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De mi encuentro con Rosario Castellanos

Por miércoles 15 de noviembre de 2017 Sin Comentarios

FAUSTINO LÓPEZ OSUNA

Tres años antes de mi encuentro con Rosario Castellanos, que ocurrió en 1963, cursé (en 1961) el segundo año de Vocacional (Bachillerato) en el Instituto Politécnico Nacional de la ciudad de México. El maestro de Literatura, Don Isidoro Enríquez Calleja, de origen español, que llegó a nuestro país huyendo de la Guerra Civil, por causalidad descubrió que me gustaba escribir versos, pero sin su conocimiento técnico. Y, paralelo a las clases, decidió formarme en el verso en español hasta que alcanzara la maestría en su dominio. Me hizo leer poetas y poesía desde el siglo IX hasta el siglo XX. Desde los anónimos a los posmodernistas. Y me obligó a presentar un poema nuevo cada clase. Así fui dominando los versos de rima asonante y consonante. Practiqué todas las métricas. No me permitió descanso. Hizo que cumpliera con la recomendación que hace a los poetas jóvenes Rubén Darío en su primer libro de poesía “Azul”: Cuando una Musa les dé un hijo, que las otras 9 queden encintas.

Felizmente, cuando estuve ante Rosario Castellanos, ya tenía dominio pleno del verso rimado. También he platicado lo del periódico estudiantil “El Colmillo atinado” que, apadrinado por Ríus, publicábamos en la Escuela Superior de Economía y que cuando fuimos a entrevistar a Rosario (nos recibió en su casa de avenida Constituyentes, frente al Bosque de Chapultepec), entre preguntas mías y respuestas de ella sobre su libro de poesía “El Resplandor del Ser”, salió a relucir que yo escribía poemas, pidiéndome que le dijera uno. Y le dije el que acababa de escribirle a ella, precisamente, pidiéndome, al terminarlo, que le repitiera la última estrofa, una de las más hermosas que hubiera leído o escuchado, dijo. En este punto tengo que aclarar que lo hice con todo el peso de la angustia que me había producido “El Resplandor…”, confesándonos ella misma en la entrevista que lo había escrito casi en el lecho de muerte, después de que, debido a la tuberculosis, le habían quitado medio pulmón. Debo aclarar que en mi vida soy contrario a la posición que adopté en el poema, pues no comulgo con la idea de que se tiene que sufrir para ser feliz. Y muchos pueden estar en desacuerdo con la filosofía que manejo y expongo en el poema. Sin embargo, ¿qué se le puede decir a un moribundo que no acepta a conciencia su propia muerte? ¿Con qué palabras se le puede ayudar a asumir su final? Ese es el punto. Un día que dije el poema en un evento cultural en Mocorito, el poeta queretano Mario Arturo Ramos expresó que él no estaba de acuerdo conmigo. Tiene que ser muy difícil asumir conscientemente el propio sufrimiento, la propia muerte. ¿Cómo acompañarle? ¿Cómo despedirle? ¿Cómo decirle adiós para siempre?

A ROSARIO CASTELLANOS
Si de la vida el vaivén

quebranta en ti la ventura
y bebes sólo amargura
y apuras sólo desdén,
aprovecha esa ocasión,
acepta la suerte mala:
hay regiones que no escala
con su aliento la razón.
Si del tránsito errabundo
pérfidamente el azar
se complace en apartar
lo feliz que te da el mundo,
que no te cause tristeza
el no saber qué será:
un extremo siempre está
terminando si otro empieza.
Deja a los males desiertas
las rejas que te circundan:
por el cieno en que se inundan

las plantas están despiertas.
Absorta desde el peñasco
el águila se contempla
y la adversidad la tiempla
y no la inmuta el chubasco.
Mantén el ansia serena,
no se evita el porvenir:
si el cisne canta al morir
por algo alegra su pena.
Confía siempre, el acaso
de incógnitas se mantiene:
la alborada siempre viene
al fenecer cada ocaso.
¿Lloras? Desesperaciones
abundan al por mayor,
pero al fin queda un dulzor
como el ritmo en las canciones.
Que tu aliento no decrezca

al presentir la agonía:
para que relumbre el día
es fuerza que se oscurezca.

1963.

El Diccionario Enciclopédico
Larousse, publica: CASTELLANOS
(Rosario), Comitán de Domínguez,
Chiapas, 1925-Tel Aviv 1974, escritora
mexicana. Poetisa y narradora de la
corriente indigenista (Balún Canán,
1955; Oficio de tinieblas, 1962; Los
convidados de agosto, 1964), cultivó
también el teatro.
(Descanse en paz).

*Economista y compositor

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