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PEDAGOGÍA DE LA PALABRA

Por viernes 31 de enero de 2020 Sin Comentarios

JOSÉ FRANCISCO PALACIOS ESQUER

Cuando me detengo a considerar las vertientes de impacto en el uso de la palabra como respuesta a las problemáticas pedagógicas, culturales, sociales, humanas y políticas, sobre este siglo XXI que muestra procesos significativos, se pone de manifiesto de manera tácita su participación toral dentro de estas mismas problemáticas.

Como académico, y debido a mi formación (o deformación) como analística cultural, social y político, no pretendo hacer una síntesis de investigadores en la pedagogía de la palabra, sino quizá ofrecer un abanico de posibilidades bajo mi perspectiva, por tanto, sugiero recordar a los pensadores para enfatizar las leyes del razonamiento de la palabra en cuestiones aplicadas a la lógica y al mérito de la argumentación.

Luis Castellanos dijo:

“Compartir las palabras habitadas (…) El lenguaje, las palabras que compartimos, es el vehículo que nos permite asombrarnos de lo que somos capaces de crear. Hoy más que nunca es necesario fijar nuestra atención en el lenguaje mismo, en lo que cada palabra dice o deja de decir de nosotros (…) Poner en circulación el lenguaje empieza en la educación puesto que una palabra adecuada, es decir, correctamente habitada, puede beneficiar a millones de personas», la idea es aplicar este pensamiento al uso de la palabra que debe de ejecutarse en los principios de la lógica, y estos principios nos conducen a la paradoja de todo proceso gobernado por reglas.

En su poemario Fragmento de Poemas y Canciones de Amor y Libertad, Gilberto Ramírez Santacruz pone de manifiesto el poder de la palabra, evidenciando que las expresiones de amor y libertad han sido el foco de atención a lo largo de la historia de la humanidad. Las crisis mundiales y la situación social convierten a las palabras, a través de la poesía y prosa, en un escape de la realidad.

Si digo pan

y mi poema no convoca

a los hambrientos a la mesa,

es porque la palabra ya no sirve

y la poesía exige otro lenguaje.

Si digo amor

y mi poema no provoca

una tormenta de besos y canciones,

es porque la palabra perdió su magia

y la poesía debe buscar una nueva voz.

Si digo vida

y mi poema no revienta

un alba de luceros y primaveras,

es porque la palabra quedó sin dioses

y la poesía debe estar al servicio del hombre

. Si digo libertad

y mi poema no revoluciona

la conciencia de los sedientos de paz,

es porque la palabra dejó de ser instrumento

y la poesía está obligada a cambiar de poetas.

Por lo regular las personas no tienen como prioridad el seguir reglas de ninguna índole, por esta razón se deben adoptar precauciones y examinar bajo qué categorías se debe de estructurar la argumentación de la palabra.

Así que cabría preguntarse: ¿qué significado tiene el uso de la palabra?; ¿qué relación guarda con la sociedad?; ¿cómo se enlaza con los conceptos actuales de política?; ¿qué papel juega en nuestro desempeño como profesores?; ¿cuál es el verdadero enfoque de la argumentación de la palabra en nuestro centro de trabajo?

Queda para cada uno de ustedes resolver estos acertijos.

Primeramente quiero expresar que me resulta comprensible la importancia del poder del pensamiento como piedra angular en el campo de la argumentación de la palabra, enseguida intuyo que se ha ignorado la escucha activa en décadas pasadas, dicho aspecto radica en reforzar el arte de escuchar, pues es imprescindible desde el punto de vista para la construcción de una buena argumentación, pues esta surge precisamente en las encrucijadas del pensamiento y el mundo de valores que los seres humanos proyectan al hablar, ante lo cual los aspectos históricos-sociales dotan al individuo de situaciones específicas, racionales y existentes sobre ideas sin una posición definida (al menos en su origen).

Vygotsky explicó el nacimiento del lenguaje interior como interiorización del dialogo. Es preciso reiterar en este punto que la argumentación de la palabra como instrumento social se estructura en el pensamiento, pero se fortifica en el lenguaje, considerando por supuesto la memoria del lenguaje como una íntima relación con las ideas y la fisiología dialéctica que explican una miscelánea de criterios formales en el razonamiento al plantear opiniones adecuadas para los problemas que se plantean en la vida diaria y que afectan las relaciones humanas.

Así pues, la argumentación es una defensa de la palabra y, con lógica, los usuarios de la palabra pedagógica decimos que es una jurisprudencia para fortalecer la estructura de la palabra.

Para finalizar debo añadir que es relevante la justificación de cada argumento que manifestamos al hablar, pues así podemos realizar preguntas claras, precisas y coherentes para tener la información necesaria en los procesos del uso de la argumentación.

Como conclusión, no hace falta una regla formal para justificar la argumentación de la palabra, pero no hay que dar respuestas apresuradas, aunque resulte demasiado sencillo, además que muchas de las problemáticas hay que enfrentarlas ante los parámetros del valor moral y con los criterios de la ética.

* Escritor de Empalme Sonora

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