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CARLOS MÉRIDA… VERSATILIDAD, CONTRASTE, EVOLUCIÓN

Por viernes 1 de marzo de 2019 Sin Comentarios

ALBERTO ÁNGEL “EL CUERVO”

El terremoto había sido verdaderamente sorpresivo… La Ciudad de México, en aquel entonces Distrito Federal, jamás se imaginó la historia de terror que viviría… Muchas historias, afortunadas unas, tremendamente trágicas otras, se fueron tejiendo a medida que la ciudad amanecía aquel 19 de diciembre de 1985…

–Entonces, Pepe… ¿Estabas hospedado en el Regis esa noche…?

—Así es, Betito… Siempre me hospedaba ahí cada vez que venía a arreglar papeles y demás en SACM…

—Y ¿cómo fue que te salvaste…? El hotel quedó totalmente derruído…

—A las cuatro de la mañana en punto, mi hermano Miguelito me despertó…

—¿Tu hermano Miguel…? ¿vívía para entonces…?

—No, bueno sí, pero porque siempre ha seguido vivo acompañándome como mi ángel protector… Y me dijo: “Pepe, levántate y vete al aeropuerto, regresa a Acapulco inmediatamente…” Pensé que se trataba de Dorian, mi mujer que estaba muy enferma… Cuando llegué al aeropuerto, alcancé tal vez el último vuelo en salir… Lógicamente, cuando llegué a mi casa en Acapulco, yo no estaba enterado de nada de lo que había sucedido. Lo único que pensaba era en la salud de mi mujer… Me abrió la puerta precisamente ella Dorian, bañada en llanto porque juraba que había quedado bajo los escombros del Regis…

Otros no fueron tan afortunados… Simplemente se durmieron creyendo quizá que era el fin del mundo, que por fin los humanos habían explotado al planeta… Y muchos vivieron la pesadilla inimaginable de quedar atrapados en escombros… Muchos edificios desaparecieron total o parcialmente y con ellos muchas obras murales que formaban parte de los edificios tales como el de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes o el multifamiliar Juárez… Fue en este último en donde un gran pintor y escultor guatemalteco-mexicano, había realizado una de sus obras más emblemáticas… Se trataba de un mural, un mosaico veneciano cuya temática era el Popol Vuh, el libro mágico de los Maya Quichés que fue descubierto en Guatemala.

Muchas veces, Carlos Mérida expresó su necesidad de plasmar sus raíces en la obra que abordaba ya fuera de carácter pictórico, escultórico o en su caso, un mural… Carlos Mérida, no obstante su origen guatemalteco, formó parte muy importante del movimiento muralista mexicano… Y si nos ponemos a pensar un poco, dadas sus raíces mayas y dentro de su familia raíces de otros pueblos mexicanos y por el otro lado español por parte de su madre, siempre se manifestó orgulloso de su mestizaje y como tal, su obra estuvo basada de manera constante y permanente en sus orígenes amerindios en donde, según el propio pintor, encontró la verdadera razón de su trabajo en el arte… El trabajo muralista de Carlos Mérida, estuvo vinculado a la Arquitectura… Su obra siempre en una búsqueda geométrica con intención cubista, formó parte del paisaje urbano de manera armónica e integral… Muy joven, como tantos trabajadores del arte, viajó a París en búsqueda de esa magia que sólo se encontraba entre los compañeros de Montparnasse, esa magia que se palpaba en los barrios bohemios parisinos en donde abrevar la sustancia necesaria para la creatividad en el arte… Ahí, trabajó mucho tiempo en el “Atelier” de Amadeo Modigliani… La influencia que Modigliani tuvo en la obra de Carlos Mérida, puede palparse perfectamente en la exposición que el MUNAL, ofrece en estos días… Los rostros alargados y los ojos vacíos que eran común denominador en la obra de Amadeo Modigliani, se pueden observar en esa especie de mimetismo que la obra de Mérida muestra en clara admiración por el pintor italiano… Cabe recordar aquí, que Amadeo Modigliani prometió a su amada Jeanne Hebuterne, que pintaría los ojos una vez que hubiera podido capturar la esencia de su mirada mágica… Pero cuando lo logra, la tragedia se vuelca sobre su existencia muriendo de meningitis derivada por un lado de la tuberculosis que le aquejaba y por otro lado de la golpiza que sufre días antes en una rencilla de cantina… Hebuterne, que esperaba su segundo hijo, se suicida tirándose por la ventana al no poder aguantar el dolor de la muerte de Amadeo… Pero los ojos de muchos retratos de Mérida, siguieron vacíos… Vacíos tal vez por esa admiración a Modi… Vacíos tal vez porque el corazón de Carlos Mérida siempre estuvo incompleto en esa búsqueda interminable por plasmar toda esa emoción que requería ser plasmada en su obra…

De la misma manera, la obra de Mérida, se deja llevar por muchas corrientes, estilos, escuelas, artistas… De este modo, puede palparse en esa magnífica curaduría de la exposición en el MUNAL, la interrelación y la influencia que la misma deja sobre el trazo de Mérida… Picasso, definitivamente lo marca en la búsqueda geométrica que, según muchos autores, sobrepasa Carlos Mérida en un impecable estilo contundente en el trazo y el manejo del color… Klee, Kandinsky y Miró, también pueden ser observados a través del trazo, a través del color, la perspectiva y la narrativa misma que todos esos grandes trabajadores del arte dejan como un legado a Mérida. Al combinar todas esas escuelas, todos esos estilos con su búsqueda incesante en su origen, sus raíces, Carlos Mérida logra un estilo único… Un estilo que nos recuerda y conserva en la búsqueda de mantenernos siempre orgullosos de ese bendito mestizaje que Vasconcelos calificara como “La Raza Cósmica”… Mérida fue una persona tranquila y bondadosa según relatan familiares y amigos… Una persona que disfrutaba infinitamente la música y que al igual que Kandisky hiciera, siempre manifestó la emoción por plasmar lo que la música escribiera en su alma para poder trazarla… Gustaba mucho de escuchar jazz… Y debido a una esclerosis auditiva, se vio obligado a dejar sus clases de piano… El haber perdido el oído, quizá haya contribuído a su bonomía y a su gran capacidad de reflexión humanista… Siempre tuvo frases bondadosas para todo aquel que le conociera y una de ellas era repetida cotidianamente: “Hay que dar para recibir”.

Carlos Mérida, dejó inumerables obras que permanecen tanto en México como en Guatemala. Así, en el Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México, en la sala Cora Huichol, realizó un muro vitral maravilloso que vale la pena visitar. La considerada su obra magna con la temática del Popol Vuh, la realizada en el multifamilias Juárez, quedó destruída con ese terremoto del 85… De los escombros, sacaron fragmentos del mural y fueron puestos en un monumento que se hizo ex profeso con ellos en la unidad habitacional del ISSSTE en Fuentes Brotantes. Ahí, como mudo testigo de la fuerza destructora del terremoto, permanecen vinculados a la creatividad… Carlos Mérida, dejó un legado inmenso… Y definitivamente parte de su legado de manera indirecta es el haber llevado a su hija Ana Mérida hacia esa sed por el arte y la cultura… Ana, con su gran talento, se dedicó a prepararse arduamente en las artes dancísticas. Fue una figura muy importante dentro de la danza de nuestro país. Y con la misma entrega de su padre, vinculó la música, la danza y la pintura. Así, por ejemplo, es autora y productora de Ausencia de flores, ballet en homenaje al muralista mexicano José Clemente Orozco quien, a su vez, la escogió como tema para una de sus obras pictóricas.

“No hay obra perdurable sin estilo… Y lograrlo ha sido mi ambición pero no por el deliberado propósito de manifestarlo, sino mediante un proceso de decantación subconsciente, confomre a un desarrollo orgánico como el de los árboles o como el de las flores. ¿Hay algo más sutil que el estilo? Se le ve correr a través de épocas, de periodos; se le pierde, a veces escapa a nuestro discernimiento, pero ahí lo volveremos a encontrar inconfundible cuando ya forma parte de nuestra naturaleza creadora.”

Con esas palabras de Carlos Mérida, voy dejando la magnífica exposición que el siempre bello MUNAL ofrece al visitante de manera temporal… Me envuelve una nostalgia quizá debido a la identificación en muchos rubros con ese magnífico artista… Al llegar al estacionamiento subterráneo de Bellas Artes, se acerca mi interlocutor de siempre… Se trata de un vigilante colaborador del estacionamiento, quien se encarga de la importante labor de que los autos queden estacionados de la manera más adecuada posible… Me doy cuenta que, vergonzosamente, no obstante que he platicado con él infinidad de veces, no sé su nombre. Siempre atento, y siempre sorprendente informado de las exposiciones y los expositores en Bellas Artes y el MUNAL, cosa que no se esperaría como algo cotidiano…

Subo a mi auto, con el deseo de preguntarle su nombre… Bajo la ventanilla para hacerlo, pero ya se había alejado para recomendar a otro visitante que se acomode como debe ser y no ocupe dos lugares, lo que es algo común en el estacionamiento no obstante los letreros que aconsejan lo contrario. Así que, me dispongo a salir con la promesa de que la siguiente visita averiguaré el nombre de mi dilecto amigo interlocutor que siempre me recibe con comentarios amables y elogiosos.

* Pintor, interprete, autor

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