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ENTRE EUFEMISMOS ANDA EL DIABLO

Por lunes 15 de octubre de 2018 Sin Comentarios

FAUSTINO LÓPEZ OSUNA

Así como el arte no es la realidad sino su representación, el hombre en sociedad vive una suerte de doblez a que lo obliga el comportamiento ambiguo de sus semejantes. Filosóficamente, es un sofista, en tanto que sofisma es “razonamiento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero”. Sofista, entonces, es persona que usa sofismas o se vale de ellos. Entre los antiguos griegos, era lo que llamaban un filósofo retórico. Por tanto, la cosa no es reciente: la sofística fue un movimiento intelectual desarrollado en la tierra de Platón, en Atenas, en la segunda mitad del siglo V antes de Cristo, representado precisamente por los sofistas. Hubo un tiempo que a un loco se le temía no por su locura, sino porque andaba suelto diciendo verdades en medio de la hipocresía humana. El poeta Antonio Plaza, en las postrimerías de la Colonia Española, le da consejos a un sobrino que decide marcharse de la provincia a hacer vida en la Corte. Ahí, tienes que aparentar en todo, le recomienda. Si el virrey o el marqués tienen la inteligencia en las corvas, tú hazles creer que la tienes en la suela de tus zapatos. En pocas palabras, le recomendaba que utilizara eufemismos, pues el singular de este sustantivo es “palabra o expresión que se usa para sustituir otra que se considera de mal gusto, inoportuna o malsonante”.
No confundir eufemismo con circunloquio, pues este es “expresión de una idea sencilla mediante muchas palabras”. Mejor sería decir sofisticado, ya que sofisticar es, igualmente, “falsear con sofismas un razonamiento”. Aunque la diplomacia es parte de la política que se ocupa de las relaciones internacionales, también es “tacto o habilidad para tratar a las personas”. Es común que los viejos, sabios, recomienden a los jóvenes ser diplomáticos con los demás, pues diplomático es alguien que tiene “un trato muy correcto con las personas y sabe decir las cosas sin molestar”. Tampoco se confunda con labioso, pues éste es adulador, que viene de adular (halagar a alguien servilmente para ganar su voluntad) y su sinónimo lisonjero.
En política es moneda corriente que alguien incluso haga carrera halagando la vanidad humana haciendo que los halagados se comporten como pavos en vidriera. Engolan la voz, se marean parados en un ladrillo, cambian hasta el modo de andar, dicen. Pero el eufemismo es la hipocresía superlativa. Si alguien en su sano juicio sabía que manco, por ejemplo, es lisiado, persona a la que le falta un brazo una mano, o los dos, o los tiene inutilizados o defectuosos, y que cojo es quien cojea de un pie, una pierna, una pata, o los tiene defectuosos, incompletos, y que un tullido es un paralítico o un imposibilitado para mover un miembro, ni se le ocurra nombrarlos así, aunque de acuerdo al español es lo correcto, sin que se incurra en burla o falta de respeto. Mejor dele la vuelta y búsquese un adjetivo y sustantivo que no suene tan feo, diga lo que se dice de la persona que tiene una deficiencia física o psíquica, sobre todo que suene bien en las familias importantes, de ricos y poderosos: dígales minusválidos. Y todos contentos.
Lo malo de la práctica de trastocar todo en mérito de la decencia, podría desnaturalizar hasta la inmortalidad del mismo Cervantes. Nada de “El manco de Lepanto”. Mejor “El minusválido de Lepanto”. Ser Padre de la Lengua, no lo salvaría del ramplón eufemismo. Por otro lado, aunque prostituir es envilecer o degradar por interés o para obtener una ventaja (como prostituir el talento literario), cuidado con llamar prostituto o prostituta a quien lo es. Como si se tratara de mencionar cualquier empresa o cualquier negocio, mejor dígale “persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”. Y tan tan. Para eso se inventó el eufemismo, no sea tonto. Ahora que, el recurso del eufemismo no es exclusivo de egresados de Yale, Harvard, la Sorbona o del ITAM. En cualquier ranchería de México se cuecen habas y les dan 20 y las malas a los apretados que gustan de hablar como si trajeran una papa ardiendo en la boca. Cuando ven totalmente alcoholizado y escandalizando al hijo del poderoso, dicen: anda alegre el muchacho. Pero si el briago es un pobre que no tiene en que caer muerto, dicen: anda borracho el roñoso. En todo esto, el prejuicio cobra también su cuota, en tanto que prejuicio es “opinión preconcebida, generalmente negativa, hacia algo o alguien”, y es propio de ignorantes, que gustan más de oscurecer que esclarecer las cosas.
Sin caer en lo groseramente escatológico, tomemos por caso la palabra excusado, que es retrete. Nuestra ignorancia no nos permite saber que excusado es también “impuesto sobre los bienes del clero concedido a Felipe II en 1567, y que consistía en una participación en el cobro de los diezmos” por la Iglesia. ¿Y qué es retrete? “Habitación con un recipiente para orinar y evacuar el vientre”. Aunque no es sinónimo pero se utiliza para lo mismo, letrina es “lugar acondicionado, generalmente en un campamento, para recoger los excrementos y orines”. Concretamente: “lugar sucio y repugnante”. Tratando de suavizar el término, se lo llama igualmente tocador, pero éste es “mueble provisto de espacio que sirve para el arreglo personal” generalmente de las damas. Y, con la palabra con que se vuelan la barda, es toilette, voz francesa que significa “lavabo, cuarto de aseo”. Muchos dirán que, tratándose de algo tan maloliente y penoso, qué bien que existen términos eufemísticos para designarlo. Algo similar ocurre con la cárcel (lugar donde el condenado cumple la pena de privación de libertad impuesta por una
autoridad) y sus sinónimos: penal, penitenciaría, prisión, lo mismo que ergástula (prisión de la antigua Roma, generalmente subterránea, donde se encerraban los esclavos castigados y los condenados a trabajos forzados) y reclusorio (encierro forzado, mayor: pena privativa de libertad cuya duración se extiende de veinte años y un día a treinta años; menor: cuya duración es de doce años y un día a veinte años. ¿Creerán las generaciones futuras que los más de 200 millones de pesos que se robó Duarte, exgobernador de Veracruz (sentenciado a 7 años de cárcel) no alcanzó ni la pena menor de 12 a 20 años de prisión? Y así, ¿todavía no se explican la derrota de su partido político en las pasadas elecciones? ¿Lo regresarían al poder (a su partido) dentro de seis años? Aquí sí salen sobrando los eufemismos. ¿Será por eso que a las cárceles (que antes se les decía Centro de Readaptación Social) ahora se les llama, eufemísticamente, Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito? Y ya ni eso. Solamente se las designa con su impronunciable acrónimo (palabra formada por las primeras letras de las palabras de una expresión): CECJD o algo parecido. Recientemente, por un problema técnico que se me presentó en mi teléfono móvil o celular que, sin haber hecho nada para ello, empezó a decirme con una voz femenina grabada: “pantalla apagada”, “posición de avión”, “posición de vibrador”, etc., al acudir a Telcel a reportarlo para que se corrigiera, se me informó que el aparato se había puesto en posición para “débil visual”. No ciego, pero sí cegato (corto o escaso de vista). Yo no conocía que ya existía el eufemismo “débil de vista” para no ofender al cliente llamándole ciego o cegatón, lo que indica que seguiremos negándonos a llamarnos lo que somos o como somos, al menos para que no bajen las ventas. Lo dicho: entre eufemismos anda el diablo.

* Economista y compositor

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