Estatal

La prisión de Circe

Por lunes 15 de enero de 2018 Sin Comentarios

Para nada les estoy diciendo que el discurso capitalista
sea feo, al contrario, es algo locamente astuto. Loca- mente astuto pero destinado a estallar (Lacan, 1972).

CARLOS VARELA NÁJERA

La prisión de Circe en Homero lleva al sujeto a su defenestración a partir del consumo, el placer, los goces, la sangre derramada, la satisfacción en la tortura, es esto en lo que el capitalismo ha convertido al ciudadano común. Un consumidor de vacíos que nunca se satisface ya que requiere más y más, lo que en la experiencia de la orientación lacaniana implica goce y pulsión de muerte.
El capitalismo vende todo lo que se pueda consumir para que el sujeto lo pierda en poco tiempo. Sus mercados expenden nadas, a precios desorbitantes, esas nadas son semblantes que conforman al sujeto, lo postran ante la prisión de Cirse, para que siga la función esclavizante en nombre de la civilización y la posmodernidad, sujetos abrochados a sus goces, que cada vez cuando el goce no toca su a puerta se irritan.
El sujeto vive violentando a causa de sus goces perdidos, extraviados, que pretende recuperar mediante el odio al otro, al semejante, la explotación o el sometimiento en nombre de cualquier ideología, somos odios caminando en función del goce extraviado.
El capitalismo como discurso somete al sujeto a máximos goces que nos llevarán a la tumba por el grado de frustración que generan, y al no poder acceder a todo lo que éste nos ofrece en el mercado, el grado de frustración se incrementa, “consumo luego existo”, será la máxima del capitalismo con sus excedentes de goce, plusvalía sintomátizada.
El saber en este discurso se vuelve mercancía, se venden cursos para ser feliz, ser eficiente, ser buena persona, en fin los ideales se traducen en cursos con costos, pensando que basta con saber para crecer, de esto se ríe la pulsión.
La pulsión es el pilón indeseable en toda mercancía que la hace rancia en todos los sentidos, exceso de costos que frustran, deudas impagables que cancerizan a la sociedad, regulación del espectáculo. Cada curso se encuentra velado por lo pulsional que lo enrarece, le quita su eficacia, lo pulsional al degradar al sujeto que ofrece el curso degrada a su vez la curseria, en ese sentido la sociedad de conocimiento tiene su reverso que es la sociedad de mercado que sería su verdadero frente.
La cárcel de Circe inicia con el hechizo de la mercancía, en el discurso capitalista, esos objetos que se ofrecen a la mirada, sometiendo al sujeto a un principio del placer inocuo donde toda mercancía obtenida se transforma en mierda, es ese brillo agalmático que ofrecido en oropel incrementa la necesidad humana por obtenerla, en el brillo queda el hechizo haciendo su tarea. El narco por otro lado también encarcela al sujeto en esa mercancía que se transmuta en nada, un goce efímero que idiotiza a su consumidor, el goce “extático” efímero lo deja cada vez más agujereado, feminizado por su efecto que lo penetra y lo hace berrear.
La droga amputa la virilidad en el sujeto, y ya compensado no requiere de nada, dar la droga es la trampa del capitalismo a condición de convertir al sujeto en un zombie que no piensa, no critica, sólo espera su dosis para seguirla pasando, recordando que Circe ofrece la hospitalidad untando a los hombres un brebaje, eso sería hoy la nueva droga que somete cada vez más al sujeto a su extravío, la droga es la sugestión más convincente que roba la conciencia, el placer que ella promete hace alucinar a sus consumidores, esta espera que desespera se traduce en una larga espera esperada, que lo atrapa deshistorizándolo y transformándolo en un gozador eterno, salir de ese paraíso le afecta por eso nunca renuncia a su lathouses.
En el capitalismo el Dios del consumo hace existir al sujeto, no puede ser de otra manera, así como el consumo a un drogadicto lo hace sentir vivo, sólo vive por ese objeto que lo sujeta al goce, aunque hay que decirlo que esa droga es en todo caso el comienzo de la pulsión de muerte, que ha empezado a dejar una marca, un tatuaje donde el placer es el comienzo de lo que conocemos como muerte en ciernes.

* Doctor en educación, Licenciado en psicología

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