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Pesadilla en el Panteón Reforma

Por sábado 30 de septiembre de 2017 Sin Comentarios

pesadilla en el panteon reforma

Por: Luis Antonio Garcìa Sepulveda

Me encontraba en el panteón Reforma de Mocorito Sinaloa, eran las dos de la tarde y un calor de 45 grados me hacia sudar a raudales. El panteón se encuentra a un kilómetro de distancia de la casa más cercana y no había una sola persona en el camposanto, todo estaba quieto y callado, a mí alrededor no se escuchaban ni los cantos de los pájaros, el cálido viento ocasionalmente se arremolinaba en mis pies y levantaba hojas secas del suelo depositándolas sobre mis zapatos.

Con mi cámara fotográfica en la mano, iba tumba por tumba buscando y fotografiando las más antiguas, tenía que escribir la historia de este panteón y necesitaba las fotografías. Cuando llevaba dos horas de trabajo bajo los candentes rayos del sol, me sentí cansado y mareado, a lo lejos escuche el relincho de un caballo y una abeja pasó zumbando muy cerca de mi rostro.

Se me había olvidado llevar agua, así es que sentía una gran sed, busque un árbol grande con buena sombra y me senté a descansar apoyando mi espalda en su tronco, el mareo no se me quitaba, cerré mis parpados, y descansé así un momento. Cuando abrí mis ojos me percate que frente a mi había una cripta muy antigua con una puerta de madera hermosamente labrada.

Mi curiosidad me hizo levantarme, y me acerque a la cripta, abrí lentamente la hermosa puerta, me asomé al interior de la capilla, era amplio pero muy oscuro, El sol me había encandilado y no podía ver
nada, me metí a la cripta, y di varios pasos en la oscuridad, de pronto mi frente choco con un bulto que no era blando ni duro, alcé la vista, y ¡me espante! En la penumbra pude ver lo que parecía el cuerpo de un hombre colgando.

Súbitamente en mis oídos escuche un sonido infernal, ¡miles de abejas me rodeaban! Lo que había tocado con mi cabeza no era un cuerpo humano ¡No!

Era un panal de abejas que al sentir el movimiento, salieron por miles para defender su casa. Sentí mucho miedo ¡Eran abejas africanas! ¡Abejas asesinas! Bastaba con que una sola me picase para que con ese piquete se liberara un olor que les indicaría a todas las demás, a quien y donde deberían picar. Si me atacaban, como eran miles, su veneno me mataría antes de llegar a la casa más cercana, el panteón estaba solo y nadie acudiría a mis gritos de auxilio y moriría en medio de dolores terribles.

Me moví lentamente rumbo a la puerta que había quedado semiabierta, estaba a punto de alcanzarla cuando sentí un fortísimo piquete en el cuello, una de las abejas me había picado, ya no tenía salvación, como si obedecieran una orden toda la colmena ¡miles de furiosas abejas con un horrible zumbido se me vinieron encima y me cubrieron el rostro, han de ustedes a saber que ellas atacan las zonas oscuras de la cabeza, los ojos, la nariz, la boca, los oídos y el cuello, Y se te meten por la boca y nariz no dejándote respirar. Alcance a salir de la cripta con los ojos fuertemente cerrados protegiéndomelos: y cuando los abrí…

Me encontré sentado, recargado en el tronco de un frondoso árbol, varias moscas zumbaban a mí alrededor, las espante con mis manos, busque la enorme cripta a la que había entrado, y no estaba, como tampoco estaban las abejas asesinas, de pronto, comprendí todo, ¡había tenido una espantosa pesadilla en el panteón Reforma! Me levanté y camine hacia el pueblo, el sol y la deshidratación me habían afectado; me fui a mi hotel a descansar, dormí profundamente lo que quedaba de la tarde, otro día iría de nuevo al panteón a proseguir mi trabajo, pero esta vez, no se me olvidaría llevar un garrafón de agua, un sombrero, y por si las dudas, repelente contra insectos, no fuera que me encontrara con un nido de abejas como en mi sueño, sólo que de hallarlas, me iría corriendo del panteón Reforma, de Mocorito Sinaloa.

* Cronista de Culiacàn

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