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ALFONSO M. GRAJALES GÓMEZ 1910-1989

Por domingo 15 de noviembre de 2020 Sin Comentarios

SOFÍA MIRELES GAVITO

Don Alfonso M. Grajales Gómez, destacado periodista, y cuentista. Nació en la ciudad de Chiapa de Corzo el 5 de mayo de 1910. Sus estudios primarios los realizó en distintas ciudades del estado de Chiapas, como Arriaga, Tonalá y Tuxtla Gutiérrez; la secundaria la hizo en la Escuela Preparatoria y Normal Mixta. En 1930 se trasladó a la ciudad de México e ingresó a la Facultad de Comercio de la UNAM para estudiar la carrera de Contador Público Auditor, retornó a Tuxtla Gutiérrez en 1933, sin terminar la carrera. Pero por los acontecimientos políticos de lo época lo absorbieron y organizó el grupo de “Jóvenes Socialistas Chiapanecos”, editando de paso el periódico La Chispa que publicó desde 1935 con breves interrupciones, hasta 1948, donde se convierte en defensor de los ideales revolucionarios. Desde la Liga Nacional Campesina “Ursulo Galván” y la “La Casa del Pueblo”, defiende la política agraria, la emancipación obrera y se adhiere a la tesis nacionalista del Gral. Lázaro Cárdenas, del que fue amigo. En 1948, su hermano Gervasio comenzó a editar el Diario Popular “ES” (periódico que hasta la fecha se publica en Tuxtla Gutiérrez. En 1943 editó el semanario Adelante en la ciudad de Huixtla, Chiapas.

El 11 de agosto de 1952, inició junto con su hermano Gervasio, la publicación del diario El Sol del Soconusco en la ciudad de Tapachula; y el 3 de agosto de 1958, inició la edición del diario Sotavento en Coatzacoalcos, Veracruz.

A Don Alfonso Grajales lo conocí cuando vivía en Tapachula; ya que la casa de mis padres estaba al lado del local donde hacían el periódico El Sol del Soconusco, en la 2ª. Sur, entre la 2ª y 4a. Poniente. Don Alfonso Grajales vivía ahí mismo con su esposa Doña Josefina Martínez Rojas. Ellos fueron padrinos de bautismo de mi hermana Blanca Elena, haciéndose compadres. Mi padre colaboró con el periódico con algunos artículos culturales y de reflexión. Después, cuando el Señor Alfonso Grajales se fue a vivir a la ciudad de México, se vieron en algunas ocasiones a platicar de los tiempos cuando vivieron en la ciudad tropical de Tapachula.

Desde 1928 comenzó a escribir artículos de fondo y algunos cuentos cortos que le publicaron en periódicos locales y en diarios nacionales, como El Nacional, y la revista El Ilustrado de El Universal. La recopilación del material de sus cuentos se publicó en su libro La Juyenda Inútil, que resultó premiado con el 2º. Lugar en el Concurso Nacional convocado por el PRI en 1939, y publicado en la Editorial Katún en 1986.

En los últimos años se dedicó por entero al periodismo, como director de El Sol de Soconusco y Diario Sotavento. Radicó en Coatzacoalcos, Veracruz; y a partir de 1985 en la Cd. de México.

Murió el 20 de Junio de 1989 en la Cd. de México a causa de un infarto al corazón.

Nos comenta el escritor José Casahonda Castillo que Alfonso M. Grajales fue un luchador social desde su juventud; utilizó la pluma como herramienta político-social, pues desde 1929 escribió artículos y narraciones que hablaban de la explotación de los indios, del desempleo; se percató que en Chiapas prevalecía la hacienda como base de una estructura de explotación de los peones. También nos dice que el cuento “Juyenda Inútil” es uno de los mejores cuentos escritos en Chiapas en el siglo XX. En este cuento, Alfonso Grajales narra las inquietudes y sacrificios del indio chamula nombrado Pedro Lópiz Checheb. Este cuento doloroso y desesperado es la historia de la frustración de un grupo social que en los Altos de Chiapas vive cultivando una tierra cansada, ingrata, que no da más porque está seca. Narra la explotación del indio por los enganchadores, quienes los llevaban a trabajar a las fincas cafetaleras del Soconusco, donde eran maltratados y esclavizados en el trabajo de la pizca, del lavado y tendido del café. Nos describe las tiendas de raya, las galeras donde dormían todos apretujados, etc. Es un cuento desgarrador que describe la vida del indio chamula en la primera mitad del siglo XX.

Les doy una muestra de su narrativa con este pequeño fragmento donde describe lo que era el mercado en la ciudad de San Cristóbal: “La vieja plaza que se abre frente a la vetusta iglesia, haciendo ángulo con el arcaico cabildo que es el asiento de las autoridades políticas de la comarca, se encontraba atestada de indígenas que semejaban un hormiguero en plena efervescencia. Todos eran tzotziles de tez obscura, cuerpo recio e indumento muy pobre. Calladamente deambulaban por la amplia plaza del pueblo efectuando transacciones, ya de venta o bien de compra, siempre silenciosos, cargando en bandolera una red con sus mercaderías o llevando a cuestas un garlo repleto de frutas, trastos de barro o gallinas y huevos. En su lengua nativa regateaban y discutían sus operaciones, casi con monosílabos o cuando más, se les oía un cuchicheo”.

Cronista de Tonalá, Chiapas.

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