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RAÚL GARDUÑO CULEBRO, UNO DE LOS GRANDES POETAS DE CHIAPAS

Por sábado 30 de mayo de 2020 Sin Comentarios

SOFÍA MIRELES GAVITO

Raúl Garduño Culebro nació en la ciudad de México el 20 de noviembre de 1945. A los seis meses de edad, su familia se trasladó a Comitán, donde creció hasta los nueve años. Más tarde, Raúl emigró a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez donde cursó la secundaria en el Colegio Chiapas y el bachillerato en el ICACH (Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas). En Tuxtla Gutiérrez, el poeta Óscar Oliva conoce a Garduño en un concurso de declamación, al ser jurado del mismo; y le otorga el primer lugar por el manejo de la voz y su presencia escénica. Así ambos iniciaron una amistad literaria importante, sobre todo durante los años de formación del joven. Poco tiempo después, Óscar Oliva publica en la revista ICACH los primeros poemas de Garduño.

Raúl Garduño radicó, también, durante varios años en la ciudad de México, donde formó parte del taller de literatura de Juan José Arreola. Fundó el bloque de Cultura Emiliano Zapata; fue Jefe del Departamento de Literatura de la dirección de Extensión Universitaria de la UNACH. Siendo jefe de extensión universitaria, fue anfitrión de muchos escritores como: Carlos Pellicer, Efraín Huerta, José Revueltas, Jaime Sabines, Carlos Monsiváis, José Agustín, David Huerta, Elsa Cross y muchos más. Los presentaba ante el público de la capital de Chiapas con palabras cálidas, llenas de poesía.

Colaboró en las revistas: El Rehilete, La Cultura en México, Mester, Pájaro Cascabel y El Corno Emplumado. En 1967 publica con Leopoldo Ayala, Alejandro Aura y José Carlos Becerra un libro colectivo de gran éxito editorial: Poesía joven de México. Además fue antologado en los libros: Antología de la Poesía Mexicana, 12 poetas chiapanecos, El Poeta y la Muerte, y Nueva Poesía de Chiapas.

Con el título de Poemas, en 1973 publicó en la colección Chiapas la primera edición de este libro; la segunda edición fue aumentada y preparada por el mismo, y apareció póstumamente en la colección Ceiba, en 1982. Tuvo un segundo libro en preparación con el título Puerta de Golpe, pero desgraciadamente se extravió en los días en que se enfermó de dengue.

Raúl Garduño vivió su vida con entusiasmo y entrega y luego de aportar mucho a la vida cultural de Chiapas, fallece en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez el 27 de mayo de 1980 a causa de una complicación del dengue, enfermedad que asoló a todo la región del sureste del país en los ochenta.

Según el poeta y crítico literario Óscar Wong, las inquietudes espirituales de Garduño fueron: “…el amor, la muerte, el qué y el porqué de su presencia y participación en el mundo. Y su concepción poética es como un ritual rítmico, un canto órfico”. También afirma O. Wong que la poesía para Garduño era un instrumento de conocimiento de sí mismo.

Les comparto estos sonetos incluidos en el poema “Estancias junto a Fidalma”, dedicado al pintor Héctor Ventura:

I

Letras que resisten el desamor,
Caserón que remueve su osadía,
Verano sin cabeza que decía
El incendio y la sangre y el horror.


La palabra más lejana es terror
De montes degollados ese día.
Ahora hay sólo un grito en donde había
Una fruta del alma y un rumor.

Nunca supo la bestia nada cierto;
Puso en el mar la queja del desierto
Con un tumbo de venas dilatadas


Y en forma de secreto oyó el cortejo
De perro tras las sombras bien amadas
Que salen del instante a lo parejo.

III


Quisiera hablar, decirte, levantarte
De la espuma sagrada, de mi ruina,
De la congoja oscura que camina
Sin poder convencerme al inventarte.
Tú le dueles al río que lamina
Su dura travesía para hallarte.
Le dueles a la boca que ha de hablarte
Y al oído de luces que adivina.


No duelas más, criatura resurrecta,
Doncella de agua al fondo de la aurora,
Línea marina en la conciencia recta,
No duelas más. Observa que atesora

El alma fuerte tu canción perfecta.
Yo busco el hierro de la tarde ahora.

V

Yo fui de luto hasta tus manos solas,
Llamé a mi muerte pan de tu silencio,
Entretejí el dolor de aquellas horas
Con las palmas heridas de tu vino.


Los días son los pasos de un verano
Que se sepulta en balde sin tus ramas.
Yo no sé lo que digo, yo no veo,
Yo soy el ataúd y tú el abismo.

Que nos entierren con el lino altivo,
Que nos olviden en la lumbre inútil,
Que tomen nuestra sombra entre las frutas


Llagadas altas hasta la semilla.
Estaremos pensando en algún río
Que nos devuelva todo el mar perdido.

HEMEROGRAFÍA.

Wong, Óscar. “La poesía de Raúl Garduño” en periódico
Diario de Chiapas (Jueves 27 de mayo del 2004, Tuxtla
Gutiérrez, pp: 73)

Garduño, Raúl. (1993) Poemas. CONACULTA. Col.
Lecturas Mexicanas, México, pp: 134.

Cronista de Tonalá, Chiapas.

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