Algún día, en alguna parte o en NAVIDAD

Por: María Trinidad López Lara

algun dia 2Es difícil precisar cuándo comenzó a celebrarse la Navidad tal cual la conocemos. Lo cierto es que las costumbres, mitos y leyendas que se le fueron sumando a lo largo de los siglos provienen de diferentes países. El espíritu de la Navidad para muchas personas es únicamente un estado de ánimo; pero para otras es el manto protector que envuelve al mundo durante los días que se recuerda el nacimiento del Niño Jesús. Los cuentos de Navidad no son un género literario como tal, pero existe una serie de relatos, principalmente cuentos infantiles y novelas, contados a lo largo de la historia que tienen puntos en común y que podrían englobarse lo que llamamos literatura navideña.

La magia de la Navidad es que un niño pida un deseo y se haga realidad. En esta época las emociones toman protagonismo, para bien o para mal, los reencuentros familiares, de regalos, de esfuerzos económicos y luchas sin cuartel para comprender que también hay seres humanos oscuros, llenos de temor. En algunos casos no se olvida la tristeza por los recuerdos de quien echas de menos por su pérdida o por su lejanía. Con regocijo podemos sentir poco a poco como va llegando el espíritu navideño a nuestros hogares.

Escuchamos hermosos villancicos, celebraciones de posadas y ya podemos ver algunas casas decoradas hermosamente para esperar esta época festiva. Comenzamos con nostalgia a decorar nuestro árbol navideño, y nuestros corazones se agrandan con los hermosos recuerdos de nuestra infancia, la primera navidad de nuestros hijos y nietos, momentos memorables que nunca olvidaremos, es Navidad.

Y surgen los famosos Cuentos de Navidad que son enternecedores y nos muestran magníficas historias en
las cuales se manifiesta el poder que tiene esta época en las personas. Y tan fuerte es ese poder que es capaz de cambiar al más egoísta del mundo para volverlo generoso; al más intransigente para que actúe de forma más permisiva; al más desalmado para hacerle redescubrir su propio hueco en el mundo; y por supuesto, al más desdichado para que acepte la felicidad que surge en su nueva vida.

Hace mucho tiempo, más de cuarenta años, hurgando en casa de mi abuela, me encontré una obra “El Libro de nuestros Hijos” donde la riqueza de su contenido incluía las más bellas fábulas, los más bellos cuentos, los tres grandes reinos de la naturaleza, el universo y la tierra, los caminos del mundo, libros famosos, juegos y pasatiempos y es ahí donde leí “La Reina de las Nieves”, de Hans Christian Andersen, que se encuentra dentro de las 10 mejores historias navideñas de todos los tiempos, aprovechando la época decembrina, se las comparto como un referente de la magia y fantasía de mi niñez.

La reina de las nieves

Un enano maligno había fabricado un espejo mágico que convertía en malos a todos los que en él se miraban; pero el espejo se rompió y sus pedazos se esparcieron por el mundo. Dos de ellos fueron a dar en un balconcito donde jugaban los niños, Gerda y Pedro, y penetraron en los ojos y corazón del muchacho, que desde aquel momento se transformó, de niño bueno, en el más malo de la ciudad. Al llegar el invierno, Pedro iba un día por las calles cubiertas de nieve, montado en su pequeño trineo, cuando vió otro gran trineo blanco, que corría velocísimo.

Enganchó el suyo en él, y de este modo se hizo arrastrar en la carrera vertiginosa, pero vió con terror que el misterioso vehículo salía de las murallas de la ciudad y se lanzaba por los campos. Al fin el trineo se detuvo y de él descendió La Reina de las Nieves, completamente vestida de blanco, que se inclinó hacia el niño y lo besó. Al sentir aquel beso, Pedro se quedó dormido. El hada lo tomó en brazos y lo llevó a su lejano país.

algun diaMientras tanto, los días pasaban y Gerda esperaba en vano a Pedro, que no regresaba. Por fin, decidió ir a buscarlo por el mundo. Se fue al río y subió en una barquilla y se dejó arrastrar por la corriente. La embarcación, después de mucho navegar, se detuvo ante un jardín lleno de flores, donde había una vieja que acogió cariñosamente a la pequeña Gerda y la condujo a una caita hecha de vidrios de colores. Allí, la peinó con un peine mágico, y enseguida, la niña lo olvidó todo y se quedó en e jardín encantado, donde vivió feliz.

Un día, sin embargo, vió unas rosas que le recordaron el rosal plantado por ella y Pedro en el balconcito de su casa, y de ese modo, volvió también a su mente el recuerdo del amigo desaparecido. Resuelta a encontrarlo a todo trance, huyó por el bosque y caminó mucho sin cansarse, hasta que encontró a otra niña que habitaba en una casa medio en ruinas.

Esta al oír la historia de Gerda, quiso ayudarle y la llevó a su casa, donde preguntó a los palomos posados en el techo si sabían algo de Pedro. Sí contestaron éstos. Lo llevó consigo La Reina de las Nieves. Entonces, la niña del bosque le dio un magnífico reno que tenía hacía tiempo y le dijo: Te devuelvo la libertad, pero a cambio de esto, lleva a esta amiga mía al palacio de la Reina de las Nieves, que está en tu país. Después ayudó a Gerda a subir sobre el lomo de la bestia, que salió corriendo. Atravesaron campos, bosques, pantanos, y por fin, llegaron a Finlandia, donde estaba situado el castillo del hada, y el reno hizo bajar a la niña en el jardín.

Al quedarse sola, Gerda vió caer a su alrededor grandes copos de nieve, que se agolparon tratando de ahogarla; pero la niña oró con fervor y pronto el ambiente se despejó en torno de ella. Entonces,, entró en el palacio, donde encontró a Pedro, que estaba solo y no la reconoció. Gerda lo abrazó llorando y sus lágrimas, al penetrar hasta el corazón del niño, hicieron salir el fragmento de espejo que se había introducido en él. También Pedro lloró, y así salió también el otro fragmento que había penetrado en sus ojos. El niño reconoció enseguida a su pequeña amiga y huyó en ella de aquella fría cárcel. El reno esperaba afuera para llevarlos a su país.

Éste es uno de los relatos más conocidos del autor citado, ya que muchos cuentos actuales se han inspirado en esta historia. En estas fechas de amor llena de generosidad hay que creer en los otros, en aquellas personas con las que compartimos cada día, hay que creer en nosotros mismos, ya que creer en la persona que somos, en la persona que nos hemos convertido, creemos en los sueños, magia, aspiraciones, fantasías y deseos. Y por sobre todo, creemos en una Feliz Navidad, para nuestra familia y nuestros hijos.

Para mis niños y niñas de la familia .
Navidad, la magia de generación en generación.

* Catedrática Universidad Autónoma de Sinaloa

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