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FORMACIÓN ARTÍSTICA DE LUIS FELIPE MOLINA

Por martes 15 de septiembre de 2020 Sin Comentarios

SERGIO UZÁRRAGA ACOSTA

Hijo de José Molina y de Luz Rodríguez de Molina, Luis Felipe Molina nació el 13 de septiembre de 1864 en el pueblo de Ozumbilla, municipalidad de Tecámac, estado de México. Las primeras letras las aprendió, a la edad de cuatro años, del señor Agustín Flores, y después sus padres lo llevaron a la escuela que estaba en la sacristía de la iglesia del pueblo, en donde le enseñaron a sumar, restar, multiplicar y dividir. Ya casi a punto de cumplir los siete años, su papá lo internó en un colegio particular, ubicado en Otumba y dirigido por el ingeniero Antonio Palafox, en donde tuvo de condiscípulos a José Oropeza, a Norberto Carrasco y a Gonzalo Carrasco. Su formación la continuó, después, en su casa de Ozumbilla, en donde su padre lo hizo estudiar y escribir “planas,” además que lo mandó a hacer un columpio, un subeibaja, y le pidió que colocara argollas y barras para que practicara la gimnasia.

Como su papá adquirió el rancho de Copilco, en las inmediaciones de San Ángel y el Distrito Federal, se cambiaron a vivir para allá. El rancho en esos terrenos cubiertos de piedras volcánicas, estaba descuidado. Su papá, buscando la superación de su hijo, lo llevó a estudiar a la ciudad de México. Lo inscribió en la escuela de Betlemitas, en donde, al parecer de Luis Felipe Molina, aprendió muy poco. En seguida lo pasó a una escuela primaria de gobierno, ubicada en el piso bajo del Hospital de Terceros, edificio colonial que, según opinión de Luis Felipe Molina, era de muy bellas proporciones y con un patio hermoso. La capilla estaba adaptada a salón de gimnasia, y contaba con barras, trapecios, argollas y muchas cosas más destinadas al desarrollo de ejercicios físicos. El profesor de gimnasia era Joaquín Noreña, que también era el director del plantel. En esta institución educativa Luis Felipe Molina permaneció un año, y después, cuando tenía entre diez u once años, aparte de tener como profesor particular al señor Julián Díaz de Herrera pasó a estudiar en la escuela de San Ángel. Esta escuela era también de dos pisos. En la parte alta estaban los hombres y en la baja las mujeres. Como el piso intermedio estaba formado por tablones muy gastados, tenía muchas aberturas por las cuales podían ver a las niñas que estaban en el piso de abajo. También en San Ángel, en la Plaza del Carmen, había un colegio particular dirigido por un señor llamado Agustín Cuenca y Guerrero en donde Luis Felipe Molina estudió en seguida, y después volvió a la institución educativa anterior.

Terminados esos estudios Luis Felipe Molina se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria, ubicada en calle de San Ildefonso. Ahí comenzó a cursar la primera fase de su carrera, inclinándose, desde este nivel educativo, hacia la ingeniería. Era la carrera que tenía más a la vista porque su padre, aunque no era ingeniero, realizaba trabajos de esa naturaleza, y debido a eso, y además porque tenía tíos ingenieros, escogió esos estudios. Uno de sus tíos fue Ignacio Molina, que estudió en el Colegio Militar, y otro, que era ingeniero civil y arquitecto, fue Mariano Téllez Pizarro. En este tiempo, además, vivió en casa del ingeniero Antonio Linares, ubicada en calle de las Artes (actual del Ayuntamiento), próxima al templo de San José, y este ambiente también lo inclinó hacia la ingeniería. La casa le quedaba cerca de la escuela, y se la pasó a gusto porque ahí se acopló a Antonio Linares (hijo), que fue su condiscípulo. El director de la Escuela Nacional Preparatoria era el profesor Alfonso Herrera, y el secretario era el señor Miguel Cordero. Su profesor de química fue el doctor Juan María Rodríguez, y el preparador era don Andrés Almarás. Otros profesores fueron Rafael Ángel de la Peña (de matemáticas), Manuel Aristi (de francés), Jesús Corral (de dibujo natural, llamado también “de figura”), Francisco Echegaray (de matemáticas), Guillermo Gibons y Juan Gibons (de inglés), Manuel María Contreras (de Física), Manuel Ramírez (de Geometría en el espacio y trigonometría), Oloardo Hassey (de Raíces griegas), Francisco Rivas (de Raíces griegas), Ignacio Molina (de Cosmografía), Justo Sierra Méndez (de Historia universal) y Miguel Schultz (de Geografía). Otros más eran Rafael Barba (de Matemáticas), Emilio G. Baz (de Matemáticas), Vallarino (de Matemáticas), Ángel Groso (de Inglés), José María Marroquí (de Latín), Ignacio Ramírez (de Literatura), Gabino Barreda (de Lógica), Porfirio Parra (de Lógica), Eduardo Prado (de Matemáticas), Mariano Villamil (de Matemáticas) y don Joaquín Noreña (de Gimnasia). El ingeniero Manuel Calderón impartía la materia de Matemáticas, y se relacionó mucho con Luis Felipe Molina porque, además de ser su profesor, frecuentemente ambos asistían a sesiones espiritistas a las que los invitaba el director de la escuela.

Al terminar de cursar las materias en la Escuela Nacional Preparatoria, Luis Felipe Molina pasó a la Escuela Nacional de Bellas Artes a formarse como arquitecto. En 1883 le tocó participar en el concurso Bienal, en el que presentó un proyecto de entrada a un castillo feudal. Cuando estaba en segundo año fue becado por el gobierno, a través de la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública, por ser un alumno con un buen grado de aprovechamiento. En agosto de 1885 participó, junto con Luis Ansorena y Enrique Barradas, en un concurso de arquitectura. El tema lo propuso su maestro Juan Agea, y consistió en hacer un proyecto de mercado, de forma cuadrada, para Tacubaya. Debía medir 35 metros de lado, y debía contener un pabellón en el centro para vender flores y cuatro compartimientos para carnes, frutas, semillas y verduras. Los materiales podían ser piedra, ladrillo, madera y fierro. En septiembre de 1885 participó, también junto a Luis Ansorena y Enrique Barradas, en un concurso anual. El tema lo volvió a señalar su maestro Juan Agea, y consistió en hacer un proyecto de un edificio para los baños de Aragón. Lo realizó en seis horas, y aunque solamente pudo hacerlo a lápiz, aún así obtuvo la calificación de tres votos perfectamente bien. Los premios de este tipo de concursos los otorgaban al finalizar el año escolar, y en el de 1885 a Luis Felipe Molina le entregaron uno que consistió en 16 pesos. En septiembre de 1886 participó, al lado de Luis Ansorena, Enrique Barradas, Francisco Rodríguez y Francisco Aristi, en el concurso de arquitectura. En esta ocasión Juan Agea propuso dos temas, uno de los cuales fue una estación para trenes en la esquina de la Segunda del Factor y Puerta Falsa de San Andrés, frente a la cámara de diputados. El segundo tema fue la modificación de una casa con un cuerpo circular en esquina. Se les anexaba el plano, a los estudiantes, de la casa que tenían que modificar. Luis Felipe Molina salió premiado en este concurso, aunque no se sabe con cuál de los dos temas propuestos participó. El 13 de octubre de 1886, junto con Luis G. Ansorena y Enrique Barradas, solicitó a la Junta Directiva de la escuela una ayuda de 45 pesos para cada uno con el fin de recorrer algunas partes de la República y conocer sus edificios más notables. Esto, según decían, les serviría de práctica en Composición y Construcción, pero el 18 de noviembre de ese mismo año dicha corporación les negó tal petición. El 26 de noviembre de 1886, mediante ocurso solicitó se le prorrogara su pensión hasta que presentara su examen profesional. El 26 de enero de 1887, en ceremonia en que estuvo presente el presidente de la República, recibió el premio obtenido el año anterior.

En la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuyo director era Román Lascuráin y el secretario Jesús Ocádiz, Luis Felipe Molina Recibió clases de un profesor apellidado Flores, de Manuel Calderón, de Félix Parra, de Juan Agea, Miguel Noreña, Antonio Torres Torija, Manuel Gargollo y Parra, Vicente Heredia, José Rivero y Heras y Manuel Rincón, entre otros distinguidos profesores, y con todos terminó sus cursos satisfactoriamente.

BIBLIOGRAFÍA

Báez Macías, Eduardo: Guía del archivo de la Antigua
Academia de San Carlos 1867-1907, vol. I, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.

Molina Rodríguez, Luis Felipe: El mundo de Molina.
Autobiografía, Culiacán, Sinaloa, México, La Crónica de
Culiacán, COBAES, DIFOCUR, 2003.

Maestro en Historia del Arte en la UNAM

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