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Un 10 de mayo de tantos…

Por lunes 15 de mayo de 2017 Sin Comentarios

Por: Nicolás Avilés González

un 10 de mayoLos 10 de mayo, me trasportan a mi infancia, a los homenajes que hacía en la escuela primaria, estos eventos estaban dedicados a reconocer a las madres de los alumnos que ese tiempo la cursábamos. Me veo con un jabón en la mano, ah, eso sí envuelto con papel para regalos, los más llevaban perfumes, generalmente baratos. Se había ganado con creces el jabón Palmolive, parir y batallar a siete y de paso a mi padre con sus deslices. Es por eso que le dediqué la introducción del libro “Retazos”.

“El título del texto que hoy tienes en tus manos nació en mi infancia, ya que mi madre para sortear la economía raquítica que nunca nos abandonaba, para subsanar la necesidad de vestirnos a mis hermanos y a quien esto escribe, compraba en las tiendas de ropa en Costa, Rica, Sinaloa, saldos de telas que ella les llamaba retazos, y con estos nos confeccionaba en su máquina Singer pantalones tipo bermudas que nos cubrían hasta encima de las rodillas; con ellos pasamos la niñez y parte de la adolescencia, los hicimos hasta que nos entró la vergüenza (empezamos a fijarnos en las plebes) y ya no quisimos usarlos. Al concebir estos fragmentos de literatura, recordé a Petra González de Avilés mi madre, y sin pensarlo mucho lo escogí como homenaje a ella, porque de estos es lo que está compuesta la cotidianidad; de pedazos de existencia misma. Desde hace tiempo me acompañaban y por eso no podía dejar de compartirlos ya que de alguna manera son parte de mí, del quehacer diario, y que emergen del encuentro con el otro, con el ser común que conforma nuestra idiosincrasia”.

Esa fue mi madre, la mujer que sorteo tempestades y que nos dirigió la niñez, la adolescencia, la juventud temprana y siguió iluminándonos la existencia durante los estudios profesionales a los siete hermanos Avilés González donde cosechó dos médicos especialistas egresados de la UNAM, una doctora en química por la universidad de Leipzig, Alemania, otra maestra en ciencias e investigadora en entomología y sanidad vegetal, una química bióloga y dos docentes, todo por la mano dura cuando se necesitaba y blanda cuando era prudente hacerlo.

Hoy ha casi dos años que a la edad de 93 años nos abandonó físicamente, pero aún sigue en el diario accionar de cada uno de nosotros, sus siete hijos. Le tocó parirnos y estar presente de manera amorosa cuando abrimos los ojos, a me tocó cuidarla como médico los últimos treinta años de su vida, y en suerte estuve presente para cerrar los suyos cuando quedó como pajarito dormida en su cama, que fue su lecho durante los 26 años que sobrevivió a la muerte de mi padre Nicolás Avilés Osuna.
Descansa en paz bella guerrera de las grandes jornadas en la Singer, en el lavadero, en la cocina, en la plancha, bañándonos y peinándonos a cada uno de nosotros para mandarnos a la primaria. Que Dios te tenga como mereces inolvidable mujer de los Avilés González y no solamente de Avilés como a ti te gustaba firmarte.

Hasta siempre madre mía.

* Autor y doctor

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