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IDENTIDADES DE CULIACÁN

Por miércoles 30 de septiembre de 2020 Sin Comentarios

GILBERTO J. LÓPEZ ALANÍS

La villa de San Miguel de Culiacán se fundó en 1531, el mismo año en que apareció la virgen de Guadalupe; el contexto de esta fundación es de extrema violencia, debido a la oposición que manifestaron los grupos nativos, en todo Mesoamérica.

La población indígena asentada a lo largo de los ríos Humaya y Tamazula de la sierra al mar, había mantenido una especial relación con la naturaleza, la cual se trastocó en función de otra forma de aprovechar los recursos naturales. En el nuevo mundo del venado y la pitaya,se instaló una agricultura con otros productos y formas de consumo; la ganadería generó actividades productivas que produjeron alimentos apetecidos por todos y la minería necesitó mano de obra sojuzgada; estas actividades generaron un modelo productivo que las integró en la larga duración.

Las encomiendas y servicios personales autorizados por la corona española, fueron un terrible peso en la sobrevivencia indígena, desde entonces y durante cientos de años. Extensas jornadas de trabajo, pago de tributo, expulsión de las mejores tierras, dominio territorial en varios ecosistemas, relaciones íntimas forzadas, imposición de instituciones españolas en los nuevos territorios ocupados, generaron un sistema de opresión que fructificó en castas que se sintieron superiores a los productores directos de las mercancías de ese tiempo.

Ninguna identidad cultural pudo establecerse para el nuevo habitante del valle, sólo la derivada de intereses concretos en la ocupación territorial y el usufructo de lo producido, acompañados de los imaginarios enraizados en lo más profundo.

Estaba naciendo otra historia, montada ésta, en el silencio de la nativa, la cual tuvo que subsumirse en un mestizaje cultural que resaltó figuras criollas o peninsulares adaptadas a las nuevas condiciones, que resaltaron las figuras de Tovar y su hijo el mártir jesuita Hernando de Tovar; también los alcaldes mayores como don Pedro de Tovar y el SJ. Hernando de Santarén, que se instalaba en la parroquia a seguir los casos de la Santa Inquisición en la villa. En otro extremo, quedó la presencia de Ayapin, dirigente indígena que pereció descuartizado en la plaza de armas por órdenes de Francisco Vázquez de Coronado, Gobernador de la incipiente Nueva Galicia.

La identidad cultural de los culiacanenses se ha gestado en una larga lucha por mantener originalidades libres de manipulación. Podemos decir que la identidad a que se alude, surge a través de las fusiones de lo indígena y lo español, a partir de la necesaria unión ante las rebeliones nativas que atacaron a presidios y villas de españoles.

Una identidad más sustantiva surgió en la intimidad del hogar en la confección de nuevas combinaciones alimenticias y bebidas espirituosas, como el tejuino o destilados caseros clandestinos que dieron origen a bebidas de mayor contenido etílico.

En lo social las fusiones de bailes e interpretaciones musicales, que muchas veces fueron sancionadas como irreverentes por los ministros de la iglesia católica, o practicando rituales adivinatorios prohibidos tanto de naturales como de españoles. Ni que decir de la institución del compadrazgo a través de las ceremonias de bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios regenteados por la curia católica y sus consabidas remuneraciones.

La identidad cultural como proceso, necesita de adecuadas conceptualizaciones sustentadas en valoraciones objetivas y subjetivas a través de indicios que se visualizan en la abundante producción historiográfica de la entidad y la consulta de archivos.

Los íconos de la villa y hoy ciudad capital de la entidad, con San Miguel Arcángel mirando hacia el mar, se fraguaron en la acumulación de una riqueza que se puso al servicio de los detentadores del poder, tal es el caso de la antigua parroquia transformada en la actual catedral de Nuestra Señora del Rosario, con los templos de Imala y Quilá, sumando el más actual, el templo de la Lomita.

La primera traza de la villa de San Miguel, con sus destinos urbanos, dieron origen a los portales, bordeándo la plaza de armas, además las casas consistoriales, mercados, panteones, rastros y acceso del camino real, todo teniendo como referente a los ríos para el suministro del vital líquido, aparte de las edificaciones al servicio de la educación y el confinamiento de los violadores de la ley. En esta tendencia se ubicó el Seminario Conciliar de Sonora y Sinaloa, hoy palacio Municipal, sin olvidar el Hospital del Carmen y las factorías agroindustriales del Coloso de Rodas y el ingenio azucarero de La Aurora.Después con el segundo espacio público a partir de la plazuela Rosales, donde se exaltó la lucha por la soberanía nacional contra la intervención francesa, en 1864.

Signo de identidad muy destacado y cada vez más tenue, fue la obra del Arq. Luis F. Molina, que le dio a la ciudad íconos edificados como la propia Plazuela Rosales; Teatro Apolo; Palacio de Gobierno, Puente Cañedo, Boulevard 2 de abril, Edificio del Colegio Rosales y el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, edificio del actual Museo de Arte Moderno de Sinaloa (MASIN), en el siglo XIX.

Con singular presencia en el siglo XX, siguen vigentes el Centro Cívico Constitución, el Parque Revolución y el conjunto cultural y deportivo Culiacán 87, a los que se une el Parque las Riveras y la monumental hasta bandera en la confluencia de los ríos Humaya y Tamazula. Otro espacio cultural que reúne y representa una alternativa cultural es el integrado por la Ciudad Universitaria, Jardín Botánico y Centro de Ciencias, hoy remodelado.

La presencia del agua para la producción agrícola ha tenido varias manifestaciones históricas, desde el aprovechamiento de escurrimientos libres de arroyos y ríos, o los dominados en grandes obras de infraestructura hidráulica con canales, como el Francisco Cañedo o Antonio Rosales, hasta llegar a las presas Sanalona, Adolfo López Mateos y Vinoramas, que dieron origen y sustento a sistemas de riego que hoy se administran por los productores y CONAGUA.

Los íconos culturales representados por el Gral. Antonio Rosales, los doctores Ramón Ponce de León, Ruperto L. Paliza, Ignacio Praslow, Bernardo J. Gastélum; Arq. Luis F. Molina, Jesús “Chuy” Andrade, José Limón, Genaro Estrada Félix, Jesús Malverde, Veneranda Bátiz Paredes, Clarita de la Rocha, Juan M. Banderas, Ramón F. Iturbe, Gustavo Garmendia Villafaña, Anastasia Velázquez Vda. de Leyva, Lupita la Novia de Culiacán, Jorge Tyler (el venado del Ballet Folklórico de México), Enrique (Guacho) Félix Castro, Alejandro Hernández Tyler, Francisco Verdugo Falques, Rodolfo Monjaraz Buelna, Gonzalo M. Armienta Calderón, Juan Pablo Sainz Aguilar, Amparo Ochoa, Enrique Sánchez Alonso (El Negrumo), Antonio Nakayama Arce, El Locho Guerra, Herberto Sinagawa Montoya, Antonio Pineda “Toñico”, José María Figueroa Díaz, Juan de Dios Bátiz Paredes, Román R. Millán Maldonado, Roberto Hernández Rodríguez, Natalio Landeros (el Indio Eterno), Mariano Romero, Alicia Romero, Manuel y Jesús Lazcano Ochoa, Luz López Meza, Inés Arredondo, Juan Macedo López, Oscar Liera, Carlos Murillo Depraetc, Josefina Rayas Aldana; Dora Josefina Ayala Castro, Inga Pawels Roe, Roberto (Pito) Pérez, Manuel Clohutier del Rincón, Mago de Corona, Pachuco Villa, Vita Podesta, Alicia Montaño Villalobos, Gilillo Villareal, Tomás Piyuyo Arroyo, Carolina Bazúa, Elsie Cota, Lidia Manjarrez Garay, Manuel “Chino” Flores, Norma Corona, Delia V. de Arozamena, Agustín D’ Valdez, Germán Benítez, Rina Cuéllar Zazueta, el Chino Billetero, Irma Garmendia Bazúa, Adrian García Cortés, Fausto Burgueño Lomelí, Liberato Terán Olguín, Techa Zazueta, Meche Murillo Monge, la Güera de las Enchiladas del Suelo, Miguel Esparza Blancas, Ito Contreras, y muchos más que sería prolífico mencionar.

En lo deportivo, la construcción del estadio Universitario en los años veintes del siglo XX a cargo del Ing. Eliseo Layzaola Salazar y el estadio Ángel Flores hoy modernizado, sumando a estos centros el estadio de futbol del equipo de futbol Los dorados, que originalmente se llamó Carlos González y González.Culiacán siempre ha sido una centralidad del valle que ha recibido muchas influencias culturales, a través del puerto de Altata, el cual culturalmente sigue unido al imaginario culiacanense. En este sentido están El dorado, Quilá, San Lorenzo, y Costa Rica, junto con la hacienda de Nuestra Señora de las Angustias (Pericos).

La presencia de minorías étnicas de origen extranjero y otras del país, se han integrado con suma facilidad generando una convivencia agradable y productiva, las cuales han trascendido notablemente; tal es el caso de la presencia de comunidades de alemanes, italianos, españoles, japoneses, griegos y chinos, con sus aportaciones muy localizadas, sin olvidar la presencia cultural de migrantes de Durango, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Sonora y otros estados de la república.

Finalmente una identidad de íntima permanencia en el ciudadano, es el paisaje y Culiacán los tiene; todo es cuestión de ubicarse en el lugar adecuado para admirarlos: por ejemplo desde el mirador del templo de La Lomita, se admira mucho de la ciudad; otra faceta del paisaje culichi es el observado desde el Cerro de la Chiva o de los suaves lomeríos que bordean la ciudad. Otros paisajes lo constituyen los amaneceres del valle o los costeros y playas en sus luminosos amaneceres y dorados atardeceres que llevamos en la memoria y que heredamos en nuestras remembranzas cuando estamos fuera o lo trasmitimos de viva voz.

Finalmente una identidad de íntima permanencia en el ciudadano, es el paisaje y Culiacán los tiene; todo es cuestión de ubicarse en el lugar adecuado para admirarlos: por ejemplo desde el mirador del templo de La Lomita, se admira mucho de la ciudad; otra faceta del paisaje culichi es el observado desde el Cerro de la Chiva o de los suaves lomeríos que bordean la ciudad. Otros paisajes lo constituyen los amaneceres del valle o los costeros y playas en sus luminosos amaneceres y dorados atardeceres que llevamos en la memoria y que heredamos en nuestras remembranzas cuando estamos fuera o lo trasmitimos de viva voz.

Director del Archivo Histórico de Sinaloa

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