Nacional

SISMO 2017 CDMX: Tres Impresiones

Por domingo 15 de octubre de 2017 Sin Comentarios

Por: IVÁN ESCOTO MORA
Twitter: @EscotoIvan

L as pasadas semanas han sido difíciles para muchos. Primero con el sismo del 7 de septiembre y luego con el del 19. Cumplimos diez días de éste último y veintidós del primero. Sigue habiendo tristeza e incertidumbre a pesar de la inercia social, comercial y política que obliga a regresar a las dinámicas de lo cotidiano, a la “normalidad” exprés, aunque en definitiva ya no somos los mismos y tardará tiempo para recuperarnos. Comparto a continuación tres crónicas realizadas del 22 al 25 de septiembre en algunos de los puntos afectados en la Ciudad de México por el sismo de 19 de septiembre de 2017. Mi admiración y reconocimiento a las mujeres y y hombres que apoyaron y siguen apoyando con amor en las labores de rescate. hombres que apoyaron y siguen apoyando con amor en las labores de rescate.

22/IX/2017.
Chimalpopoca y Bolívar, colonia Obrera, 11:00 pm. En medio de la tensión, la oscuridad devoradora de calles y cuadrillas militares flanqueando los accesos, cientos de jóvenes esperan su turno para ingresar a la zona de desastre. Sus brazos y cascos van marcados, por razones de seguridad y para facilitar la identificación en caso de contingencia, los voluntarios no son ingenuos, saben que ponen en riesgo sus vidas, pero están dispuestos. Se alcanza a leer en el casco rojo de una muchacha la palabra ‘Aztecas’, así fue bautizada la brigada en la que trabajará esa noche. Los ánimos van encendidos, aunque enmarcados por una mirada que no esconde el luto. La fila es larga, ya se han juntado catorce grupos, cada uno con veinte integrantes, mujeres y hombres de entre 18 y 30 años, al menos esta fue nuestra impresión, una presencia dominada por la juventud que se entrega sin hacer demasiadas preguntas, sabe que hay que ayudar y ayuda. Uno de los brigadistas nos comenta que él acudió desde el día uno y que ahí permanecerá hasta el final.

24/IX/2017.
Es difícil pensar en dos palabras que concentren tanto abandono: ‘último silencio’. El viernes estuvimos en el futuro, lo que ocurrió en Bolívar y Chimalpopoca es lo que se atisba para el multifamiliar de Tlalpan, y lo que se vislumbra para Álvaro Obregón, la Del Valle y otras zonas ‘cero’. El ‘último silencio’ anuncia un intento final por escuchar ruidos, golpes, avisos de una vida resistiendo la muerte. Un puño cerrado en el aire, el silencio inundando el ambiente, la esperanza de extender el tiempo. Sin embargo, el viernes el silencio fue sólo silencio, la decisión había sido tomada en la colonia Obrera: — entrarán las máquinas —se dijo. En cambio, el sábado la Del Valle estaba llena de esperanza. Se salvaron vidas gracias a la sociedad civil. Mujeres y hombres trabajaron sin parar, los turnos se prolongaron hasta la madrugada y siguen aún, como en distintos puntos en este momento. Uno de los brigadistas nos comentó que se había hecho mucho, pero que era importante continuar haciendo presencia para evitar que las autoridades resuelvan el ingreso de maquinaria pesada. Sigue habiendo vida y a esa vida hay que respaldarla…

25/IX/2017.
21.00 pm. Llegamos a División del Norte y Heriberto Frías. Desde hace días el lugar había estado lleno de voluntarios, de mujeres enfundadas en casco, botas, batas clínicas, hombres preparando alimentos y repartiendo víveres, jóvenes organizando brigadas. Escuchábamos a uno de esos jóvenes instruir a los agrupamientos de rescate: “la jornada es larga, hidrátense, coman algo, prepárense para trabajar duro, sabemos la hora de entrada pero no la de salida… No queremos héroes, si se sienten cansados, pidan relevo, ¡las ambulancias son para los sobrevivientes, no para ustedes! ¡Ánimo!”.

Ayer la imagen fue radicalmente distinta, poca gente, poco apoyo, los que antes desbordaban las calles para ofrecer alimentos calientes hoy eran apenas unos cuantos.

Preguntamos a uno de los organizadores de las brigadas a qué atribuía tan escasa asistencia: —no queremos tener a la gente parada sin hacer nada, es mejor mandarlos a sus casas y citarlos a la hora del próximo ingreso — respondió.

Nos acercamos a la ‘zona cero’ como en días pasados para llevar las topopetacatl (bolsas caseras de hidratación para los rescatistas) y la sensación persistía, las calles antes cuajadas de voluntarios ahora abrían paso a maquinaria de gran calado, grúas, camiones de volteo, tractores.
Dejamos las bolsas con uno de los coordinadores del campamento, con quien ya antes habíamos platicado y no pudimos evitar las preguntas. Nos dijo que ya se había trabajado seis días seguidos, a pesar de que la marina tenía intención inicial de sólo realizar labores de rescate dentro de las primeras 72 horas por razones de seguridad y salubridad —después de ese tiempo existen riesgos de contagio —señaló el coordinador. Luego agregó: —Se ha trabajado de manera extenuante, yo he dormido acaso unas cinco o seis horas, hemos tenido mucho cuidado en remover escombros —decía esto mientras nos mostraba unas imágenes en su celular y añadió: —hay que entender que los marinos deben atender otras zonas y los voluntarios también—.

En ese momento una muchacha se acercó para preguntar si requerían voluntarias y el coordinador le respondió en seco —Aquí ya no, hija—. Una mujer que escuchaba nuestra conversación intervino de pronto: —Oye, entonces ya se terminaron las labores de rescate en esta área—, el coordinador respondió—¡Permítame, señora!, estoy con estas personas que vienen a entregarme equipo —se refería a nosotros para evadir la pregunta, aunque nosotros insistimos sin resultado. No hacían falta respuestas, el contexto hablaba por sí solo.

La impresión final que recogimos fue la de una gran urgencia por zanjar el asunto, por volver a la “normalidad”, mostrar un rostro oficial “eficaz”, esconder los escombros, matizar las cifras, seguir adelante aunque ello exija una buena dosis de insensibilidad.

Ese 25 de septiembre nos marchamos de la Del Valle con el corazón hecho un nudo pensando en las zonas afectadas de la ciudad que pronto serían barridas por la maquinaria institucional, y por las poblaciones fuera de la ciudad, golpeadas con mayor fuerza como consecuencia de la marginalidad precedente al sismo. Esperemos que frente estas catástrofes no haya olvido instantáneo, sobre todo porque lo más difícil se asoma en el horizonte.

*Licenciado en derecho y Filosofía.

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