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TODO MUNDO ES LOCO

Por jueves 31 de octubre de 2019 Sin Comentarios

CARLOS VARELA NÁJERA

Ya me debe haber clasificado entre los medios locos, lo cual está bien, pero mejor todavía si me cataloga entre los que están totalmente locos. Esa fue la estrategia de Nixon respecto de los vietnamitas. La única vez que anotó un punto fue cuando logró convencerlos de que era capaz de cualquier cosa, que podía lanzarles una bomba atómica. Ahí, ellos dudaron. Fue el único momento en que un estadounidense logró dar vuelta a los vietnamitas. Y esto lleva un nombre en materia de estrategia, es la estrategia del loco.(Jacques-Alain Miller. Todo mundo es loco. 2015, p. 98)

Todo mundo es loco, título de un bello texto de Jacques-Alain Miller, y como no tomarlo para mencionar los últimos acontecimientos de Culiacán Sinaloa, donde la plevada con su desborde, sus pequeñas locuras y echados pa -delante, según su propio uso idiomático, ponen su cuerpo para las balas, y en su delirio intoxicante rememoran el corrido que los inviste de una inmortalidad fútil, al decir de la estrofa que las balas se las cura con saliva.

Pertenecer a un grupo delictivo solo es posible a condición de estar un poco loco o loco completo, pero si pensamos que en ellos la locura es una condición muy especial irremediablemente nos engañaríamos, pues qué decir de todos esos locos enamorados cuyo delirio no es tan ajeno al otro 99 por ciento de la población mundial, veríamos con otros ojos la locura de cada uno, aunque se obstinen en decir que el amor es cosa de dopamina, querer alcanzar al otro en sus formas muy particulares de goce no es más que la trasplantación loca del otro en mi cuerpo, esos dos pedazos de carne formarán delirantemente un solo cuerpo, cuyo costo es el yo debilitado, ese otro que pretende ser uno mismo en el cuerpo ajeno, transpersonalización, suena mejor desde el lenguaje técnico. No otra cosa, podríamos decir del religioso cuyo acto de fe está más cercano a un delirio, incluso en el cientificismo donde la locura razonante se despliega en el método.

Se es loco porque existe una suerte de debilidad mental que hace víctima al sujeto de la sugestión y las creencias, claro que no es la única manera, ser tomados por el semblante y estar arropados por un deseo, son las formas mínimas para estar loco, ya que el deseo en su imposibilidad no evita que lo encontremos por otros medios, el delirio podría ser uno de tantos, no menos loco el juego que acompaña a los niños donde el mundo de fantasías hace que la locura acompañe a este infante correteando el unicornio, más aún, haciéndose acompañar del amigo imaginario, esta y otras maneras son las formas locas en que lo infantil se desarrolla.

Los pequeños detalles no dejan de entrever cierta locura, cuando escuchamos a alguien decir que se va a tomar un tiempo, como entender eso, sabemos que se dará un cierto espacio, tomar el tiempo en sentido real, no es más que una aseveración loca, pues no es muy cuerdo asumir esa exigencia, tomar líquidos no es raro, tomar tiempo es muy sintomático. Con este tipo de aseveraciones existen tantas frases locas que colocan al sujeto en pura anormalidad, de hecho la anormalidad o como se le quiera llamar a eso, es el color de locura que de modo muy particular nos acompaña.

También no podemos dejar de pensar la burlita que Lacan hacía a ciertos psicoanalistas que “vivian apegados a las manecillas del reloj” como si estas manecillas determinarán la solución de un conflicto, Lacan hace de eso un hazmerreír, pero con mucho respeto, porque aún hoy, no faltará alguien que pegue el gritito en el cielo, que sería otra forma loca de expresar su existencia. Algunos amores están investidos de locura, ya que ponen sobre la mesa más que el amor los ideales sobre los cuales el amor debe seguir, como un tren por su carril, pero casi todo amor descarrila, se desborda, en una locura compartida, aun esas locuras pueden traer cierta benevolencia, cierto equilibrio, como algunas veces existen males indeseables el amor puede tener esa carátula, no siempre es así pregúntele a los expertos.

Platón… Además era un poco débil… Llamo debilidad mental, al hecho de que un ser, un ser parlante, no esté sólidamente instalado en un discurso. Es lo que hace el precio (lo valioso) del débil. No hay ninguna otra definición que se le puede dar, sino de ser lo que se llama un poco des¬carriado. Es decir que entre dos discursos, él flota. Para estar sólidamente instalado como sujeto, es necesario atenerse a uno o bien saber lo que se hace”(Jacques Lacan Seminario 19, O peor, 2012, p.129).

* Doctor en Educación, Lic. en Psicología

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