La individualidad colectiva en un círculo de lectura.

la individualidad

Por: Miguel Alberto Ochoa

En la primera sesión como coordinador del Círculo de lectura del Centro Cultural Tijuana les dije que estar juntos es un acto poético, una forma de resistencia y un manifiesto de individualidad colectiva. Conformado por un grupo heterogéneo de personas, donde la edad, el nivel educativo, el oficio o las afinidades personales no son un pase de entrada, o de salida, el círculo de lectura ya estaba incluido en la escena cultural tijuanense mucho antes de mi llegada. Sin embargo, el reto frente a mí no es coordinarlo, sino identificar, como primer paso, cuáles son las necesidades individuales de cada integrante sin perder de vista la dinámica grupal, sin abandonar esa prioridad: forjar un grupo mucho más unido, empático y lector. Identificar las necesidades individuales de cada integrante, proporcionaría la ruta que el grupo debe seguir.

Leer y comentar. Parecerían las únicas actividades de los círculos de lectura, o de algún club de libros, o cualquier congregación donde la lectura es la celebración social e intelectual. Pero leer y comentar no es lo único. Y nunca lo será. Los círculos de lectura enseñan a sus participantes que la opinión ajena también es importante, que la opinión ajena puede enseñar, que las impresiones de ese otro a tu derecha son tan acertadas como las tuyas. Aunque no se esté de acuerdo. Los círculos de lectura enseñan a levantar la mano antes de hablar, porque sabes que antes de ti, hay otros, y después, también. Un círculo de lectura es mucho más que leer. Exige, sobre todo, empatía. Exige, aunque no parezca, sintetizar los pensamientos en ideas inteligibles: concretar impresiones sobre un libro al que se odia en una opinión bien articulada para que los otros la comprendan. La lectura, en este contexto gregario, es un catalizador cultural en un laboratorio social.

¿Qué es, entonces, un círculo de lectura? La unión de entusiastas de la lectura con deseos de interactuar con otros sobre lo leído. Un momento y un lugar que se presta para que las ideas, totalmente individuales, choquen y se encaren, y frente a frente, al compararse, refuercen su individualidad.
Un círculo de lectura es forjar la humanidad a través de lo que se lee.

Se desea que los integrantes de lectura sean empáticos, pero que expongan sus opiniones más sinceras. Se desea que los integrantes alcen la mano y hablen, pero que, si miran que hay otro interesado en hablar, sinteticen sus pensamientos para darle el paso a otro transeúnte de la lectura. Eso es un círculo, una figura sin lados. Cada integrante está a la misma distancia del centro. Cada uno tiene los mismos derechos que la persona sentada a la izquierda. Un encuentro físico, se convierte en un roce abstracto. Absolutamente consciente de su humanidad y de esas páginas escritas por una persona a la que, en su mayoría, nadie conoce en persona.

Si dos personas hablan de distintos libros, quizá ninguna se meta en problemas al opinar mal o bien de tal libro. Pero si las dos personas leyeron lo mismo, y tienen diferentes versiones de su experiencia al leer, se entenderá ese momento como una fricción intelectual que puede traducirse en una oportunidad de expresar su individualidad mediante una interacción sana y proactiva.

Pero no siempre es así, a veces los que tienen diferentes lecturas se cierran al diálogo, se excluyen de ese lugar donde la lectura une y conecta, los no lectores se exilian, voluntariamente del círculo. Porque el círculo no es un lugar ni de mármol o cemento, ni de carne y hueso, ni habita en nuestros corazones. Uno pasa y está en un círculo de lectura cuando somos uno entre tantos que tienen el derecho de opinar, de expresarse con libertad sobre lo leído. Cuando se está a la misma distancia de estar en lo correcto que los otros compañeros. El círculo puede despedazarse, romperse como estambre, cuando se cree que es el único autorizado para hablar de sobre cierto tema. Y se deja de ser lector, al no leer la individualidad de otro integrante.

A sí no hay círculo, aunque las sillas estén acomodadas en una circunferencia perfecta y las personas estén a la misma distancia unas de las otras. Incluso si el exiliado está sentado en el mismo tipo de sillas. Sí, a un círculo de lectura se llega leyendo, pero se queda si el integrante puede leer la individualidad colectiva, que existe, gracias a sus compañeros.

* Promotor cultural y editor.

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