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LA VILLA DE EL FUERTE A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX

Por lunes 30 de marzo de 2020 Sin Comentarios

SERGIO UZÁRRAGA ACOSTA

El Fuerte

No se conocen noticias que detallen cómo era la vida en la villa de El Fuerte de Montes Claros al llegar el siglo XIX, pero de acuerdo a los datos que presenta Alejandro de Humboldt se sabe que en 1808 contaba con 10,100 habitantes. Esta cantidad puede resultar exagerada, pero es probable que en este censo se incluya a indios y a negros afromexicanos que vivían alrededor de la villa sirviendo, algunos como esclavos, a españoles peninsulares, a españoles criollos y a mestizos económicamente poderosos. Clases sociales y castas convivían por la relación laboral que tenían, y todo tipo de habitantes de la villa de El Fuerte vivieron en este año de 1808 el momento en que por todas partes se oyó la noticia de que Francia había invadido España. Este suceso fue para los esclavos anunciante de cambios que les dieron la esperanza de dejar de servir a sus amos, y a los económicamente poderosos les anunció problemas provocándoles decepciones porque Fernando VII de España había perdido el trono y deseaban que pronto fuera restituido en su cargo. Esto ya no era posible, y se angustiaron, y se prepararon para luchar porque no se relajaran sus usos y costumbres.

En los últimos días de octubre de 1810 los habitantes de la villa de El Fuerte se enteraron del Grito de Dolores y se sobresaltaron, y en diciembre de este mismo año, al llegarles la noticia de que los insurgentes estaban ya en El Rosario aumentaron sus preocupaciones y algunos se dispusieron a ayudar a enfrentarlos. Comenzó así una lucha entre unos y otros, y cuando les llegó la información de que Pedro de Villaescusa iba a planear, desde San Ignacio, el ataque a González Hermosillo, se prepararon para apoyarlo. En enero de 1811 se le unieron a Pedro de Villaescusa 78 auxiliares y reforzaron su ejército, y les tocó pelear en contra de los insurgentes en la batalla del 29 de enero y en la del 8 de febrero. Quedaron, de esta manera, muy bien con la autoridad, que lo fue a partir de entonces Antonio Cordero. Él se quedó gobernando esa parte del territorio residiendo en El Rosario, y desde esta ciudad dirigió ataques a quienes seguían encabezando movimientos independentistas. Así logró en los siguientes años someter a quienes se levantaban en armas manifestando su repudio a los gachupines, y después, ya lograda la paz, se dirigió hacia el norte. El 23 de diciembre de 1820 Antonio Cordero, que tenía bajo su mando las provincias de Sonora y Sinaloa, se encontraba en El Fuerte, y desde esta villa envió información al virrey Juan Ruiz de Apodaca (a) El Conde del Venadito sobre la situación de tranquilidad que se vivía en todo el territorio que estaba a su cargo. El 8 de enero de 1821 se encontraba en Álamos, en donde el segundo domingo de marzo de este año se nombraron diputados a las cortes, preparándose así el gobierno monárquico de Agustín de Iturbide, que en El Fuerte recibió mucho apoyo por parte de los conservadores. La esperanza de ellos era que él salvara a la religión católica de la crisis por la que estaba pasando, y se aseguraron ocupando cargos públicos en el ayuntamiento para seguir manteniendo su poder. Exaltaban el aspecto religioso, y a la villa oficialmente le llamaban San Juan Bautista Montes Claros de El Fuerte, anteponiendo el nombre del santo a como se hizo desde su fundación.

En septiembre de 1822 el ayuntamiento de la villa de San Juan Bautista Montes Claros de El Fuerte estaba integrado por Ponciano de la Vega, Francisco Delgado, José Narciso Félix, José Rafael de la Vega y Jesús Garcioles. Siendo eminentemente conservadores, a ellos les tocó mandar felicitar, el 20 de septiembre de 1822, a Agustín de Iturbide por haberse convertido en el monarca mexicano. Cuando se enteraron de su subida al trono se llenaron de gozo y mostraron su regocijo y placer elogiando a Agustín Primero y promoviendo entre la población la adhesión a su ideal. Informaron que la voz de “¡Viva Agustín Primero!” se escuchaba en toda la población; que algunos lo llamaban Padre de la Patria, otros “protector de la Santa Religión”, y que había quienes lo consideraban autor y conservador de la libertad que gozaba en ese momento la América Septentrional. Los integrantes del ayuntamiento, en la felicitación que hicieron al monarca, le dijeron refiriéndose a las voces de júbilo que se oían en la villa de San Juan Bautista Montes Claros de El Fuerte: “Esta es la voz que resuena por las calles y plaza de este hermoso y agradable suelo: la que interrumpe gustosamente el silencio de la noche y la que primero se escucha al presentarse la aurora.” Se pusieron a sus pies diciéndole: “Sírvase V [uestra] M[agestad] I[lustrísima] aceptar benigno el homenage y enhorabuena que entre el respeto, gratitud y gozo tributa reverente al pie del excelso trono el Ayuntamiento de esta nuestra Villa por sí y á nombre de todos sus conciudadanos.” Después le manifestaron que unían sus votos a los de toda la nación pidiendo “sin cesar al Ser Supremo prospere y guarde la importantísima vida de V[uestra M[agestad] I[lustrísima] dilatados años para su gloria y felicidad.” En seguida defendieron la monarquía, y se decepcionaron cuando esta se vino abajo. Al instaurarse el gobierno federal algunos habitantes económicamente poderosos de la villa buscaron la manera de preservar sus privilegios, y se opusieron al gobierno constitucional que se estaba instaurando.

El 4 de febrero de 1824 el Soberano Congreso, por medio de un decreto, designó, por ser el punto céntrico, la villa de El Fuerte como el lugar en que debía reunirse la legislatura de Sonora y Sinaloa (Estado de Occidente). En su artículo 5 decía: “Serán por ahora capitales para el indicado objeto (la reunión de las primeras legislaturas) la villa del Fuerte en el estado interno de Occidente, la ciudad de Chihuahua en el del norte y la ciudad de Monterrey en el de Oriente. Cuando se hallen reunidas las legislaturas designarán ellos mismos los puntos que deben ser capitales en sus respectivos estados.” Se aclaró que no se trataba de señalar capitales permanentes, sino sólo puntos de reunión para las juntas electorales y los congresos, y se dijo que luego que en los puntos designados en esta ley que asignaba capitales de las legislaturas se encontraran la mitad más uno de los diputados que habrían de componerlas, se debía proceder a formar sus juntas preparatorias para su instalación. Se agregó que en la villa de El Fuerte el alcalde primero constitucional con los cuatro primeros diputados que se le presentaran iban a hacer las veces de diputación permanente para presidir las juntas preparatorias, y todo iba bien en el proceso de instalación del congreso constituyente. Sucedió, sin embargo, que en los siguientes meses se rumoraba que la instalación del congreso iba a tardar porque había propuesta de nulidad de elecciones, y en los primeros días de junio de 1824 se supo ya claramente que el ayuntamiento de Sinaloa, en una junta sediciosa que celebró, tenía el propósito, con los más extravagantes pretextos, de anular la elección de diputados para el congreso constituyente. Después, a principios de agosto de este mismo año, se difundió la noticia de que veintiún individuos de El Fuerte pretendían anular las elecciones de diputados hechas en Culiacán para el congreso del estado, y estaban causando algunos alborotos. Había problemas, y se acercaba el día en que debía instalarse el congreso. Como uno de los diputados electos por parte de Culiacán había sido el padre Fernández Rojo, tenía dificultades por ser de convicción liberal. Aún así, desde la ciudad de Culiacán y en contra de la voluntad del obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, el diputado salió con rumbo a El Fuerte a tomar posesión de su cargo. Al llegarse el 12 de septiembre de 1824, día designado para la instalación del congreso, no se le aceptó, y en esas circunstancias en que se manifestaban divergencias políticas se instaló la primera legislatura del Estado Interno de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA

De Humboldt, Alejandro: Tablas geográfico políticas del reino de Nueva España, introducción, transcripción y notas de José G. Moreno de Alba, México D. F., Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.

HEMEROGRAFÍA

Águila Mexicana
Gaceta del gobierno de México
Gaceta del gobierno imperial de México
Iris de Jalisco, El
Siglo Diez y Nueve, El

Maestro en Historia del Arte en la UNAM

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