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LA MIGRACIÓN HONDUREÑA: ÉXODO DEL HAMBRE, ARMA ELECTORAL DE TRUMP

Por jueves 15 de noviembre de 2018 Sin Comentarios

FAUSTINO LÓPEZ OSUNA

Desde la Historia Antigua (hasta antes del descubrimiento de América) encontramos que los imperios más ricos, como Roma, atraían migrantes de pueblos circunvecinos pobres. Actualmente el imperio económico, financiero y tecnológico que más atrae migrantes, no sólo de la región, son los Estados Unidos de América. Los antiguos imperios europeos que explotaron 300 años el continente latinoamericano (inglés, francés y portugués, encabezados por el imperio español), en la era moderna fueron rebasados y desplazados por el líder del capitalismo mundial, nuestro incómodo vecino del norte.
En contraste, sin entrar a fondo a la tesis marxista del “modo de producción capitalista”, podemos, sin embargo, señalar que la acumulación capitalista por unos cuantos, produce en las mayorías, inevitablemente, pobreza. En 1910, anticipándose a la Revolución Rusa, los ideólogos de la Revolución Mexicana lo sabían perfectamente y procuraron establecer atenuantes en la Constitución de 1917, con leyes que, en suma, fortalecían en su conjunto la esencia de lo que luego se conocería como “justicia social”: las prestaciones sociales en el trabajo, el derecho a la educación, a la salud. Es más: se pretendió volver obligatorio que los patrones que tuvieran más de 100 empleados dotaran de vivienda gratuita a todos sus trabajadores. La imposibilidad de ello dio como resultado, más de medio siglo después, la creación del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores y del Instituto que lo administrara, el Infonavit. Lamentablemente, más de 47 años después de su creación, contrario al espíritu que le dio vida, la injusticia social del sistema capitalista ha desvirtuado los fines de dicho instituto, hasta transformarlo en una vulgar e inhumana financiera de lucro. Ahora bien, si en México, pese a la revolución que modificó la estructura económica para una redistribución más equitativa de la riqueza, continuamos con más del 50 por ciento de la población en la pobreza y, pese a la Secretaría de Educación Pública, aún tenemos algunos millones de mexicanos analfabetas, ¿qué se puede esperar en el resto de países centro y (algunos) suramericanos que continúan con la misma estructura económica? Si en México los compatriotas en Norteamérica envían anualmente 23 mil millones de dólares al país, equivalente nada menos que a las ventas totales de PEMEX y todavía así continuamos con los atrasos sociales del tamaño de los desfalcos de las secretarías creadas para atenuarlos, como Sedesol, ¿con cuánto contribuyen los otros latinoamericanos en Norteamérica al Producto Interno Bruto de sus países, para que no exploten en sus naciones revoluciones (aún burguesas) como la de México? No hay que ir muy lejos por las respuestas puntuales. Venustiano Carranza, en Hermosillo, vaticinó que las llamas de la justicia de la Revolución Mexicana incendiarían a la América del Sur. Jamás imaginó las caravanas de migrantes hondureños a los USA, atizando o apagando, al pasar por aquí, los rescoldos de las brasas de la otrora gloriosa Revolución Mexicana. Peor, si como dicen los maldicientes, con represiones nuestras contra ellos negociadas en aras del nuevo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá y aprovechadas por la Casa Blanca en favor de los racistas republicanos para las próximas elecciones gringas. Las migraciones son tan viejas como la misma humanidad. Desde hace muchos años los diccionarios y enciclopedias las definen como “movimientos de la población que consisten en dejar el lugar de residencia para establecerse en otro país o región, generalmente por causas económicas o sociales”, y políticas y de inseguridad, agregaríamos nosotros.

* Licenciado en Economía y compositor

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