GENEROSO Y MESURADO

generoso y mesurado

Por: Jaime Irizar

Paco, uno de mis hermanos, conforme se llenaba de años su morral, tocaba con más y más frecuencia el tema de la vejez. Algunas veces, las menos, lo hacía con una actitud pesimista, triste y nostálgica, otras con un sentido del humor indiscutible y con algunos toques filosóficos en sus expresiones. “Yo-decía solemne-, he sido un hombre que puede considerarse afortunado, he tenido como todos, etapas buenas y malas en mi vida y he sabido sortear ambas con prudencia. He aprendido a andar a pie, pero también en carro, y eso, aunque parezca sencillo al decirlo, en realidad no lo es, en virtud del severo ego dañado que resulta del saberse venido a menos. Se bien lo que es comer en exceso y tengo en mi historia varios días de mal comer.En fin, te puedo comentar que he tenido épocas de bonanza clara y otras de severas ruinas, pero en relación a éstas y en virtud de mi experiencia acumulada, puedo concluir que ninguna de ellas puede comparársele a la ruina que produce la vejez”, soltaba la risa pensando en no sé qué cosas que traía a su memoria su comentario. En ella señalaba, ya aprendiste a hacer de todo, y es cierto que le ganaste muchas experiencias, pero también que son pocas las oportunidades que tienes para hacerlo y demostrarlo.

Volvía a hacer una pausa tras la frase dicha para esbozar una sonrisa picaresca y nostálgica y agregar: Si tienes recursos con que hacer lo que te gusta no importan las limitaciones físicas o de salud primordialmente; quizá lo más molesto para realizarlas es que tus hijos sin razón alguna, tratan a toda costa, de impedirlo. Gradualmente vas aceptando que las generaciones que vienen tras de ti, te van empujando para desplazarte, unas veces respetuosamente y con cariño, otras no, para que dejes las tareas y las decisiones más importantes de la familia en sus manos.

Eso lo entiendo muy bien-me dijo,- porque soy un convencido de que de siempre la vida ha sido una carrera interminable de relevos. Y que, si te resistes a admitirlo con oportunidad y sabiduría, la edad avanzada y las enfermedades propias de los años vividos, te obligarán a ver con mayor claridad esta certeza. Pero no todo es triste o malo en la vejez,-señalaba emocionado-, hay cosas que bien valen la pena citarlas para levantar el ánimo y fortalecer el espíritu. Muchas de ellas, de joven, ni por asomo pensabas que te atreverías a decir o hacer.

Una de las gracias de llegar a viejo, es el tener la certeza chusca pero real, de saber qué ya no te preocupará la posibilidad de morirte joven, y que tienes la fortuna de ver, analizar y gozar los productos biológicos que la vida te regaló para poder constatar si cumpliste o no con la tarea más importante de todo individuo que estriba principalmente en formar hombres y mujeres de bien para la sociedad, que no sean rechazados por conductas impropias y que tengan en alta estima por los valores inculcados y puestos en práctica..

Paco continuaba: además, el simple hecho de cumplir y cumplir años, conociendo y gozando de la convivencia de gentes con diferentes gustos, preferencias políticas e ideológicas, opiniones, y capacidades intelectuales, te permite, en virtud de esta diversidad cultural, acumular experiencias para poder construir nuevos juicios que te obligan a tener una visión de conjunto de la vida más apegada a la realidad. De todas esas experiencias, una en particular recuerdo con orgullo, nostalgia y emoción.

Cuando era socio activo del Club de Leones, escuchaba con atención e interés el código de ética que se leía al inicio de cada sesión y de los conceptos hermosos que encierra dicho código, el exhorto a que seamos generosos en el elogio y mesurado en la crítica, fue lo que más me marcó, enseñó, y normó mi conducta.

Fiel a dicho precepto viví parte de mi vida y no he tenido empacho alguno en reconocer primero, para decirles después, los elogios a quienes tienen las virtudes o los méritos físicos e intelectuales suficientes para recibirlos. Por otro lado, trato, cuando es la ocasión, de procurar hablar a solas, de buen modo y con la mejor de las intenciones, con todas las personas que quiero, estimo, respeto y admiro, para hacerles las críticas constructivas que me despiertan sus actos y dichos.

No siempre soy comprendido al respecto, porque es muy común que a nadie le gusta que le digan sus verdades o le reflejen su actuar, en aras de querer procurarles una modificación franca a sus conductas. Entiendo bien que hacer una crítica constructiva o destructiva en público, o es una farsa de presunción de sabiduría o de un alarde de autoritarismo, imprudencia, perversidad o escarnio”.

A estas alturas de mi vida, puedo comentar que no hay nada más importante para ser feliz o exitoso, que saber construir unas excelentes relaciones humanas. Que, si bien es cierto que cuentan y mucho la inteligencia, los estudios y el aprovechamiento académico, estos no pueden igualar la importancia de las buenas relaciones humanas.

Ser generoso en el elogio y mesurado en la crítica, sin caer en el servilismo, o perder la dignidad, es en una de las mejores estrategias que te ayudarán a alcanzar metas importantes de vida.

No alcanzo a comprender de qué tamaño es el egoísmo o la amargura de algunas personas que no le permiten decir una palabra bonita a modo de elogio a quien a pulso se la ha ganado, ni tampoco comprendo que motivación obscura anima a criticar todo y a todos. Tal vez sean mecanismos de defensa psicológicos, o frustraciones severas las que definen para mal, estas personalidades.

Un elogio honesto hace feliz al que lo expresa y con mayor razón al que lo recibe. Dar en el amplio sentido de la palabra, ayuda sin duda alguna a ser feliz, lo cual es el propósito más importante del vivir.

La crítica sistemática dura, al igual que la mentira, a pesar de que con cierta frecuencia se utiliza, solo debería tolerarse cuando un noble fin social o personal está de por medio. Aun así, con todo y pena les confieso que por lo regular me he apegado a ese exhorto Leonístico antes mencionado, con la franca excepción de que nunca he podido ser mesurado en la crítica con los deshonestos, los corruptos, los perversos o con aquellos que pese a haber demostrado su falta de probidad, son premiados con nuevas oportunidades y cargos, para que, sin tentarse el corazón, nos sigan saqueando y construyendo más miseria.

Mi hermano acentuaba: “también, dejo de ser mesurado en la crítica, con aquellos que, por temor, conveniencia, apatía, ignorancia o necesidad, venden sus consciencias para seguir dándoles poder y representatividad a los de riqueza inexplicable, cinismo extremo y ejemplos claros de las más grandes y ofensivas burlas contra el pueblo.

El ser viejo, en ocasiones es una patente de corso que te anima a decir sin tapujos o sin miedo alguno, lo que piensas o sientes. Sabes que el final del camino está muy cerca y esa idea te da confianza y coraje de joven para intentar ser congruente entre el decir y el hacer.

Bien vale que recuerde un dicho que dice, trata mal para que te quieran bien, o el otro que aplica aquí muy bien, que señala que, en un mundo de corrupción y podredumbre, ser honesto es ser un inadaptado social.

Triste realidad me tocó vivir en mis últimos días. Tal vez siempre haya sido así, pero es hoy cuando tengo tiempo y valor para analizarlo y decirlo con todas sus letras. O será tal vez que mis fuerzas menguadas por el paso del tiempo me hayan hecho más sensible y poco tolerante.

Ojalá mis nietos puedan vivir en un mundo donde no se aplauda a los corruptos, no se reelija a los saqueadores, ni se solapen irregularidades por convenir a los intereses de quienes aspiran a hacer lo mismo. Roban y vuelven v robar, al fin y al cabo, nunca pasa nada, Paco concluía: vuela el tiempo y nuestra frágil consciencia social olvida agravios en las siguientes elecciones, y los volvemos a elegir para seguir dando vida al eterno círculo vicioso que mantiene atrasado al país.

Por mi forma de ser, claridosa y a veces irreverente, tuve muchos amigos sinceros, pero también enemigos acérrimos. Los primeros me cobijaron y ayudaron con respeto y afecto. Los otros se perdieron en el olvido y se cocieron en sus propios jugos. Así es la vida y ésta era la forma de pensar de mi hermano generoso y mesurado, que en paz descanse.

* Medico y autor

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