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DE AGUSTINA CON AMOR…

Por sábado 15 de febrero de 2020 Sin Comentarios

LETICIA DÍAZ ACOSTA

Enclavado en la región noroeste del Estado de Sinaloa, Mocorito se proyecta al mundo como un pueblo mágico y señorial suspendido en el tiempo; en el legado de los hombres y mujeres que antaño caminaron por sus calles, se vislumbra la cotidianidad que entretejió maravillosas historias que hoy llenan de orgullo a las nuevas generaciones que lo habitan.

Caminar por sus calles, disfrutar de la vista de sus magnificas construcciones coloniales, orar en su iglesia o visitar el gran mural que narra los hechos más relevantes de su acontecer histórico, es como trasladarse de manera metafórica hasta esos instantes del día a día que dieron vida a los más grandes e ilustres representantes de su nombre.

De espíritu revolucionario, liberal y llenos de anhelos patrióticos, esos antiguos habitantes de Mocorito, cada uno desde su trinchera, tejieron una serie de sucesos que habrían de colocar al pueblo como un ejemplo de tenacidad y grandes ideales; de entre estos personajes, destaca el nombre de una mujer de gran valor, de férrea convicción cívica e inquebrantable determinación de servir a la Patria: Anna Agustina de Jesús Ramírez Heredia.

Nacida de padres indígenas, un primero de septiembre de 1813, y siendo su padre un soldado, creció viviendo y escuchando las historias derivadas de la lucha por la independencia, situación que dentro de su humildad, acrecentó en ella un orgullo enorme por la Patria. Casada con el también soldado Severiano Rodríguez, dentro de los anales de la historia, siempre será recordada como “la dama del ropaje negro”, mote recibido por haber quedado viuda y huérfana de doce de sus trece hijos, todos arrebatados por la metralla de las guerras.

Su dolor de madre debe haber sido inaudito, sin embargo, su convicción e ideales fueron más fuertes, significando ello que, sin doblegarse, dejara ir a uno tras otro de sus hijos hacía un destino incierto que no le aseguraba sus regresos. Quizá incomprendida por muchos, y vitoreada como heroína por otros tantos más, Agustina murió un 14 de febrero de 1879 en el puerto de Mazatlán; a sus 66 años, y sumida en la tristeza y la miseria, olvidada por esa Patria a la cual sirvió sin esperar recompensa, la vida le ofrendó un último tributo: que su muerte coincidiera con el día más celebrado a nivel mundial, el Día del Amor y la Amistad.

Y es que ese amor tan grande que toda madre profesa a sus hijos, pareciera contraponerse con los ideales de Agustina: por un lado, las ansias de proteger a esos seres salidos de las propias entrañas, y por el otro, la idea de servir a la Patria por encima de la propia vida, en este caso, la de sus propios vástagos.

Agustina… su nombre siempre retumbará en el aire que corre por las calles del pueblo y jamás su inquebrantable fortaleza podrá ser olvidada, mucho menos cada 14 de febrero, día en que es recordada por sus habitantes por su valor y entrega, por esa forma tan especial de amar más allá de su propio bien.

El espíritu de esa madre que amo tanto a su Patria y que le entregó su tesoro más preciado, siempre permeará en las celebraciones de San Valentín en Mocorito, llenando el día de alegría, de colores y sabores maravillosos, de manifestaciones que incluso en detalles pequeñísimos, se convierten en las más grandes y sublimes; porque todas las acciones, sin importar cuales, si se hacen por amor, serán siempre las más significativas; porque los ideales nacidos del corazón, siempre serán los más recordados; y porque las creencias más férreas, las que nacen en la base inquebrantable del espíritu humano, acabarán siendo las más valiosas, las más leales y sinceras que un ser humano pueda expresar.

Es por todo ello que los mocoritenses y todo el pueblo de México, no debemos olvidar jamás que este mes pletórico de risas, de besos, de susurros de enamorados y bullicio de amigos, el más esperado, el de las fiestas, el de las compras, el del color rojo y la champaña, el mes que despierta el deseo de dar, pero también de recibir…ese mes que se inventa los momentos, el que hace largas las horas, el que invita a soñar…el escogido por la humanidad para acoger a Cupido, el de la nobleza, el de la lealtad; el de las expresiones de afecto entre amigos, compañeros y extraños… también es el mes en que se fue una gran madre, alguien que demostró que el amor se puede expresar de miles de formas diferentes, incluso aún en el dolor.

Que este Día del Amor y la Amistad, sea un día de profunda reflexión para todos los corazones; revaloremos a los nuestros, ofrendémonos de manera especial no solo este 14 de febrero, sino todos los días de nuestra existencia; permitamos que la sonrisa se pinte maravillosamente en nuestra cara, que la alegría brille en nuestros ojos, que la esperanza mueva nuestros corazones, que la solidaridad nos arrope como hermanos; y nunca olvidemos lo que nos mueve, lo que nos identifica, nuestros valores, ideales y creencias.

Reflexionemos en la idea del amor en toda su extensión: el de padres a hijos y viceversa; el de la pareja; el de los amigos; el que sentimos por ese extraño que despierta nuestra empatía; el que le otorgas a tu mascota o a cualquier otro animal; el que te hace sonreír ante las flores, las plantas y todo lo que te rodea; el amor de estar vivo, de existir; el amor por tu historia, por las personas que la escribieron y forman parte de tu vida; el valor a tus ideas, tus pensamientos y valores; el valor a ti mismo.

Que este día este lleno de esas diferentes manifestaciones de amor, y, si lo celebras en Mocorito, no se te olvide regalarle un pensamiento a esa gran mujer que es parte inherente de nuestra identidad, esa mujer que en nombre del amor entregó lo más valioso de su existencia, y a la cual, curiosamente, la misma vida, le rinde un tributo tan maravilloso.¡FELICIDADES!!!

* Licenciada en Ciencias de la Educación

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