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CIERRE DE LOS DEVORALIBROS, EN CEART TIJUANA

Por viernes 31 de agosto de 2018 Sin Comentarios

MIGUEL ALBERTO OCHOA GARCÍA

Nunca, en todos los talleres infantiles que Jazmín y yo hemos impartido, se había generado una dinámica tan familiar, tan genuina y productiva como la que sucedió en el Círculo de lectura Los Devoralibros de 2018 que año con año se imparte en el Centro Estatal de las Artes Tijuana. Sé que ya había tocado este tema en este mismo periódico cultural, pero pasaron muchas más cosas después de esa publicación. ¿Por qué lo digo? Bueno, para iniciar, convencimos a la gran mayoría de los asistentes de que el mejor animal del mundo son los gatos; además algunas mamás nos confesaron que en casa el hábito lector de sus hijos fue en incremento: es decir, ellas miraron —y miren que algunas mamás no saben mentir—, que sus hijos tomaron los libros por iniciativa propia y se pusieron a leer. Si eso no inspira a otros talleristas, es problema de ellos, no de nosotros. A nosotros sí nos motiva a seguir haciendo lo que amamos hacer. Promover la escritura creativa y el pensamiento crítico en niñas, niños y gatos. Aprovecharé este texto para confesar lo siguiente: mi compañera y diseñadora pedagógica del taller hacía su trabajo muy bien. Planificaba todo el taller, señalaba las actividades, contaba los cuentos, pero había un ligero problema: yo. No sé qué es lo que ocurría, pero algo me inspiraba a hacer otra cosa, a dar la contraria y simplemente seguir con lo se me ocurriera en el momento y debo decirles que siguiendo esos impulsos Devoralibros que surgieron algunas de las sesiones más memorables de este Círculo en específico. Jazmín terminaba incorporándose, muy a su pesar, a las actividades raras. Aunque no siempre fue así, también hubo las ocasiones en que nos ceñimos y hasta creamos híbridos entre planificaciones y ocurrencias, también fueron sesiones bastante productivas, bastante divertidas.

Tuvimos el Encuentro de Círculos de Lectura y en una mesa nos tocó hablar de los retos que tenemos los coordinadores de círculos de lectura por generar nuevos lectores. En un momento vino a mi mente decir «el reto más imponente es tu propia planificación y decidirte por dejarte llevar por la sesión sin que se salga de control, manteniendo un ambiente tanto didáctico como pedagógico y, sobre todo, que el respeto entre los mismos participantes se mantenga». ¿Pero cómo iba a decir eso?
No lo dije, pero sí lo pensé, que hay momentos en el que sabes que la planificación pedagógica no basta para aguantar todo el compañerismo, fraternidad y cariño que entre los participantes se gesta. Si alguien sabe cómo crear planificaciones tomando en cuenta algo tan voluble como los sentimientos de un niño, que me diga, porque hasta la fecha no he visto libro alguno donde provea de estrategias didácticas en las que tome en cuenta las risas y sonrisas más naturales que he visto en toda mi vida, o que visualice que dos niñas se vuelvan mejores amigas sin que hayan conocido antes, o que dos hermanos que tienen problemas de convivencia se perdonen unos a otros gracias a una actividad donde se habla del perdón.
Sí hay estas estrategias, las menos, pero sí las hay. Lo que no habrá nunca es una máquina escritural que adivine el devenir de los sentimientos en los integrantes. Parte importante del éxito de estos Devoralibros es el apoyo por parte de la institución. No hubo censura, indicación, instrucción limitativa que se interpusiera entre nuestros modelos y el CEART Tijuana; Ana Karina Balderrábano —debo decirlo— confió en nuestro trabajo, al par que nosotros en ella, y surgieron sesiones esplendorosas. En ocasiones los niños no están acostumbrados a actividades como estas y las sesiones no transcurren tan bien, sin embargo, nunca le diremos que no a una sesión, aunque a los niños les cueste trabajo incorporarse. Es parte de esto, enamorarlos no sólo de la literatura sino de pertenecer a un grupo, de pertenecer a un grupo que aprende a leer mejor y a escribir. Esta consciencia de aprendizaje propio es una condición del ser humano que no es fácil lograr, la metacognición, como se le llama, es una etapa del aprendizaje en el que el estudiante sabe qué está aprendiendo, para qué le servirá, cómo le gustaría aprenderlo y cómo lo podría aprender mejor.
Lo comento porque mediante la risa y las actividades divertidas se pueden lograr esto efectivamente. Este vínculo que tratamos de crear entre la diversión y el aprendizaje literario sí fue real, se concretó esta vía en el que los integrantes del Círculo de lectura infantil pasaron sus mentes imaginantes para ir a posibilidades ficticias, a mundos donde todo lo que sueñan es real. Ahora bien, la diversión no es ficticia, los sentimientos tampoco lo son.

Una de las cosas que hacemos en los talleres infantiles preparar los sentimientos de los niños para situaciones reales mediante situaciones ficticias. He ahí la riqueza de este tipo de actividad, y si volvemos todavía más concreta la sesión podemos tener resultados sorprendentes al darles herramientas mágicas para una vida terrenal, pero que funcionan verídicamente. Por ejemplo, con el cuento El pato y la muerte, de Wolf Erlbruch, un ya clásico libro álbum que trata sobre la amistad, la fantasía y los ciclos de la vida, hace que los niños sopesen la idea de que los seres vivos tenemos una existencia finita en este mundo, pero que, además, podemos ser amigos de la muerte, es decir, podemos ser amigos y estar en paz con aquella entidad que decide quién y cuándo debe alejarse del mundo de los vivos. Habrá niños que hayan tenido una pérdida de algún abuelito, otros sólo han perdido su perrito atropellado y todavía una gran parte no han sufrido ningún tipo de duelo en su vida, pero los prepara para lo siguiente, para el siguiente llanto o la siguiente vida. No queremos que dejen de llorar si pierden a alguien, El pato y la muerte no les hará indolentes frente a la muerte, pero si la sesión de un círculo de lectura es la analogía perfecta de la vida, entonces sabrán que después de la fábula, después de perder a alguien, el Círculo sigue, y nosotros todavía podemos reírnos, sonreír y vernos la próxima semana.
Es por eso por lo que Jazmín y yo hacemos esto, porque al centro del círculo está el mañana.

Así fue el Círculo de
Lectura Los Devoralibros
en CEART Tijuana en 2018.

* Coordinador Circulos de
lectura CECUT/UA de BC

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