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HIJAS DE UN SUEÑO O UN FIERO DESPERTAR BAJO LA LUZ DE GRANADA

Por lunes 15 de enero de 2018 Un comentario

JUAN CERVERA SANCHÍS

Gerardo Rodríguez Salas (Granada, España, 1976) es un granadino engolfado y sumergido en el reino de las letras inglesas a la sombra de Shakespeare. Baste decir que es Profesor Titular de Literatura Inglesa en la Universidad de Granada, esto aparte entre otros títulos y quehaceres y una beca del British Council con la que cursó un Máster en Estudios de Género en la Universidad de Oxford (Reino Unido) y otros etcéteras, entre ellos tres libros de crítica literaria y actualmente Coordinador del Máster Eramus Mundus GEMMA en Estudios de las Mujeres y de Género de la Universidad de Granada. Pero para lo que aquí nos importa y cuenta y suma y se multiplica, basta y sobra detenernos en su libro de cuentos Hijas de un sueño (Esdrújula Ediciones, Colección Etcétera), impreso en Pamplona el 22 de noviembre de 2017, que reúne doce cuentos intensos, coloridos y por momentos salvajes – “Cogió a Ramón por el cuello, lo tiró al suelo y le pegó cuatro tiros” – y a veces tiernos como una lágrima invisible de la abuela Trini, a quien está dedicado el libro.
Rodríguez Salas crea y se recrea en la posguerra de la Guerra Civil Española, con todas sus caudas, sus hambres, sus odios, sus infinitas injusticias, entre las que destaca en estos cuentos la realidad brutal que las mujeres en la Península Ibérica tuvieron que soportar.
Cuento tras cuento el lector va de sobresalto en sobresalto y, por momentos, apretando las mandíbulas de rabia contenida. Ángeles Mora, Premio Nacional de Poesía 2016 en España, quien prologa el libro, escribe: “La vida crea la literatura y la literatura crea y de alguna manera modifica la vida”. Y subraya “el protagonismo de las mujeres o de los personajes que tradicionalmente han sido discriminados en nuestra sociedad (homosexuales, travestis, “santos” o curanderos a los que la gente sencilla acude, en los que cree)”.
Todo ello se respira en estos impresionantes cuentos, de repente reales en exceso y de súbito cargados de poesía y hasta de vuelos y revuelos oníricos. La pluma de Rodríguez Salas, con maestría y magia singular, nos recuerda lo dicho por Ángeles Mora: “Si las verdades dijeran la verdad mentirían”. Y sin mentir y a ras de polvo y barro y pueblo granadino, Gerardo Rodríguez Salas nos permite reencontrarnos con el habla llana de la calle y su gente a golpes de “con mala leche”, “toas menos yo”, “triquiñuelas” y esos “icos”, tan de la gente de pié en Graná, como son “dolorcico”, “suavica” o “enamoradico”, entre otros graciosos y acariciantes icos e icas, raíz profunda de lo granadino esencial.
Esta esencia se entronca en cada uno de estos cuentos y rama a rama se agita en hojas volanderas y se alza en copa y alcanza el cielo, estrella a estrella en venturosos y magistrales cuentos, que nos remite a cúspides de grandes maestros del género, como el francés Guy Maupassant y el mexicano Juan Rulfo, sin miedo a equivocarnos, ya sea en el que da título al libro o en “Doce mariposas”, “Aceite y jabón”, “La lámpara”, “A la vuelta de los sueños”, “Todas las almas”, “Lagartijas”, donde “La Alpujarra olía a misterio”, y no se diga en ese “cuenpoema”, “No duerme nadie”, donde Rodríguez Salas se recrea y nos recrea, en aire y luna de nana, con Federico García Lorca redivivo.
Hijas de un sueño es mucho más que un despertar, es una colección de cuentos, substanciados de, yo diría, “granaenidad” y agua, esa agua dulce y única que solo podemos saborear en Granada y que, en verdad, sacia y deleita la sed del lector más exigente.
La vida y la contravida van y vienen por estos cuentos a sus anchas y, para que te cuento, lo mismo nos enrabian al recrear la posguerra, que nos enternecen y nos subliman, y sin querer y sin sospecharlo siquiera, la mente trabaja y juega, nos trae a la memoria el recuerdo de Ángel Ganivet, otro granadino sin igual con el que, por lo menos yo, como a Federico, y ahora a Gerardo Rodríguez Salas, estaré siempre en deuda, así como con la abuela de éste, Trini, que, como muy bien decían las mujeres en los velorios: “Dios tenga en su santa gloria” ya que, sin ella, este estremecedor libro jamás se hubiera escrito.

* Poeta y periodista andaluz

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