Un hombre sonorense de teatro. Luis Enrique García

N. de R.

El autor tiene un conocimiento profundo de la historia del teatro universal gracias a su trabajo de docente en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Sonora, ejercicio que inicio impartiendo la materia de Historia del Teatro en la Academia de Arte Dramático y que continuó con la apertura de la Licenciatura en Artes de la misma institución como titular de asignaturas del programa: Historia del Teatro, Historia de los Espacios Escénicos y Análisis de Textos Dramáticos. La práctica docente le ha obligado, no sólo a consultar y revisar continuamente textos y otras fuentes portadoras de información, sino a escribir sus propios manuales: Memoria Teatral de la Universidad de Sonora. Siete notas para Bellas Artes, Memoria gráfica del teatro universitario (1954-2004) y Diálogos para mirar.

Prólogo de “Antecedentes del Teatro en Sonora, 1850-1910”. Óscar Carrizosa Hernández, Universidad de Sonora 2009.

Desde los primeros días de la 4ª etapa de La Voz del Norte, la propuesta que se ha solidificado, fue realizar una publicación cultural que diera realce a los procesos de la cultura nacional y más allá de las fronteras. Así llegamos a la edición No. 108, gracias a los lectores patrocinadores y colaboradores: El periódico se distribuye a lo largo y ancho del país cubriendo la información sobre personajes, hechos, obras que enorgullecen la tarea cultural que se realiza sin desmayos. Hoy nos toca escribir sobre un hombre sonorense de teatro. Luis Enrique García, escritor, actor, historiador, director, maestro de teatro, nacido en Hermosillo, en la década de los 40 del siglo XX. Luis es viejo amigo del semanario mocoritense y desde luego es un placer que haya aceptado platicar con nosotros, en una charla reciente, llevada a cabo en las instalaciones de la UNISON.

Pregunta La Voz del Norte.- ¿Como definirías Luis Enrique el teatro en Sonora?

R.- Su origen se encuentra en tiempos de la conquista, creo que ochenta o noventa años después de la conquista en Mesoamérica, a esta zona geográfica lo traen los frailes que pusieron orden o desorden educativo de acuerdo al ángulo que se vea. Pienso que en estos ayeres tuvo claros tintes religiosos y a diferencia de la etapa precolombina, donde la actividad teatral fue con carácter ceremonial y estuvo íntimamente ligada a la danza y a la música –hoy lo clasificaríamos como arte interdisciplinario–, en los tiempos coloniales se constituyó como instrumentos para catequizar y colonizar culturalmente a las naciones o etnias que habitaban lo que hoy es el Estado de Sonora, ¡claro¡ con vertientes definidas por los misioneros: Enseñanza de la religión y la moral cristiana, enseñanza del idioma de los conquistadores y asignaturas básicas, aplicación de técnicas de productividad, aplicación y estímulo de medios estéticos en la enseñanza. En el libro “Antecedentes del Teatro en Sonora” de mi autoría, en el capitulo: Antecedentes nacionales. Ojeada sobre el teatro de la Colonia, cito:“El teatro llegado a la Nueva España por la vía de los frailes que arribaron con Cortes, funcionó como recurso didáctico en las escuelas de las primeras letras y del evangelio, prueba de la fuerza comunicadora de los medios dramáticos. Con el ejercicio de distintas actividades, los indígenas mostraron un alto sentido de las representaciones dramáticas, por lo que fue recurso practico para los españoles aprovechar la inclinación de los nativos y abreviar las dificultades de la educación.” Experiencia que como comprenderán se repitió en territorio sonorense.

“…El teatro no es, por tanto, un juego de simple habilidad. Como la gran mayoría de las actividades humanas, requiere de la enseñanza o capacitación que lleve a los actores y demás gente del espectáculo más allá del entusiasmo, de las facultades o las simples ganas.”

“Antecedentes del teatro en Sonora 1850- 1910” L. E. G. UNISON 2009.

Pregunta ¿Y la etapa teatral del México Independiente en Sonora?

R.- Algunos años más tarde de la mitad del siglo XIX, las compañías teatrales empezaron sus recorridos; Arizpe, Ures, Álamos, Guaymas, tuvieron actividad de lo que podemos considerar teatro profano, en espacio al aire libre y una posibilidad es que el Teatro de carreta o trashumante con motivo del descubrimiento de oro en California EE. UU, bajara a Sonora, no existen muchos indicios, pero es una hipótesis a la que he dedicado tiempo de investigación.

P.- ¿Y la contemporánea?

R.- En 1924, Eduardo A. Carillo, dramaturgo sonorense, escribió un drama titulado: “El proceso de Aurelio Pompa” sobre el proceso y la injusta muerte en la horca del caborquense ajusticiado en Los Ángeles Ca., acusado de tomar justicia por su propia mano contra la violencia ejercida contra Aurelio por un capataz racista. Carrillo lo representó el 24 de julio de ese año en el Teatro Hidalgo de la ciudad californiana; la obra teatral desarrollada en la estructura de un prólogo, tres actos y un epílogo, es una de las raras avis de la dramaturgia sonorense, y más si se toma en cuenta la época señalada para este trabajo, Ahí comienza la etapa contemporánea.

En la trayectoria profesional de García ha escrito (entre otras) obras teatrales: “Las cuerdas”, “La señal”, “La palabra”, “Diálogos para mirar”; es licenciado en Artes Escénicas, actor, maestro de la UNISON y como estudioso reconoce que la gestación de la Academia de Arte Dramático de la Universidad de Sonora en 1997, es un momento fundamental que marca el presente y el futuro teatral de Sonora, autor de los libros citados y de “Sonora el teatro de la Revolución en los años cincuenta”, publicado por su Alma Mater en 2011, sonríe cuando le contamos que sus libros se encuentran en la biblioteca del Centro Cultural Doctor José Ley Domínguez, en Mocorito, Sinaloa y que los amantes del teatro y la literatura lo consultan con fervor.

En el cuaderno se quedó parte de la platica con el autor e investigador hermosillense, en siguientes entregas continuaremos con la charla que enriquece a La Voz del Norte y que permite tener en nuestras paginas a Luis Enrique García, un hombre sonorense de teatro.

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