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LOS CEMENTERIOS EN SINALOA

Por domingo 15 de noviembre de 2020 Sin Comentarios

JUAN SALVADOR AVILÉS OCHOA

En cada una de las tumbas hay una historia de vida, y en el conjunto de esas historias está la historia de cada ciudad, de cada comunidad. Al escribir sobre los panteones hacemos un recuento de esas personas, y por tanto de los pueblos.

Los símbolos y elementos mortuorios de los cementerios son un lenguaje que contiene el pasado de los pueblos. Los camposantos decimonónicos, como el Reforma de Mocorito, más allá de cumplir su función son un archivo histórico, cultural, arquitectónico y artístico de libre acceso.

Es una forma de preservar la memoria colectiva y de hacer llegar a los jóvenes la narración de las vidas de aquellos hombres y mujeres que formaron parte de nuestra comunidad. Escribir las historias que hay en los panteones es fomentar el amor al terruño.

A pesar de que en muchos municipios hay un reglamento de panteones, en la práctica, son pocos los que tienen un registro actualizado sobre cuantas tumbas hay y a quienes pertenecen. En algunos ni siquiera hay un registro de ingresos por concepto de venta de terrenos. En realidad, no solo en Sinaloa, hay una desorganización en cuanto a lo que pasa en los panteones municipales, dándose el caso de que constantemente se venden tumbas de valor histórico y se destruyen para utilizar de nuevo los terrenos. Por lo tanto, es de gran importancia para la transparencia de los gobiernos municipales el llevar un registro real de lo que ocurre en sus cementerios.

Debido a la situación anterior, la destrucción de monumentos funerarios con valor histórico y artístico, se lleva a cabo de una manera impune, es por eso que contar con un catalogo de tumbas es una forma de preservar esos monumentos y la memoria de los viejos habitantes de cada ciudad, ya que actualmente en los panteones privados, existe una tendencia a uniformar los sepulcros, son como los fraccionamientos donde todas las casas son iguales, hechas en serie y donde el propietario tiene prohibido hacer cambios o diferenciarse de otras. Incluso está de moda incinerar al difunto y colocar sus cenizas en un nicho, una costumbre ajena a nuestra idiosincrasia y acentuada en los últimos meses por efectos de la pandemia, y que despersonaliza totalmente el recuerdo de las personas que ahí tienen su última morada.

Existen muchos panteones que son famosos en el mundo y a los cuales asisten miles de personas a visitarlos. En Sinaloa tenemos panteones que pueden ser atractivos turísticos. El panteón San Juan de Culiacán, el panteón antiguo de Mazatlán, el panteón español de El Rosario, el panteón de Sinaloa de Leyva, el panteón municipal y el panteón privado de la familia Orrantia y Sarmiento de El Fuerte, el de Concordia, el de Copala y, desde luego, el Reforma de Mocorito, entre otros.

El rescate cultural de los cementerios se debe fortalecer a partir del entendimiento de la fortaleza de la festividad del Día de Muertos, por lo que es impostergable llevar a cabo un programa de dignificación de los panteones municipales en Sinaloa.

Cientos de tumbas son los huéspedes del panteón de Mocorito. Aquí algunas de ellas se conservan casi intactas, algunas de las más antiguas están a punto de desaparecer ante la indiferencia de autoridades y sociedad. Otras más lucen un prolongado abandono. La vegetación ha resquebrajado sus lápidas e incluso se han borrado los nombres de los difuntos.

En el decreto municipal número 14 emitido el 28 de mayo de 2004 sobre la protección del patrimonio histórico de la ciudad de Mocorito, incluye un espacio de 1.4 hectáreas, un cuadrado de 120 metros, del panteón Reforma, donde están incluidas 83 tumbas consideradas como obras arquitectónicas relevantes construidas desde mediados del siglo XIX (1867) y principios del siglo XX (1936), incluida la tumba localizada fuera de su terreno, en las que se combinan diversas manifestaciones arquitectónicas de dicha etapa histórica.

La responsabilidad de la protección y salvaguardia de los espacios funerarios recae en los ayuntamientos que los administran, así como en las autoridades estatales y federales encargadas de velar por el patrimonio histórico, también en los estudiosos capaces de recabar y aportar el conocimiento necesario para su cabal valoración y preservación, por ello las instituciones públicas encargadas de velar por ellos, deben llevar a cabo un proyecto para rescatarlos, restaurarlos y darles su importancia, de no hacer algo, más temprano que tarde estos cementerios desaparecerán o se transformaran. Por ello, urge preservarlos porque son parte fundamental de nuestra identidad y patrimonio cultural.

En Mocorito, sociedad y gobierno, tenemos tarea…

Cronista y presidente de la corresponsalía en Mocorito del
Seminario de Cultura Mexicana

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