Estatal

Luis Pérez Meza pudo haber sido mi padre

Por domingo 18 de julio de 2010 Sin Comentarios

Por Miguel Ángel Avilés*

Si no fuera por mi voz que ofende a cualquier cuando canto, yo alargaría la sospecha de que Luis Pérez Meza, pudo haber sido mi padre.

Don Ignacio, que así se llamaba Don Luís, nacido por cierto en la Rastra, municipio de Cosalá Sinaloa fue un caminante y probador de todos los oficios. Del dúo “Chico y Nacho” pasó con otros dos mas para formar cuatro y dar vida al grupo Los Parrangos para debutar después como solista y, al tiempo, merecer la identidad de “El Trovador del Campo”, un bautizo facturado por algunos a Pedro de Lille atribuido y otros a Matilde Sánchez, “La Torcacita” que conducía un programa en la XEW hasta donde fue aparar quien alguna vez pensé que podía ser mi padre.

Luis Pérez Meza también boxeador mucho antes y con esa furor aprendidito en el ring, anduvo dando la pelea como cantante de alto registro aquí y allá, por el mundo con el trío Culiacán junto con “el Negrumo” y “El Gordo Villarreal” o después como solista hasta llegar a internacionalizarse y europear por buen tiempo, mientras decidía volver a sus México y andar su Sinaloa de punta a punta por todas estas regiones del llamado alguna vez estado de Occidente y de ahí cruzar el Golfo de California alguna vez, no se que tantas a lo mejor esperando que lo irradiara una luz pitonisa y le dijera quedito al oído, ya no se si iniciados los años cincuenta o pasaditos, que en La Paz, B.C.S podía estar un amor a quien cantarle.

En el corazón del puerto, venida de un pueblo cercano hacia donde apunta el sur, yacía atendiendo el restaurante La Preferida una mujer de párvula edad pero de belleza incuestionable que le bamboleó los ojos a Luís Pérez Meza una noche de desvelo, luego de acabar su espectáculo en la mejor cancha de esa incipiente ciudad.

Aquel recuerdo es un tesoro que mi madre no ha querido desenterrar todo completo: hubo miradas y acercamientos y ambos únicamente saben lo que pasó. Don Luis ya no prefirió las Europas. Anduvo cruzando mares, buscando amor por algún tiempo, no se que tanto y ahí lo esperaba esa dama con la suficiencia de quien conoce el yo de la belleza. Menudo era Luis en esos años de edad escasa todavía y menudo era el platillo que prefería para atenuar el desvelo, antes que el hígado de Cahuaca tan solicitado por otros como manjar exclusivo de la casa.

Este tomar de manos y esas miradas de regocijo mutuo fue efímero. Es lo que me cuentan y no quiero inventar: no vaya a ser que la maldición me caiga por difundir amores. Amores de tiempo atrás cuando aun todos sabían verse a los ojos y a la cara. Para cantar o para decirse cosas que sólo las guarda con temple el corazón.

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