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ERA ÉL, PERO ERA OTRO, SE DIO CUENTA A TIEMPO (PASAJE DE UNA HISTORIA REAL)

Por miércoles 31 de enero de 2018 Sin Comentarios

TEODOSO NAVIDAD SALAZAR

Transcurrían los últimos días de 2017; el tráfico vehicular ahogaba las principales arterias de la ciudad de Culiacán. Automovilistas impedidos para avanzar con mayor rapidez por la luz de semáforos con pocos segundos de duración.
Camioneros abusivos amparados en sus grandes vehículos tratando de meterse por donde fuera. Todo mundo a prisa; era la agonía del año que se va y otro que aparecerá con esperanza de un mundo mejor. Compras, regalos, cenas, posadas, encuentros con amigos, etcétera. Prisas más allá de la vida rutinaria de una ciudad como la nuestra que le quedó chica al parque vehicular.
Pagué la factura de mi teléfono celular, salí del establecimiento y caminé hacia una de las tiendas departamentales, en aquella gran Plaza. El pasillo era insuficiente, una y otra vez fui atropellado por personas en loca carrera por salir o entrar a realizar sus comparas.
De pronto, ya no pude caminar más; un tipo de buena estatura, se plantó frente a mí. Quise esquivarlo, una y otra vez disculpándome, pero no lo conseguí. Entonces levanté la mirada y vi el rostro del hombre que me negaba el paso.
Por momentos observé su sonrisa, pero su expresión no me dijo nada.
No te acuerdas de mí- me pregunto sonriendo, mostrando sus bien cuidados dientes. Disculpa -dije a manera de justificación-pero soy pésimo fisonomista. Soy muy distraído- le dije.
-Soy Conrado Gaxiola ¡cabrón! Qué pronto te olvidas de los amigo y me extendió sus brazos. Fue un agradable encuentro. Habían transcurrido más de cuarenta años desde que nos dejamos de ver. Al salir de la secundaria, cada quien tomó su camino y nos perdimos por los caminos de la vida; él se fue a la Unión Americana. -la escuela, no es lo mío- me dijo después de la graduación. Era cierto.
Con grandes dificultades y bajas calificaciones concluyó.
Llegué la semana pasada. Te me perdiste pero ya te anduve rastreando y tenía noticias sobre ti, pero ya ves, te encontré -me dijo entusiasmado. Conrado y yo fuimos muy buenos amigos en la secundaria.
Lo vi, e intenté regresar las imágenes de nuestra adolescencia. Seguía conservando su jovialidad. ¿Cuándo echamos una platicada?- me preguntó. Cuando tú quieras -le contesté. Tengo todo el tiempo del mundo: estoy jubilado.
Qué casualidad- yo también-comentó triunfal. Regresé para quedarme. Logré una pensión en los Estados Unidos y ahora quiero vivir. Allá vives para trabajar.
Entramos al Sanborns como a las 12 del día, café, luego la comida con dos cervezas. Estaba ávido de que lo escuchara.
Hablé poco y lo dejé contarme sus cuitas. Después de comentarios obligados, me preguntó. Te acuerdas de aquella chica que fue mi novia en la secundaria?- claro que sí-le contesté. Qué fue de ella, no me digas que se casaron – le pregunté.
Se puso serio; con la mirada pérdida me contestó- ojala lo hubiera hecho. Fui un tonto, por no decir más feo. Cuando uno es joven comete tantos errores que cuando deseas enmendarlos es tarde. En ocasiones se ofende lo que más se quiere y cuando tienes conciencia de ello, vas cargando con esos remordimientos toda la vida, porque ya no tiene remedio.
Pero…qué fue lo que pasó -volví a preguntar- Pues cuando salimos de la secundaria, salimos embarazados, pero yo… no supe responderle como hombre, era casi un niño y no supe qué hacer, y emprendí la graciosa huida- al decir esto, observé sus ojos empañados.
Era verdad, todos en la secundaria veíamos aquel noviazgo fuera de serie que se había originado en sexto año, se mantuvo aun con oposición de los maestro de secundaria; eran otros tiempos por supuesto en que los maestros vigilaban que no se dieran ese tipo de conductas.
Me fui a los estados Unidos -continuó Conrado con su charla- no sé si a probar fortuna con el sueño americano, o huyendo de la responsabilidad adquirida a los 15. Yo creo que fue esto último. Jamás la olvide. Me casé con una gringa por aquello de los papeles, pero viví un infierno todos estos años. No tuvimos hijos, ella se hizo adicta, primero al alcohol, luego drogas y eso, pues nunca estuvo en mis gustos.
Trabajé duro amigo- continuó Conrado- siempre con la idea de volver. Hice algo de dinero, pues siempre he sido un hombre sin vicios, y regreso a mi tierra a hacer rendir lo que gané. Quiero poner algún negocio, comprar alguna propiedad, etcétera, para no malgastar lo que ahorré en todos estos años y ya con la pensión tendré para sobrevivir lo poco o mucho que me reste de vida.
Más adelante me dijo- En cuanto a ella, mejor digo a ellos, quiero ver la posibilidad de recompensar todos estos años, de apoyarlos, quiero restituir mi falta -cómo la vesme tomó por sorpresa aquella pregunta y con aire serio le respondí.
Bueno, pero dime qué ha pasado, no sé nada de ella? – La encontré y le propuse rehacer nuestras vidas, reconocer a mi hijo. Pero ella es testigo de Jehová.
Tiene pretendiente y se quieren casar- expresó con ojos empañados. Mi hijo, si puedo llamarlo así, tiene ahora 37 años. Es todo un hombre, ha formado su propia familia.-
Conrado continuó su charla-con voz entrecortada.
Te pregunto de nuevo ¿cómo la ves? La verdad no sé qué decirte. Tú qué piensas crees que en verdad puedas hacer lo que te propones?
Eso es lo que más deseo, pero, te comparto lo que en el fondo verdaderamente pienso-comentó Conrado, ya más sereno. Creo que el tiempo se me escapó, debí haber hecho esto antes, que ya es tarde; el tiempo no me deja regresar. Porque ellos tienen su vida hecha…no debo intentar romper algo que ya cicatrizó seguramente….creo que son otros tiempo, que esa etapa de noviazgo quedó ya muy lejos de mi camino. Tampoco me di cuenta de que mis mejores años se fueron, transcurrieron sin sentirlos, y la amo, pero se me agotaron las fuerzas, creo que el frío paso de los años lo arrasó todo.

Luego de esa reflexión, Conrado Gaxiola guardo silencio. Así permaneció por varios minutos con la mirada sobre la mesa y jugando con la servilleta; después de eso, rompí el silencio y dije- Pues ahí sí que no puedo decirte nada hermano. Debes hacer lo que tu conciencia y utilizar el sentido común, te ruego me disculpes, no tengo respuesta. Eso es algo muy íntimo. No quiero lastimarte, mintiendo que puedes reconstruir esa relación o detenerte en ese intento.
Eran ya casi las 6 de la tarde cuando le dije-Conrado, me tengo que ir. Tengo algunos pendientes, pero ahora que nos reencontramos tendremos tiempo para tomar un café cuando menos cada semana. Se puso de pie y me dijo-gracias hermano por escucharme. Se lo que debo y lo que no debo hacer. El sentido común, como tu dices, aconseja dejarlos que continúen su vida como hasta ahora.
Pero necesitaba contártelo. Tu respuesta es de lo más ecuánime. Nos despedimos igual como en el encuentro.

* Presidente Academia de Historia de Sinaloa A.C

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