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RAFAEL BUELNA TENORIO Y MIS RECUERDOS FAMILIARES 130 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE EL “GRANITO DE ORO”

Por sábado 30 de mayo de 2020 Sin Comentarios

CAROLINA BUELNA VERDUGO

Desde pequeña me acostumbré a escuchar su nombre. Siempre recuerdo a mi padre sentado en su poltrona leyendo y yo, sentada a su lado, esperando a que concluyera con su lectura y se dispusiera a contarme las interesantes historias sobre mi héroe revolucionario, al que tanto he llegado a amar y admirar. ¡Cómo disfrutaba de esos momentos!

Mi padre, José Miguel Buelna Avilés me contaba historias del general Rafael Buelna Tenorio, que le fueron compartidas a su vez por José Miguel mi abuelo y hermano de este, relatos donde brillaba la valentía y honestidad, su pasión por la Revolución mexicana, de la responsabilidad que traía a cuestas y la tristeza que le producían ciertas decisiones de compañeros con las que no estaba de acuerdo. Le tocó vivir depresiones al comprobar que lo único que perseguían la mayoría de los protagonistas de este movimiento no era precisamente alcanzar los valores con los que se pretendía transformar al país: justicia, libertad y democracia.

Rafael fue como las águilas que no pertenecen al peñón donde nacen, sino al espacio en el que vuelan. Hijo de Pedro Buelna y Marcelina Tenorio. Tuvo tres hermanos de nombres José Miguel, Marcelina y Dolores, todos ellos nacieron en Mocorito. La última de las hijas murió a la edad de 10 años; no pudo recuperarse de las lesiones que le provocaron el haberse echado encima agua hirviendo.

Cuando estudiaba la instrucción primaria en la escuela Benito Juárez de su pueblo natal, formó un periodiquito que le llamó El Diminuto, era un pedacito de papel donde escribía y con ello daba muestra de esta actividad a la que también habría de dedicarse más tarde, el periodismo. Le gustaba construir versos con simetría sentida pese a su inmadurez, con el sentimiento que dan las almas puras. Decía mi papá que mi abuelo le comentaba que desde muy niño fue muy caballeroso con su hermana Marcelina, quien lo recordó siempre con el más grande de los amores, por sus atenciones. A la hora de jugar, mientras unos jugaban al trompo y a las canicas, Rafael sentaba a Marcelina por un lado y le extendía un pañuelo sobre su vestido, para ponerle pedacitos de caña que el pelaba y tronchaba para que se entretuviera, así podía él jugar con su hermano y amigos, entre los que también se encontraba quien después sería mi abuela. Le gustaba subir a la torre de la iglesia para juntar los huevitos de las palomas para que su hermana Marcelina jugara a las comiditas. Comparto que mis abuelos José Miguel y Micaela Avilés siempre fueron novios desde niños, a la postre terminaron casándose y procrearon seis hijos, Alicia, José Miguel, Rafael, Héctor, Angélica y Jaime.

A Rafael le gustaba la música también, con su hermano José Miguel integraron una especie de estudiantina a la que fue invitada la entonces novia de éste, Micaela a quien le llamaban Chela la bonita. José Miguel, tocaba la mandolina y la guitarra, Micaela el piano y Rafael guitarra, mandolina y el organillo de boca, éste último fue su instrumento más querido, aunque no le gustaba decir que lo tocaba. Era hábil para ejecutarlo, gustaba de dar serenatas con él, María Luisa Sarria en su momento lo disfrutó mucho.

Fue su padre Don Pedro Buelna quien lo enseñó a montar desde muy temprana edad y lo acompañaba en sus incursiones a lo alto de la sierra de Parras; por aquel entonces había una familia de apellido Monge en Mocorito de alta alcurnia con la que la familia Buelna tenía estrecha relación y tenía un caballo muy fino del que Rafael quedó prendado. La imagen del Mongeño quedó para siempre en el ánimo de Rafael por eso, años más tarde, ya en la lucha armada, cuando el general Lucio Blanco le regaló un caballo saino, deslavado, no dudó en darle este mismo nombre. Esta acción fue después del incidente donde el General Buelna estuvo a punto de fusilar al general Álvaro Obregón porque no le daba la vanguardia para el avance hacia Guadalajara, desistiendo finalmente de este propósito y decide perdonarle la vida.

En Mocorito, tuvo una novia María Cleofas Castro que dejó cuando tuvo que irse a estudiar a Culiacán, a la que le prometió volver pero nunca más regresó. La vida le tenía destinada otra misión. Ya estando en la Ciudad, se ocupa de estudiar la carrera de Leyes en el Colegio Civil Rosales y conoce a una joven guapa de San Ignacio, Sin., Carmen Catalán Estebané, a quien le mandaba cartas y poemas de amor, noviazgo que tampoco prosperó. Finalmente esa etapa de estudiante se vio interrumpida por su necesidad de incorporarse a la Revolución.

A María Luisa Sarria la conoce cuando llegó a Tepic, sin duda fue el gran amor de su vida, fue amor a primera vista y a pesar de que su madre nunca estuvo de acuerdo con la relación lograron formar una familia.

Fueron muchas sus hazañas en las que una y otra vez se comprobaba su alta condición humana, esa victoria en los altos de Jalisco sobre Lázaro Cárdenas donde impide su fusilamiento por uno de sus mandos y lo envía al hospital para que reciba atención médica. Comentaba mi tío Pablo Buelna Sarría, -hijo del General-, que su mamá Luisa y su nana Lupe estuvieron al pendiente de su recuperación.

Mi abuelo vivió muy de cerca la carrera militar de su hermano, le tocó varias veces salir con heridas de bala que afortunadamente no fueron mortales, como cuando le encargó llevar barras de plata al extranjero para cambiarlas por armas.

Recuerdo muy bien las palabras de mi papá, cuando me comentaba sobre la formación férrea e inquebrantable de Rafael: “fíjese m’hija, mi tío nunca buscó grado militar alguno para mi papá, por considerarlo un acto de nepotismo” y además siempre le decía que “con uno basta para luchar contra esta revolución interminable e impredecible”.

También en varias ocasiones mencionó a su gran compañero el Yaqui que siempre andaba a un lado del general y a quien le tocó verlo morir en Morelia Michoacán, el 23 de enero de 1924.

Desde que empecé a escuchar los relatos en voz de mi padre, todo quedaba en mi mente, eran los cuentos preferidos del héroe revolucionario que luchó por sus ideales y así surgió mi amor y admiración por la figura de Rafael Buelna Tenorio al que tan cariñosamente su madre Marcelina Tenorio, su pueblo natal y todos los sinaloenses lo hemos llamado “Granito de Oro”.

Fue mi padre quien me facilitó los libros que hablaban sobre él, me decía: “léelos, lo que aquí se dice son verdades, porque sus autores tuvieron la fortuna de conocerlo y entender sus ideales tan difíciles de alcanzar y por lo que nunca se dio por vencido”. Estos fueron: Las Caballerías de la Revolución de José C. Valadez, Grano de Oro de Baltazar Izaguirre Rojo y El águila y la serpiente de Martin Luis Guzmán. Demás libros, revistas y tantos artículos periodísticos que reseñaban su vida como su corta y fructífera carrera militar, como los del Dr. Enrique Peña Gutiérrez; todas estas fuentes que vinieron a ampliar aún más lo que yo ya sabía por mi misma familia, conocer los esfuerzos realizados por trasladar sus restos de Morelia Michoacán a Culiacán, Sinaloa, en el año de 1935 y depositarlos en el panteón San Juan, en la cripta familiar colocando las placas de mármol que tenía su tumba en Morelia, Michoacán. También que el 20 de noviembre de 1957 sus restos fueron llevados a la Rotonda de los Hombres Ilustres en Sinaloa, y que fue declarado el 22 de enero de 1974 hijo predilecto de nuestro estado por el decreto 198 que expidió el Congreso del estado, inscribiéndose su nombre con letras de oro en el recinto legislativo.

Para poder leer el libro Grano de Oro, de Baltazar Izaguirre tenía que hacerlo con un diccionario de lado y traducir el significado de muchas de las palabras que yo no conocía, y me llamó mucho la atención que el autor de este libro, llamara al general Buelna, el generalito de oropel. Baltazar Izaguirre, me contó mi tío Pablo Buelna Sarría, fue amigo de su padre e integrante de la brigada Buelna, cuando avanzaba a la ciudad de México, para combatir a las fuerzas federales de Victoriano Huerta. En este libro narra la vida heroica y sentimental del General.

Por mi tío Pablo, se que Luisa Sarría su madre provenía de una familia de abolengo, descendiente de españoles que habían venido a residir a Tepic, y sus abuelos Gervasio Sarría y Elvira Escudero de Sarría, no querían que su hija se casara con un rebelde revolucionario en ese tiempo, advirtiéndole de los sufrimientos que tendría. Pero Rafael, se ganó hábilmente el cariño de su suegro, más no el de doña Elvira, por lo que tuvieron que casarse a escondidas en Ahuacatlán, Nayarit, a las 12 de la noche del día 11 de agosto de 1915. De esa unión nacieron dos hijos, en 1916 el primogénito Rafael Buelna Sarría, y el 18 de septiembre de 1921, mi tío Pablo. La vida de esta familia no fue fácil, cuenta mi padre, cuando muere el general Buelna en batalla en Morelia en enero de 1924, Luisa sufre mucho, sus hijos quedan muy pequeños, Rafael de 7 años y Pablo de 2. Y como si esto no fuera suficiente, al poco tiempo de enviudar muere su hijo Rafael ya entonces de 10 años de edad a causa de una infección en los ojos que se convirtió en tétano por el contacto con el plomo de los soldaditos, con los que el niño jugaba. Esto le provocó una fuerte depresión lo que la llevó a la muerte, justo a los 6 meses de haber perdido a su primogénito.

Mi tío Pablo queda al cuidado de sus abuelos maternos don Gervacio Sarría y doña Elvira Escudero, quienes le dieron amor y educación. Mi tío realmente no se acordaba de su papá, se enteró de su vida por medio de su nana Lupe Cázares, a la que mencionaba siempre con mucho cariño y lo que si tenía en su mente, era la carita de su hermano Rafael y me lo describió muy parecido a su papá físicamente y tenía además mucha gallardura.

Mi tío me narró que cuando el Capitán José Guadalupe Zuno, fue a darle el pésame a su mamá, le habló a Rafael para que saludara al capitán, el niño no le quiso dar la mano y le dijo a su mamá que a los traidores no se les saludaba. El general Buelna siempre supo que tenía cerca a un traidor y que era incondicional del general Álvaro Obregón.“Rafael, mi hermano, fue muy especial para mi – repetía mi tío-, siempre me llevaba a todos lados y tenía dos grupos de compañeros los de 10 y los de 4 años, era muy maduro y valiente para su edad, cariñoso conmigo y con mi mamá.”

Otro hecho muy interesante me compartió mi tío Pablo, cuando el arzobispo de Morelia le mandó llamar para decirle que a él le toco darle los santos oleos a su papá, ese día que murió en Morelia, Michoacán, y que antes de que sucediera, pudo comunicarse por medio del parpadeo como lo menciona José C. Valadez, en su libro Las Caballerías de la Revolución lo que le dio mucha paz en su corazón, al saber que su padre murió con los auxilios espirituales que necesitaba en ese momento.

En varias ocasiones me comentó que estaba muy orgulloso de ser hijo del general Buelna y su herencia era su ejemplo a seguir, admirando su figura, como padre, hijo, esposo; como general revolucionario, honrado, valiente, que luchó hasta la muerte por sus ideales.

Fue a partir de 1992 que empecé a tener más contacto con mi tío Pablo, ya que el residía en la Ciudad de México y por mi trabajo empecé a viajar frecuentemente a dicha ciudad. Tuve el privilegio de conversar con el en muchas ocasiones, en las que me platicaba lo que sabía de su papá y pensábamos realizar un libro sobre la vida en familia de Rafael Buelna el “Granito de Oro”. Esto no se concretó, ya que mi tío falleció el 30 de marzo de 2015, sin embargo, el dejó su autobiografía donde dejó escrito lo que conversábamos, lo que le contaron sus abuelos paternos y maternos, sus primos Miguel y Héctor, así como su nana de crianza Lupe.

Mi tío Héctor Buelna Avilés, hermano de mi papá, también me ha platicado muchas anécdotas que mi abuelo le contaba de sus vivencias como hermanos, han sido muy significativas sus charlas para mí, aclarándome algunos detalles que él conoce mejor que yo del general Buelna y sobre todo que ha sido mi gran compañero durante muchos años a los homenajes que en su memoria realiza el Ayuntamiento de Mocorito cada 23 de enero y 23 de mayo procurándonos como familia para estar siempre presente. Quiero aprovechar y hacer un especial agradecimiento a la familia Riveros Acosta, que desde niña nos reciben en su casa antes de los eventos y nos han acompañado año tras año demostrando así su amistad incondicional con el “Granito de Oro” quien siempre estará en nuestros corazones y sistema familiar mientras vida tengamos.

Nieta de José Miguel Buelna tenorio.
Hermano del General.

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