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EL 5 DE MAYO CUMPLIÓ 100 AÑOS EL MUNICIPIO DE ELOTA

Por miércoles 31 de mayo de 2017 Sin Comentarios

elota

Por: Faustino López Osuna

El tiempo viene y se va sin detener su carrera, digo en mi corrido a Elota. En la espléndida obra “Toponimias, Geografía e Historia de Sinaloa”, del esforzado y estimado historiador y columnista Teodoso Navidad Salazar, se lee: “El gobernador Ángel Flores impulsó la creación de muchos municipios, entre ellos Elota. Por decreto No. 29, del 3 de abril de 1917, publicado en el Diario Oficial del Estado de Sinaloa, Elota se erigió en municipio libre con cabecera en el poblado del mismo nombre, hasta que el 8 de mayo de 1937 (siendo gobernador interino de Sinaloa Juan de Dios Bátiz Paredes), los poderes son trasladados a La Cruz, naciendo de manera oficial el asiento del H. Ayuntamiento… Creado el municipio, el primer presidente municipal fue Sebastián Tolosa Arana; el encargado de tomarle protesta por instrucciones del gobernador Ángel Flores, fue el presidente municipal de Cosalá, J. Manuel Alarid, el 5 de mayo de 1917”. En estos días se cumplen, pues, los primeros 100 años de este querido municipio que tiene, entre otros méritos, la grandeza de darle a Sinaloa uno de sus once ríos.

Elota me trae recuerdos luminosos. De mis días de estudiante de secundaria en el internado de la Prevocacional (del IPN) en Culiacán, viene a mi memoria que sobre la carretera internacional (México-Nogales), casi en el margen del río, en la década de los años 50 del siglo pasado, estaba el restaurante que era parada obligada de los transportes Tres Estrellas de Oro, del Pacífico y Norte de Sonora, para que los pasajeros tomaran sus alimentos, en las corridas Mazatlán-Culiacán o viceversa. Cuando todavía ni se imaginaba la autopista, el poblado más pintoresco y prestigiado del rumbo, también para esos fines, lo constituía El Espinal, en cuyas fondas se podía comer desde cocido, frijol con hueso, carne asada, palomas, codornices, conejo, jabalí y venado, lo mismo que asaderas, quesos, requesón y jocoque. En el mismo lapso de la Prevocacional, tocó cerrar un sexenio y abrir otro, como gobernadores, a dos sinaloenses conectados a la historia de Elota: Rigoberto Aguilar Pico y Gabriel Leyva Velázquez, de allá la reconocida familia del primero, y nombre de una de sus Sindicaturas, el segundo.

Igualmente, de esas latitudes tuvimos en Secundaria, impartiéndonos magistralmente la materia de Literatura, a la inolvidable maestra Gertrudis Sam Ble Castro, Tulita, cuyo nombre se impuso a una preparatoria de La Cruz. Ya he contado que en los tres años (1978-1980) que fui director de Desarrollo Integral de la Comunidad Rural del Estado de Sinaloa (DICRES), acompañando todos los fines de semana al gobernador Alfonso G. Calderón en sus giras de trabajo por la Entidad, tuve la fortuna de conocer hasta el último rincón de nuestra geografía, desde Choix hasta Escuinapa, y se fue dando que le compusiera canciones y corridos a nuestros municipios. Cuando en 1992 Elota cumplió 75 años, me invitaron del H. Ayuntamiento para que les estrenara el suyo y así lo hice, acompañado por el cuarteo de los Hermanos Osuna, en La Cruz. Hoy, que me honra contar con la valiosa amistad de elotenses distinguidos, como el diputado Germán Escobar y Ángel Geovani Escobar, presidente municipal, se me solicitó el corrido que compuse al municipio, enorgulleciéndome que pueda formar parte del homenaje que se merece, en el primer Centenario de su creación constitucional. Hago votos por la grandeza y felicidad de Elota y su pueblo.

Aquí me pongo a cantar
a Elota, mi hermosa tierra,
y a su Alcaldía Central:
La Cruz, que es su cabecera,
porque no había otra igual,
trabajadora y sincera.
Los pueblos de mi región
son de verdad importantes:
Renato Vega Amador
y Gabriel Leyva Velázquez,
le dan renombre y honor
a Elota por todas partes.
A Sinaloa Elota da
uno de sus once ríos,
el Nuevo Zoquititán
le da gloria al municipio,
Tecuyo y El Espinal
lo visten con su prestigio.
Celestino Gasca está
frente al mar como un vigía,
Buenos Aires vive en paz
su gente es franca y sencilla,
se puede decir igual
sobre Rincón de Ibonía.
El tiempo viene y se va
sin detener su carrera;
cuentan que de Cosalá
tierra de gente cabal,
tan pura como la nuestra.
Adiós mi Zoquititán
mi Salto y mi Conitaca,
desaparecieron ya
bajo la presa y sus aguas,
nunca los voy a olvidar
porque los llevo en el alma.

* Economista y compositor

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