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EL AGUA MILAGROSA

Por martes 28 de febrero de 2017 Sin Comentarios

el agua

Por: Nicolás Avilés González

-Levántate Hijo, que se nos hace tarde, manejaremos todo el día para llegar al lugar donde está el venero de donde brota el agua que aliviará las dolencias que últimamente le han v enido a tu tata-
Desde hacía unos meses a Don Prudencio Navidad lo aquejaba un dolor intenso como si le clavaran una daga que le atravesaba desde el medio del pecho hasta la espalda.

-Manejaré hasta que me canse entonces te daré la troca para que le sigas, mira que cuando uno se hace viejo ya no sirve para na da- Juvenal, lo decía al joven mientras lo apuraba para que se alistara para el viaje que estaban a punto de emprender. Gabino con la parsimonia juvenil que le caracterizaba, dijo- Ya voy Apà, nomás me lavo la cara, los dientes, me pongo la ropa y huaraches y nos vamos-
Enseguida retiró de manera despreocupada la sabana con la que cubría su cuerpo. Mientras tanto, la madre de Gabino atizaba las hornillas con el fin de calentar las tortillas y con ellas se hicieran un taco de frijoles y cuajada y que tomaran del café de olla que a esas horas despedía un olor delicioso que inundaba la casa e invitaba a sacudirse el frìo que se sentía en las Tapias esa madrugada de enero. Fuera todo estaba oscuro; el escaso ganado dormía en los corrales y sólo los perros los acompañaban recostados sobre el piso de tierra, esperaban un bocado bajo la mesa de tablas de pino donde padre e hijo se frotaban las manos para que les sirvieran el desayuno.

-Apúrate Gertrudis, tenemos que irnos ya que a donde vamos me han dicho que está muy lejos del rancho. Ya voy- lo decía la serrana mientras con sus manos rel agua milagrosaedondeaba de manera apresurada la masa que en un movimiento rápido las colocaba de manera cuidadosa sobre el comal tapadera de tambo que casi ardía por efecto de los leños de mezquite que la quemaban. -Haber si nos aguanta la troca Apà, ya ve que las llantas están casi lisas y he visto que sube las cuestas muy apenitas- Bueno hijo, espero que nos lleve y nos traiga, sino fuera porque el viejo necesita aliviarse no iríamos. Recalcó- Nos va ir bien, no te preocupes. La charla se llevaba al mismo tiempo que ingerían los alimentos de manera apresurada. Tenían planeado ir, llenar el virón de veinte litros que llevaban y regresarse, no tenían suficiente dinero para quedarse a dormir en un hotel y comer en fondas. La economía era como casi todos los del rumbo; raquítica.

El vehículo donde se trasladarían era una camioneta destartalada que a base de remiendos les servía para acarrear agua y pastura a las pocas vacas que alimentaban para luego venderlas. No estaba en condiciones como para hacer un viaje largo en carretera, sin embargo no había de otra, el motivo ameritaba correr el riesgo. Terminaron de ingerir los alimentos y dio Juvenal la voz de arranque

-Vamos Gabino- Si Apà, vamos-contestó el jòven
-Pa ¿Quién le dijo lo del agua a mi Tata?-preguntó Gabino
– Mi madrina Monchi se lo dijo, además le aseguró que quien la toma se está mejorando de las malarias que padecen, con decirte que le dijo que llegan autobuses repletos del “Otro lado” a beneficiarse con la agüita. Y que un pelotero famoso de Los Ángeles manda a un propio para que se la lleve ya que tiene una enfermedad que le resultó dizque cuando se acostó con otro macho.

-Entonces si cura esa enfermedad que dicen les da a los “manos caídas” ha de ser buena; cuantimás los males de mi Tata, de seguro se le pasaran esos dolores que le vienen de la nada y nos tiene con el miedo
de que en uno de ellos se acabe.
-Así es Mi´jo, verás con esa toma se pondrá como nuevo- Mientras platicaban al mismo tiempo avanzaban de manera algo lenta por la carretera México 15 rumbo al centro del país.

Finalmente llegaron a aquella llanura donde estaba el ojo de donde emanaba el agua de la cual se juraba que poseía propiedades curativas, según los rumores tenìa compuestos atómicos con los que curaba el cáncer, el sida y muchos otros trastornos degenerativos cerebrales. La afluencia hacia aquel venero que estaba a flor de tierra se contaban por miles, entre enfermos o sus familiares que con recipientes en las manos intentaban a toda costa llegar para llenarlos con el remedio. En el sitio había algunos lugareños que auxiliaban al dueño del terreno para vigilar el orden de cada uno de los que llenaban.

-Va a estar cabròn llegar hasta el agua- Afirmó Juvenal Navidad- Las filas eran interminables de personas; las había en silla de ruedas, otras que portaban bastón, lisiados, ciegos, algunos con problemas motores, todos con el bidón en sus manos.

-Pero, si no llegamos pronto, dormiremos en la camioneta y mañana nos vamos- Está bien Apá- replicó miuno el muchacho – pero ojalà y avance pronto la fila ya ve que no hay ni en que sentarse, estamos a cielo raso y con mucho frìo- Esperemos Mi`jo hay que tener fè. Agregó de nuevo Juvenal con el fin de consolar a su hijo. Enseguida le pidió lo siguiente
– Cómprate unos tacos a esa carreta y te traes un refresco, mientras continuo en la fila. Ya me anda de hambre-

-Yo también estoy rete filoso, comimos muy temprano lo que nos sirvió mi Ama y ya son como las cuatro de la tarde. Enseguida Gabino se fue a comprar en las carretas de fritanga que estaban para atender a los peregrinos. Su padre se quedó con el bidón sucio y raspado de veinte litros que alguna vez fue blanco. Comieron con bastante apetito, disfrutaron las carnitas con las que se les aplacó un poco el hambre, pero no tuvieron para comprar más. Se conformaron con eso.
-Ya no falta mucho para llegar, en cuanto llenemos nos regresamos al rancho aunque lleguemos amaneciendo para que mi Apà tome el remedio-

-Así es Apà, pronto nos devolveremos con el milagro en la mano. Finalmente llenaron al recipiente y ya con este en sus manos se dirigieron rumbo a la troca –Vámonos- dijo Juvenal a su hijo. Eran como las cinco de la tarde y después de batallar con el encendido de la camioneta arrancaron de El Tlacote en Querétaro rumbo a las Tapias en Sinaloa.

En el camino de regreso avanzaban contentos, satisfechos comentaban sobre temas diversos y lo principal
sobre el vehículo – Espero nos lleve hasta la casa de vuelta, ya ves Mijo como se pajarea, lo hace como si fuera mula sin tapujos, tengo que ir listo ya que se va para ningún lado, tiene mucho juego el volante, pero ya la tengo bien calada y por eso que la llevo por su carril, pero al menor descuido quiere irse. Te lo digo para que tengas cuidado cuando la agarres – Pues si ya sé, en la venida me traía muy nervioso.

A la vieja pick up le venía fallando el motor como si fuera falla de corriente, echaba humo, se  pajareaba, pero así llegaron en la madrugada a cenar tacos a una carreta de Tepic- Ya nos falta menos para llegar Gabino- ¿Cómo te sientes?- Bien

– Si te cansas agarro el volante. – Te la doy pasando Mazatlán. El cambio se dio en el Venadillo
-Ahora si vengo desinflado toma la camioneta- Si está bien- enseguida estaba conduciendo el joven. Vete con cuidado, no te confíes, Si Apà

-¡Cuidado, cuidado, vas muy al medio, cuidado! en esto, encandilado por un camión de carga, dio un volantazo hacia la derecha. Enseguida se escuchó un estruendo, el vehículo dio tumbos sobre tumbos, la inercia los arrojó de la cabina y finalmente fue dar el fondo de una pequeña hondonada donde se detuvo. Enseguida todo oscureció.
– ¡Están muertos!- dijo uno socorrista de la Cruz Roja que acudieron a prestar ayuda en el accidente -Déjalos ahí para darle parte al Ministerio Público y hagan las diligencias pertinentes.

Mientras tanto en el rancho, la pareja de ancianos no podían conciliar sueel agua milagrosa 2ño.
-Como se tardan en llegar los muchachos Gertrudis- Si, ya me tienen con pendiente- dijo ella, luego el enfermo agregó- Ya deberían de haber llegado, al menos que algo malo les haya pasado- decía Don Prudencio, mientras se llevaba las manos al pecho, de pronto su piel se tornó color de cera, la frente se perló de sudor que le escurría abundantemente por ambos lados de la cara- ¿Qué te pasa Prudencio, te sientes mal?- Si tengo problemas para llenar el pecho de viento- contestó y enseguida se tendió en el catre de lianas y el anciano quedò boca arriba, quieto, muy quieto, ya no se movió…

* Medico y autor

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