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El pensamiento social, el conocimiento científico y otros saberes

Por domingo 29 de julio de 2012 Sin Comentarios

Por Fidencio López Beltrán*

«El reto de la ciencia hoy día, es ya no hacer
más científico el conocimiento común, sino
hacer más común lo científico»
Moscovici

En la entrega anterior publiqué el artículo Lo científico y lo común frente a nuevos conocimientos (La Voz del Norte, No.112; 15-VII-12,) en el que afirmamos que la ciencia es parte de la cultura, pero la cultura no es ciencia, aún cuando ésta comprende a la ciencia y la integra al resto de los saberes, incluyendo el conocimiento del sentido común.

Ahora, nos hemos propuesto abordar algo, que sin ser precisamente continuidad del ensayo mencionado, directamente implica a la cultura y al conocimiento del sentido común con el conocimiento científico y otros saberes. Para posicionarnos frente al amable lector, le decimos que estamos atendiendo a nuestra categoría de Representaciones Sociales y en esta ocasión, agregamos el concepto denominado pensamiento social, el cual es heredero de la Psicología Social europea, producto al fin, del pensamiento complejo y fecundo de y para la ciencia psicológica, perspectiva teórica desarrollada desde mediados del siglo pasado, por Moscovici, luego por su discípula más sobresaliente, D. Jodelet, entre muchos continuadores en Europa y en nuestra América.

En ese sentido, de entrada aclaramos lo que desde una mirada disciplinaria se entiende por pensamiento social, el cual puede ser definido como un pensamiento autónomo y específico, independiente del pensamiento racional, pero ambos cohabitando en los mismos individuos, cada uno de ellos interviniendo en contextos sociales particulares (Guimelli, 2004:120).

Observamos que mientras que el pensamiento racional (en el que se inscribe tradicionalmente al conocimiento científico) acata las normas empíricas y lógicas, el pensamiento social posee su propia lógica interna y más particular, este último a diferencia del primero, no asume como principio fundamental las comprobaciones o refutaciones empíricas que pueden (en la ciencia positivo-racional) demostrar las contradicciones o los procesos de invalidez de su racionalidad, cuya búsqueda de coherencia será siempre una aspiración consciente, y todo lo que niegue a su lógica, será rechazado.

Sin embargo, el pensamiento social, insistimos, posee una lógica particular que no corresponde a la lógica racional. Compartimos con Guimelli (2004) que: el pensamiento racional busca la coherencia mediante la racionalidad, cuando la lógica del pensamiento social racionaliza para establecer su coherencia.

Por lo tanto, nuestra concepción del pensamiento social, está íntimamente ligada a al concepto de Representaciones Sociales (RS) que hemos indagado. Nos habla de que éste suele mantener y perdurar en los lazos sociales y afectivos de manera muy signifi cativa, tanto así, que este pensamiento está identificado con el conocimiento cotidiano y no con el científico, a pesar de que su existencia obedece a las prácticas-relaciones sociales que producen los aspectos que constituyen cualquier discurso (sea o no reconocido como conocimiento científico), sus elementos se comunican y se comparten contextual e históricamente entre personas y grupos de personas, de tal modo que casi siempre estarán más ligado al sentido común que al científico.

Observamos que la afectividad y el sentido práctico predominan sobre el intelecto y sobre la construcción de un conocimiento científico. Por ello que el conocimiento científico, no siempre pauta o guía al mismo científico ni al profesor universitario, ya que como persona que también siente y es humano (a), realiza acciones y resignificaciones del mundo en que vive, que están determinadas las más de las veces por el conocimiento cotidiano, que seguramente se debe a su grandes dosis de lazos afectivos y socioculturales entre las personas y los grupos sociales con los que se socializa, con cierto placer, el profesor y/o el mismo investigador universitario.

A manera de ejemplo, podemos decir brevemente que cuando hablamos de educación y de problemas sociales como es el caso de qué suelen opinar los padres de familia sobre los profesores, hemos hallado en nuestros reportes de investigación, que muchos padres valoran al profesor como alguien que es parte de la familia, como un amigo o como el segundo padre, o resignifican al profesor como el apóstol de la educación (muy similar al que se imaginaba Vasconcelos) entre otras categorías sociales que hemos venido analizando en distintos trabajos que desde los 90 (López; 1995; López 1996; López; 1999) y que partir de 2003, hemos reportado al SNI-CONACyT (López 2006, López 2008 y López 2011).

Como se puede apreciar las Representaciones Sociales constituyen una modalidad particular de conocimiento, que al final corresponde y se identifica con el conocimiento cotidiano o del sentido común, cuya importancia reside en lo social, en tanto que son los mismos procesos sociales los que la generan. Por lo tanto, las RS comprenden al conjunto de creencias, opiniones y conocimientos producidos y compartidos por los individuos de un mismo grupo, en relación a un objeto social en específico.

Ahora bien, el conocimiento del sentido común en la historia de la Ciencia, evolucionó hacia nuevos esquemas de conocimiento científico que desde hace más de tres siglos hemos podido reconocer en los paradigmas y sus comunidades científicas, en particular, es factible observar el conocimiento racional producido por la metodología experimental y la concepción positiva de la ciencia. Frente a ello, la ciencia misma tiene el desafío de hacer más común el conocimiento producido por la ciencia, concibiéndolo desde un conocimiento social, que aquí le hemos denominado pensamiento social, ligado siempre al conocimiento cotidiano.

Un desafío inmediato es también, (re)pensar en los nuevos saberes, como saberes fundados en problemas emergentes, reconociendo la importancia de recuperar esa hermosa polémica que la ciencia y la filosofía han mantenido por más de tres siglos; pero ahora, debemos comprometernos con una nueva actitud, que sea capaz de empujar hacia un análisis más allá de lo científico y lo común, apreciando lo valioso del Pensamiento Social y de todos los saberes que sean pertinentes para la mejora de la calidad de vida de la sociedad, sus comunidades y personas.

En conclusión, consideramos que si el pensamiento social es generado por las relaciones sociales y los lazos afectivos compartidos y el sentido práctico entre los individuos, grupos y comunidades que lo producen como una construcción social diferente al de la lógica racional que predomina hoy en día en la mayor parte de la literatura científica, tenemos entonces grandes retos y oportunidades, que bien podemos iniciar por documentarlos y promover su debate serio, que por su naturaleza inter y trasdisciplinaria, la psicología está evidentemente implicada, en particular la psicología social de la educación, la cual ya ha asumido el desafío de comenzar por comprender y analizar la cultura y la realidad social que experimentamos, sea para la edificación de una psicología cultural de nuestro contexto, sea para una mejora en la toma de decisiones en la ciencia, en la academia e incluso, en las políticas públicas.

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*Doctor en Pedagogía/UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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Londres 2012
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