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EL TELÉGRAFO EN MOCORITO DURANTE EL PORFIRIATO

Por miércoles 15 de abril de 2020 Sin Comentarios

JUAN SALVADOR AVILÉS OCHOA

Telegrafía es una palabra de origen griego que significa “el escribir en distancia”, es un sistema de comunicación basado en señales que representan cartas cifradas, números y muestras de la escritura. En la Biblia se dice como Moisés condujo a los judíos en su escape de Egipto por medio de columnas de fuego y de humo.

La telegrafía se revolucionó en 1837 con el invento de los primeros equipos eléctricos para la transmisión telegráfica descubiertos por el norteamericano Samuel Finley Breese Morse.

El primer telegrama público transmitido con el nuevo código fue el 24 de mayo de 1844, Morse lo envió desde su telégrafo en Washington a la estación del ferrocarril en Baltimore.

El telégrafo fue introducido a México por el español Juan de la Granja en 1849, cinco años después de que Samuel Morse invento su famoso lenguaje de puntos y rayas, a partir de este momento se inició la construcción del tendido de líneas a lo largo y ancho del país comunicando de manera directa a las distintas regiones de la república, además de permitir la comunicación de México con los distintos países del mundo.

Los primeros aparatos telegráficos, junto con la primera máquina para producir luz eléctrica fueron adquiridos en 1850 por Pedro Terreros quien tuvo el privilegio de ser el primer mexicano en iluminarse con la apreciada luz.

El 13 de noviembre de 1850 Juan de la Granja realizó la primera demostración pública del telégrafo eléctrico entre el Palacio Nacional y la antigua Escuela de Minería, separados más o menos por un kilómetro. El primer tramo de línea telegráfica fue inaugurado el 5 de noviembre de 1851 por el entonces presidente de la República general Mariano Arista, acompañado por Juan de la Granja, Gerente General de Telégrafos, con el tramo México-Nopalucan y la línea hasta Veracruz fue inaugurada el 5 de mayo de 1852.

Desde la llegada de Porfirio Díaz a la presidencia de la república en 1877 hasta finales del siglo, la red telegráfica pasó de 8 mil kilómetros a más de 40 mil kilómetros de longitud.

El telégrafo llega a la segunda mitad de la década de 1890, con el general Francisco Z. Mena, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, como un instrumento probado, eficaz e indispensable para la comunicación, junto a su “hermano mayor”: el ferrocarril.

El 30 de abril de 1869 según el investigador universitario Félix Brito, en el estado de Sinaloa una compañía privada obtuvo la concesión para realizar el tendido de 379 kilómetros de líneas telegráficas entre Mazatlán y Durango, esta compañía recibió un subsidio de parte del gobierno del estado de 32 mil pesos, además el gobierno estatal autorizó a la compañía para vender acciones para financiar el proyecto.

Las líneas telegráficas estatales eran subsidiadas con 1 mil 500 pesos mensuales por la aduana marítima de Mazatlán, con lo que se cubrían gastos de instalación de postes de madera para el tendido de la red.

En 1875 dio inicio la construcción de una línea telegráfica entre Mazatlán y Ures lo cual permitió a casi todos los distritos de Sinaloa contar con comunicación telegráfica.

En 1881 quedo inaugurado el telégrafo entre Culiacán y Álamos, obra ejecutada por Ramón Irizar, a partir de este momento se iniciaron la ejecución de ramales hacia los más importantes centros mineros del estado.

En 1885 Badiraguato era el único distrito que no contaba con tal servicio.

Con el propósito de tener personal capacitado para la introducción y prestación del servicio, en 1877 en Mazatlán se abrió en un colegio la cátedra de telegrafía, después se abrió otra escuela en el mismo puerto dirigida por el profesor Loreto, a quién le pagaban 20 pesos mensuales para atender 17 alumnos.

La administración de telégrafos en Sinaloa era dirigida por un inspector general nombrado por el gobernador del estado, las oficinas centrales estaban ubicadas en Mazatlán. Las oficinas de telégrafos brindaban servicio al público de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 12 horas y de 2 a 6 de la tarde, durante los domingos y días festivos abrían de 9 a 12 horas.

La introducción de este servicio público contribuyo notablemente en el establecimiento del orden y desarrollo económico, político y social de Sinaloa durante el porfiriato, además, como lo menciona Félix Brito, con la instalación de administraciones telegráficas en los 9 distritos del estado permitió al gobernador tener un control más férreo, ya que los prefectos políticos estaban obligados a informar mensualmente a través del telégrafo sobre los principales acontecimientos de sus distritos.

Para 1882 ya se contaba con el servicio de telégrafo en Mocorito, según se desprende del informe del gobernador Francisco Cañedo de dicho año, durante la llegada del servicio a Mocorito los vecinos proporcionaron la mayor parte de los postes empleados, éstos por lo general medían 6 varas de largo y tenían un mínimo de 6 pulgadas de diámetro, se instalaban a cada 67 metros, la madera usada era mora, palo colorado, venadillo, amapa, ébano, mezquite, sabino, brasil, huizache o palo fierro.

En el primer semestre de 1905, Basilio Martínez fue el administrador interino de la oficina de telégrafos de la villa de Mocorito, a principios de julio paso a ocupar la misma plaza a Álamos, Sonora, fue sustituido por Abraham Gómez.

Las principales noticias nacionales e internacionales que se daban a conocer a través del periódico local “Voz del Norte” llegaban a través de los hilos de alambre del telégrafo, esto permitía a José Sabas de la Mora, director del periódico, dar a conocer las principales noticias de México, Washington, Tokio, Moscú, Nueva York y Londres, entre otros lugares.

En agosto del mismo año la oficina federal de telégrafos en Mocorito tenía las siguientes tarifas para el cobro de un telegrama de diez palabras a Culiacán, Villa de Sinaloa, San José de Gracia, Navolato y Badiraguato 20 centavos; a Álamos, Quila, Elota, San Ignacio, Tamazula, Topia y Navojoa 40 centavos; a Guaymas, Hermosillo, Chihuahua, Torreón y Durango 80 centavos; a Mazatlán, Santiago Papasquiaro y Hacienda de Parral 60 centavos; a Tepic, Ciudad Juárez y Nogales 1 peso; a Guadalajara y Manzanillo 1.40 pesos y a la ciudad de México 2 pesos.

En diciembre de 1907 de nueva cuenta Don Basilio Martínez se hizo cargo de la oficina federal de esta villa, siendo relevado en el mismo mes por el señor J. Maldonado. Durante las lluvias por lo general se provocaban grandes daños en las líneas telegráficas.

El 14 de diciembre el señor Benigno A. Mireles se hizo cargo de la oficina de telégrafos de esta villa. Es importante destacar que los administradores de telégrafos eran uno de los actores políticos y sociales más importantes en sus distritos, como prueba de ello durante el último semestre de 1907 Basilio Martínez ocupo la secretaria del H. Ayuntamiento, de este personaje habría que agregar que fue el primer administrador del Hotel Inzunza.

El 5 de marzo de 1908 en la oficina local de telégrafos en Mocorito se recibía el siguiente telegrama: “En obsequio del telegrama que con fecha de ayer se han servido dirigirme ustedes y otras personas de esa población, procuraré hacer lo posible porque el ferrocarril se construya lo más cerca posible de ese lugar, pero debo advertir que será una cosa muy difícil porque la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas tiene ya aprobado el trazo y la compañía manifiesta el mayor empeño en hacer el camino por donde haya menos pendientes, considero más fácil conseguir la construcción de un ramal y en ese sentido serán mis esfuerzos con la compañía”.

El histórico telegrama era dirigido a los señores Inzunza y firmado por el señor vicepresidente de la república Ramón Corral, así que a través de los implacables sonidos de los puntos y rayas del alfabeto Morse, se dieron por terminadas las esperanzas de los mocoritenses de que el ferrocarril pasara por nuestra villa.

Durante la revolución mexicana el telégrafo estuvo presente en cada negociación, en cada batalla, avances o retiradas; Fernando Benítez en su obra “El Rey Viejo” se refiere al telégrafo como “la voz y el oído del tren militar”.

Además, los postes telegráficos fueron un excelente soporte para colgar a centenares de prisioneros de todos los bandos y el cable usado como soga.

El historiador austriaco Friedrich Katz señala que el rompimiento entre Villa y Carranza fue en plática telegráfica tipo chat de Internet.

Termino recordando un verso de Enrique González Martínez “Que ha sido de los pájaros que anotaban la música de los caminos, sin los hilos de la telegrafía”.

* Cronista y presidente de la corresponsalía en Mocorito del Seminario de Cultura Mexicana

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