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CULTURA Y PANDEMIA

Por miércoles 15 de julio de 2020 Sin Comentarios

GILBERTO J LÓPEZ ALANÍS

Que sucedió en la intimidad de los artistas, creadores, escritores, historiadores, músicos, cronistas y divulgadores culturales, cuando de repente quedaron confinados y temerosos de salir a la calle, ante la amenaza real de quedar expuestos a un virus que podía acabar con sus existencias.

La felicidad creativa se enfrentó al sentido trágico de la vida, que nos golpeó cruelmente el rostro. De repente nos dimos cuenta de nuestra fragilidad y de la magnifica oportunidad que representa vivir.

Con insistentes mensajes a nuestro alrededor, constatamos que nada puede apagar esa angustia; no hay propaganda, ideología, ni tendencia política que pueda apartarnos de esa zozobra, en un primer momento, todo nos pareció tan fútil e insulso.

Sin embargo, el encierro nos llevó a la reflexión, para concluir que no podemos rendirnos. Ahora sabemos que nos queda el recurso de la esperanza, esa ilusión del regreso a las condiciones anteriores, para así sabernos sobrevivientes en constante peligro.

Junto a todo esto, el impacto y reacción en las instituciones culturales ante los efectos de esta pandemia son diversos, mostrando sus grados de fortaleza, debilidad, intensidad y compromiso.

En términos generales la estructura cultural permaneció y permanece trastocada, sin embargo, se buscan nuevas alternativas de expresión, donde el entusiasmo de los componentes orgánicos institucionales, así como de las compañías, conjuntos, solistas, animadores, junto a coordinadores buscaron y buscan permanecer conectados en los medios de comunicación a través de sus innovadoras plataformas.

A fin de cuentas, nada es igual, el trabajo al interior de las instituciones tiene retos de efectividad que tienen que reflejarse, porque así lo exige la dinámica social.

Esta pandemia ha cuestionado, desnudado y fortalecido nuestros egos, abiertos ante una realidad que golpea directamente. Para bien y para mal, se advierte que desde hoy en adelante, los liderazgos tienen que ser compartidos.

Se tienen que generar tendencias de trabajo cultural, donde mas actores tienen que estar involucrados en proyectos que impacten sustantivamente a la población. Ante lo que viene, una pregunta cabe:¿Podremos saltar la barrera de no volver a lo mismo?

Esta pandemia puso en entredicho la pertinencia de algunos programas culturales, acentuó el abandono del trabajo cultural en el seno de los grupos de medios ingresos, los creadores ven con asombro la reducción de los presupuestos y los primeros pobres de la cultura gritan por apoyos. Se necesita imaginación operativa para que la cultura sea una opción real, ante una sociedad que ya no es la misma.

Sabemos que la realidad como materia de trabajo cultural no está maquillada. Ella nos espera, la cultura está ligada al dolor y la alegría; ahí está la vida, aprendamos de ella.

Director del Archivo Histórico de Sinaloa

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