lo recuerdas… A veces hasta llega uno a pensar que no lo vivimos sino que la imaginación es la que envuelve la memoria cuando viajamos en el tiempo… Pero, en fin, les voy a contar otra vez…

—¡Ehhhhh… Siiiiiii… Cuenta, cuenta…!

—Bueno, dijeron que iban a escuchar calladitos… ¿o no?

—¡Sí, ya, callados todos… Callados! Ya abuelo, empieza…

—Muy bien… Pues se trata de un amigo mío muy querido… Todo había comenzado cuando yo lo veía pasar con su valija…

—¿Qué es “valija”, abuelo…?

—¡Cállateeee, déjalo contar!

—No, está bien, les voy a decir: La valija es esa bolsa de piel, de cuero, de carnaza que les dan en la oficina para ahí acomodar toda la correspondencia que hay que entregar de acuerdo al rumbo… Y antes de que me pregunten, el rumbo designa toda el área que un cartero debe cubrir. En la actualidad, un cartero de a pie cubre aproximadamente un kilómetro cuadrado, pero hace muchos años las distancias eran mayores porque no había tantos carteros y los rumbos eran mucho más amplios… El caso es que mi amigo, el que les cuento, traía ese día una cara de cansancio extremo… Se sentía agotado, enfermo, y tenía que terminar de entregar porque la correspondencia es propiedad federal y una vez que la ponen en la valija, debe ser entregada por completo, no se la pueden llevar a su casa de tal manera que no importa el cansancio, enfermedad, sed, hambre, clima… Llueve o truene o así haga un calor terrible, el cartero tiene que entregar…

Los-Painanis2Una vez más, mi amigo, se detuvo para acomodar el zapato… Sintiendo un dolor que le impedía caminar, se dio cuenta que los pies sangraban… Revisó la valija y aún quedaba mucho por entregar, por cubrir el rumbo… Por más que buscaba una pequeña sombra, el sol en el cenit convertía la calle en una especie de horno que cada vez más le asfixiaba… Sentado en esa roca junto al poste, se quitó el zapato para dar un masaje que más que aliviar acrecentaba el cansancio… Hacía tiempo que les daban calzado como parte del uniforme, pero no era suficiente la tecnología para caminar tanto… Y al verlo, la señorita de la casa se compadeció de él. Invitándolo a pasar, le sirvió café con pan y un tamalito que tenía del almuerzo… De la misma manera, le trajeron una palangana con agua tibia y sal de grano para que remojara los pies para aliviar el cansancio… Ya la había visto varias veces, desde el balcón, le preguntaba casi todos los días por la carta que esperaba de su enamorado… Se había ido lejos, muy lejos, a buscar fortuna para poder casarse con ella. Pero la respuesta de mi amigo era siempre la misma: “No tengo nada para usted, señorita… Tal vez mañana llegue…”

Mientras los niños escuchaban fascinados por enésima vez la historia que el abuelo les contaba, él se remontaba a todos sus recuerdos… Había sido un cartero verdaderamente entregado a su oficio, un trabajador absolutamente honesto y respetuoso de su trabajo… Sentía en el pecho un orgullo muy grande de ser un painani… Siempre se había interesado por estudiar la historia del correo en México y en el mundo entero y el saberse heredero de aquellos mensajeros que eran encargados de llevar las noticias al Hueytlatoani con una veracidad absoluta que de no ser así se veían castigados incluso con la muerte, le producía un orgullo que lo transportaba hasta esas épocas prehispánicas en que los painanis, consagrados al dios Paynal, el mensajero divino, eran educados en el Tepochcalli bajo severas reglas de principios morales, en una disciplina física durísima que les permitía cubrir distancias hasta de 600 kilómetros en un día… Los painanis, reportaban las noticias y quedaban a la espera de que un segundo mensajero corroborara lo que habían dicho. Si coincidían en la noticia, el painani recibía alabanzas y hasta un acenso en ciertos casos. Si el segundo mensajero tenía una información distinta haciendo quedar en evidencia al primero, este era castigado hasta con la muerte. El término “correo”, viene de la palabra “correr” y su origen se pierde en el tiempo, pero los primeros correos eran verdaderos atletas y su función era aprovechada básicamente para fines militares. A medida que la comunicación a distancia se va haciendo imperativa, surgen estrategias diversas para llevar noticias de un lado a otro ya no solamente con fines militares y es así que en la época medieval, surge en Europa el correo como una institución en primera instancia al servicio de los acaudalados que podían pagar por ello pero ya a principios del siglo XIV, fueron los mercaderes quienes organizados para ello, fundan gremios de mensajeros, de correos, y mesones donde hospedarlos y donde proporcionarles caballos frescos o sustituirlos por otros correos en su caso. A estos mesones, se les llamaron “postas”, de donde se derivó el nombre con que hasta la fecha nos referimos al “servicio postal”. En México, como menciono arriba, el correo comienza desde épocas prehispánicas, pero el servicio de correos como lo conocemos ahora, podría situarse en su origen durante el virreinato. El 31 de Mayo de 1579, apenas medio siglo posterior a la conquista, Felipe II emite un decreto en el palacio de Aranjuez nombrando “Correo Mayor de Hostas y Postas de La Nueva España” a Don Martín de Olivares, mismo al que otorga posesión del cargo el Virrey don Martín Enríquez de Almanza el 27 de Agosto de 1580. Fue el correo en México una empresa privada en su comienzo y así permanece durante casi dos siglos bajo el rubro de un “oficio vendible y renunciable”. Con la instauración de las Reformas Borbónicas, es decir, los cambios administrativos que llegan a la Nueva España por parte de los monarcas españoles de la Casa de Borbón en el siglo XVIII, cambia el correo mexicano de ser una concesión de Mercedes Reales, a ser considerado una función de la Corona Española y así, el último Correo Mayor, don Antonio Méndez Prieto y Fernández, entrega al estado el oficio hasta entonces particular el día 1 de Julio de 1766. El correo mexicano ha sido relevante desde muchos puntos de vista. Así, durante la independencia, fue determinante con sus 401 oficinas, sus 901 trabajadores y sus 25,000 kilómetros cubiertos en sus distintos rumbos, se movieron más de un millón de piezas ya fuera a pie, a caballo, o en carreta. Tal era la fuerza del correo que el Virrey don Félix María Calleja, ordenó que se abriera toda la correspondencia para detectar insurgentes y el movimiento independentista se vio obligado a establecer su propio correo. Al consumarse la independencia, el 27 de septiembre de 1801, la oficina de correos pasa a depender de la Secretaría de Estado y el Despacho Universal de Relaciones Interiores y Esteriores. Así permaneció hasta que en 1891 pasó a ser parte de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. En el año de 1901, se convierte en una Dirección General para posteriormente Los-Painanis3convertirse en Administración General de Correos. Existían solamente 18 zonas postales. Y es en el año de 1902 cuando comienza a construirse el imponente palacio a un costado del Palacio de Bellas Artes. Curiosamente, sería encargada al Arquitecto italiano Ádamo Boari, mismo que comenzara la construcción de Bellas Artes, la monumental obra del Palacio Postal ahí en el Eje Central antes San Juan De Letrán. En 1981 se establece el código numérico para cada una de las colonias del país y sería en 1986 cuando se crea el Servicio Postal Mexicano, organismo descentralizado como respuesta a las necesidades existentes adquiriendo dicha institución una personalidad jurídica y patrimonio propio… Los carteros de a pie, siguen siendo un bello personaje que da motivo a mil historias… “Un cartero que no ha sido mordido por un perro, no es cartero”, me dice mi querida amiga, Blanca Estela Jiménez Bucio, quien fuera cartera de a pie de manera voluntaria, heredera de vocación como trabajadora del servicio postal mexicano y actriz de carrera. Ahora, los carteros reciben calzado especial y mangas impermeables como parte del uniforme, pero a veces, el cansancio es extremo y de todas maneras, toda la correspondencia debe ser entregada sea como sea. Vaya este artículo a manera de un sencillo homenaje a quienes llueve, nieve, truene o bajo un sol abrasador, hacen posible que las noticias lleguen a su destino: Los correos, los carteros…

—Y qué pasó, abuelo…

—Déjalo terminar…

—¿Qué pasó? que después de tantas veces que esa señorita le preguntara al correo por las cartas de su prometido, mismas que él buscaba afanosamente en la pichonera sin resultados, fue surgiendo el amor entre ellos… Así, la señorita tomó la costumbre de darle de almorzar y él de mil amores detenía su camino en ese oasis hasta que… Se casaron y tuvieron hijos… Y nietos… Él se jubiló del servicio postal… Y se dedicó a contar a sus nietecitos la misma historia de amor una y otra vez sin entender cómo le seguían pidiendo que la contara…

Reflexionando alrededor de esa historia de amor que es basada en un hecho real entre un painani y la dama a la espera de la carta amorosa que nunca llegó…

*Cantante, compositor y escritor.

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