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De San Juan, por todo el mundo

Por sábado 15 de julio de 2017 Sin Comentarios

Por: Juan Carlos González

En la noche de San Juan,
cómo comparten su pan,
su mujer y su gabán,
gentes de cien mil raleas.
J.M. Serrat (1970)

de san juan
Esta entrega es a propósito del pasado 24 de junio, día de San Juan, que se celebra en muchos lugares de habla hispana con diferentes características, por ejemplo en parte de Europa cobra mucha fervorosidad, al ser conocido este santo como precursor del Señor Jesús, pero además es una fiesta que es cercana al solsticio de verano, etapa del año en que es de suponer que inicia también el momento de la siembra, pues vienen las lluvias y en consecuencia la aparición futura de cosechas. Por ello esta fiesta, la de San Juan, también se relaciona con el agua, la hierba, la siembra y el fuego.

Con el fuego, pues culturas diversas como la céltica, griega o azteca, encendían enormes hogueras con el ánimo de purificar la nueva parte del año que llegaba, al trabajo y a los hombres que hacían producir los alimentos. En Marruecos y Argelia también hay sendos ejemplos de esta práctica. Al hablar de encender hogueras con los propósitos ya mencionados, debe entenderse que se realizaba una noche antes, es decir el 23 por la noche y bien entrada la madrugada del 24 se llevaba a cabo este importantísimo ritual.

Aquí hago un pequeño desvío pues quiero acotar que desde hace mucho soy admirador del famoso Joan Manuel Serrat, y me hago imaginaciones de esa noche de San Juan en la que las parejas casamenteras acomodan nombres en urnas para hombres y mujeres y sortean su futuro en un juego de amor y picardía alegre; la noche de las cédulas le llaman en algunas regiones del sur español departiendo con tartas, chocolate y otras delicias.

Ese festejo no ha sido ajeno a mi terruño, pues antaño en un gran terreno conocido como la brecha, se reunían con acompañamiento de música regional,

cerveza y un ambiente de algarabía en el que participaban hombres montados en cabde san juan 2allos o burros y “corrían el San Juan”, una suerte de “tacuachadas” o carreras sin mucha planeación pero eso sí, con mucha emoción.

En Mocorito, por la región sur del municipio, precisamente en una comunidad que está habitada por apenas 400 personas y poco más de 100 casas, enclavado en el inicio de una bonita serranía; ahí hay una capilla, por cierto muy antigua y se venera a San Juan y en esa fecha los habitantes organizan diversas actividades entre las cuales está una procesión, en la que se lleva un pequeño bulto de esa imagen por algunas callejuelas hasta llegar a un paraje en que han provisto de grandes recipientes con agua, con la que los habitantes harán un ritual a modo de bautizo en el que se avienta agua a los participantes; quizá una manera de pedir abundancia de lluvias y por ende buena cosecha.

Como por suerte mis padres me nombraron Juan, éste es un día muy importante para mí, quizá más que el de mi cumpleaños, pues desde muy niño me hacía de regalos que algunos señores muy queridos por la convivencia diaria en aquel mercado viejo en el que sin falta don Beto Bon, Napoleón Bonyouchoa, don Juan Rosas, mi tía María Rodríguez, Mon Velázquez y otros locatarios me daban una moneda de regalo que sumadas se me convertían en un buen presente y por eso ese día es muy especial para mí. Y a manera de broma, hasta el día de hoy mis hermanas me siguen prometiendo una piñata que desde niño fue una ocurrencia que celebramos juntos.

Así pues, la fiesta del día de San Juan es muy recordada en España y México y especialmente para quien esto escribe. El fuego, la pureza y el trabajo son símbolos que la representan, pero además para mí vienen recuerdos especiales y atisbos imaginativos cuando Serrat dice “Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas… Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.

*Autor y docente UAS Campus Mocorito

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