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OMBLIGOS

Por miércoles 30 de septiembre de 2020 Sin Comentarios

CARLOS VARELA NÁJERA

La experiencia analítica misma enseña cuán extraño es lo que tiene lugar en la familia. Allí tenemos esos temas edípicos que algunos consideran trillados. En un análisis efectivo podemos acompañar esa transformación que va de la familiaridad con la familia al surgimiento de lo que en ella se revela extraño –allí no estábamos como en casa, sino que estábamos en relación con lo más extraño. La vieja acusación de familiarismo dirigida contra la teoría de Freud no resiste ni un segundo en el nivel de la experiencia tal como es, ya que la familia es el marco en el que se experimenta ese viraje de lo familiar a lo extraño. (Jacques Alain Miller, en Causa y consentimiento, 2019.)

Gerardo Arenas en su texto Ombligos rompe y debate la pertinencia del término “Padre”, donde ya no es posible sostener “hágase tu voluntad”, sino que el padre es contrariado, dice Arenas “Habría que centrar mejor lo que podemos exigir de la función del padre”. De tal suerte que Gerardo evita todo prejuicio familiarista, y debate los supuestos que sobre esto se generan, abre el debate de manera muy incisiva, se puede decir que, de esta lectura depende el tipo de razonamiento con el cual volvamos a ver al padre ya lo familiar, es un texto que noquea las ideologías conservadoras que sobre lo familiar se sostienen.

Hoy es difícil responder ¿qué es un padre?¿qué es una madre? En el texto de Ombligos, Gerardo hace alusión a Miller en lo tocante a la siguiente expresión “Lacan, profesor de deseo”, abre la pauta para reflexionar que “los partidarios del padre desfilan por las calles en nombre de la tradición. [Pero el] psicoanalista no tiene vocación de hacerse guardián del antiguo orden”.

El psicoanálisis en los debates culturales de nuestra época, no deja de discutir la función paterna, donde sobre el padre, menciona Arenas, se debe hacer una operación de desbricolaje, esto quiere decir que los términos padre y madre perdieron la connotación natural de antaño, e incluso dejó de ser obvio que la pareja parental haya de ser heterosexual… ¡y esto cuando tal pareja existe!, el pensamiento conservador se iría con todo el cuerpo hacia nuestro querido amigo, por que rompe lo umbilical que sostiene ideológicamente la pureza de la sagrada familia, ya Freud desmanteló la evidencia biológica de la maternidad, hoy lo humano coloca al padre en fuga, esto hace crisis puesto que existen maestrías academicistas sobre la familia, y su constitución natural, Gerardo le da a eso una voltereta y nos deja colgados de un hilo frente a las nuevas lecturas lógicas de estos supuestos. De igual modo Gerardo da un zarpazo, a lo materno, y a sus modos de crianza, dejándonos sin el Jesús en la boca ¿por qué seguir llamándolo materno? ¡mejor digamos la metáfora del deseo del Otro! Retomemos, entonces: cuando hay que nombrar aquello que opera la metáfora del deseo del Otro, ¿no es forzado (y hasta segregativo) introducir el término padre?

Padre y Madre son vaciados de sentido, menciona nuestro autor, servirán solamente para dar un sentido de referencia sin ser necesariamente dilucidados en su origen, ya que padre y madre no es muy seguro qué es eso.

Arenas toma la serie televisiva de familia moderna, para ubicar la complejidad que encierra esto, donde en esa serie se enfrenta el problema de la crianza, “Esta niña, incuestionable paradigma de los vástagos de familias homoparentales, presenta todos los caracteres que la teoría atribuye a quienes han construido una metáfora paterna lograda. ¿Significa esto que algún miembro de la pareja parental deba ser considerado madre, y el otro, padre? En caso de que uno fuese madre, ¿debe por ello (o para ello) estar en una posición femenina con respecto a su partenaire y a su propio modo de gozar del sexo? ¿Es posible que M remita a dos personas?

¿Qué es lo que ha operado como P para la niña? Las preguntas relevantes y pertinentes se multiplican. Esto pone de manifiesto que, así como dos mil quinientos años después de Sófocles el complejo de Edipo ya no puede seguir siendo lo que era. Esta posición subversiva que nos lanza Gerardo, es un boomerang que pone al Edipo en una posición incómoda, planteando una revisión a este constructo cultural que es un sostenimiento de lo que queda de psicologismo del psicoanálisis.

Gerardo menciona que Lacan atribuye al padre la función libidinal, despejada por Freud, de incidir en la economía de los modos de gozar, de la familia y, sobre todo, en la de la relación, madre-hijo, o madre-hija. Gerardo, navega rastreando lo posible de sostener en la práctica de la orientación lacaniana, pero mueve las aguas enturbiando la supuesta claridad del todo que creemos sostener.

Doctor en Educación y Lic. en Psicología

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