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CUERNAVACA EN LOS AÑOS TREINTA

Por jueves 30 de noviembre de 2017 Sin Comentarios

Aquí una narración de la primera mitad del pasado siglo; fue escrita por el diplomático y poeta Miguel Alessio Robles. En ella nos cuenta… que pocas ciudades hay en el mundo más alegres y pintorescas que

Cuernavaca ciudad que fue el sitio predilecto de Cortés.
Lugar que tiene un clima paradisiaco: ni frio ni caliente, un clima templado que invita a la tranquilidad y al reposo. Una temperatura más que agradable, deliciosa. El conquistador quiso dejar la huella imborrable de su paso por la ciudad y levanto la casona en que viviría con su familia. Es un hermoso edificio que recuerda las imponentes construcciones europeas. A pesar de los edificios modernos con que cuenta la ciudad, todavía se destaca entre ellos la hermosura y la severidad de su Palacio. Desde sus amplios corredores se contemplan los panoramas magníficos de Cuernavaca, y en los muros de esos corredores coloniales
Diego Rivera pinto unos murales que han sido muy discutidos, que destacan por la genialidad de sus figuras y su colorido que llama fuertemente la atención. Los lugares históricos de Cuernavaca, se contemplan con respeto y admiración. Allí se han registrado trascendentales sucesos de la turbulenta historia de México y episodios novelescos de nuestras luchas. Allí esta la casa que habitó Maximiliano, el Jardín Borda, que es bellísimo, el cual eligió el infortunado archiduque como lugar de encanto y de recreo, un sitio versallesco que invita a Ia poesía y al amor. El rumor del agua, el verde perenne del follaje, el aroma penetrante de las flores, todo subyuga y embriaga, Por dondequiera se contemplan en panoramas bellísimos. Dominan los tonos verde y rojo: el verde de los árboles y de una vegetación exuberante y el bermejo de los techos del caserío colonial, que se destaca por encima de las frondas, ornadas con esplendidas guirnaldas de buganvilias que florecen en todas las estaciones del año para recreo de la vista y ornato perenne de los jardines, que hacen de la población un hermoso vergel. La ciudad es una fiesta interminable de colores. Las calles, torcidas y empinadas, le dan un aspecto singular. Sus parques, poblados de árboles milenarios, en cuyo follaje anidan parvadas de pájaros pueblan de cantos el ambiente apacible y risueño de la población.

Tiene alrededores soberbios donde la vista se recrea contemplando aquellas maravillas inenarrables de la naturaleza. Desde cualquier lugar se contemplan paisajes variados y maravillosos. La nota brillante de color deslumbra las pupilas. El cielo, esplendorosamente azul, la atmosfera diáfana, las montañas remotas recortan el horizonte para encerrar en un marco esplendido a la ciudad prodigiosa, donde Dios ha derramado a manos llenas los esplendores y las magnificencias de una vegetación admirable. El constante rumor del agua acaricia el oído, tonifica los nervios e invita a Ia meditación y al ensueño… De las rocas cubiertas de frondoso follaje brota el agua y se
forma el Salto de San Antón, que era el encanto y Ia delicia de la emperatriz Carlota, quien durante su estancia en Cuernavaca permanecía sentada largas horas cerca de esa cascada para que Ia suave y balsámica brisa del agua refrescara su frente. Los archiduques austriacos habían recorrido los sitios más pintorescos del mundo, habían visitado las ciudades más bellas de Europa. Pero al contemplar Cuernavaca, les pareció un lugar de leyenda. Sus labios prorrumpían constantemente en frases de asombro y gritos de admiración. Antes de llegar a Cuernavaca por el Camino Real,

Maximiliano y Carlota la contemplaron desde lejos. Se quedaron algunos momentos extasiados, recreando su vista asombrada en el paisaje lejano: la ciudad, rodeada de montañas azules, y la vegetación espléndida, que resalta en medio del blanco caserío y de las viejas torres de las iglesias doradas por el fuego del sol y de los siglos. Un panorama soberbio! Nadie sabrá decir que se admira más, si la diversidad de tonalidades o su luz, animando intensamente ese paisaje extraordinario. Los sueños siempre rebasan los linderos de la realidad.
¿Quién se puede imaginar que aquel hermoso paisaje, contemplado desde la carretera, a medida que uno se acerca va acrecentando su atractivo y su fascinación y su belleza? Las calles con su carácter especial. Los parques cubiertos, en todas las estaciones del año, de flores y de frondas. La vieja Catedral, con su maciza torre, con su severa arquitectura, que es tan grande y majestuosa. Construida desde principios de la época colonial, todavía conserva sus dorados retablos y las espaciosas naves, que han recogido por varios siglos el humo del incienso y la unción de las plegarias que los fieles han murmurado en ese templo, uno de los primeros levantados en América por los españoles. Cuando llega uno a la ciudad no tiene más anhelo que permanecer allí disfrutando de las delicias incomparables de ese clima maravilloso, de aquel distinto cielo azul, de aquellos hermosos paisajes que fascinan y subyugan.
P.D. Hasta la próxima

*Historiador y cronista de Cuernavaca

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