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ACEITANDO EL RIFLE

Por martes 31 de enero de 2017 Sin Comentarios

aceitando el rifle

 Por: Jaime Irizar

Un fin de semana muy tranquilo conducía mi coche, escuchando la radio local de la cual salían unas voces con dejo de morbo y perversidad, de periodistas radiofónicos que integraban una mesa de análisis y que se dedicaban a difundir sus opiniones en relación a los eventos políticos y de sangre más importantes sucedidos en la víspera. En un espacio de tiempo muy corto, cada uno a su modo, intentaba componer el mundo a la par que informar, generando estrés al hacer los pronósticos económicos y políticos del país, sin olvidar que, además, intentaban definir con precisión el perfil psicológico de los actores políticos de moda y se atrevían a externar, no exentos de cierta soberbia, comentarios sobre lo que se tendría que hacer para remediar las situaciones referidas.

Daban la impresión de que todo lo sabían y que ellos en realidad más que periodistas, eran cerebros privilegiados que estaban siendo desaprovechados por gobiernos y las sociedades del mundo. No dudo de su capacidad reporteril, ni de la influencia que en las masas tienen los medios de comunicación masivos, pero lo que llamó mi atención era su visión simplista y sesgada que tienen de las cosas importantes que en el ámbito político, social y económico están sucediendo y que sin ser unos expertos comprobados en la materia, quisieran dictar una cátedra magistral. Bien dice el refrán que es muy común que aquel que no sabe cómo hacer las cosas, le da siempre por enseñar a hacerlas.

Quise cambiar de frecuencia, pero en las rancherías por donde andaba sólo se podían sintonizar las estaciones que para “buena suerte”, estaban en red con el noticiero de mediodía. Apagué la radio siguiendo el consejo de mi hermano Jorge que decía:” que muy poco abona a la felicidad el conocer a fondo noticias serias y de gravedad del mundo en que vivimos, sobre las que uno en solitario poco o nada puede hacer para modificarlas”, y puse en su lugar un disco con los Beatles, grupo con el que me he identificado.

aceitando el rifle 2Mi estado de ánimo de inmediato cambió en virtud de que ya habían concluido mis labores del día, venía escuchando mi música preferida y ya me enfilaba en tránsito hacia mi casa a gozar de mí familia por el resto del día, cuando de manera súbita el motor de mi carro dejó de tener fuerza, la aguja del marcador de la temperatura se fue casi al tope, el calor generado por la falla mecánica referida invadió la cabina lo cual me obligó a hacer una parada en el rancho más próximo.

Para fortuna a escasos metros del lugar avisté un caserío, me dirigí hacia él, y en la primera casa que llegué a pedir ayuda, estaba sentado bajo un rústico portal, un señor de aproximadamente 78 años aceitando un rifle viejo que tenía, como si fuera un niño, recostado sobre sus muslos, mismo al que le pedí un poco de agua para echarle al radiador y solucionar de esta manera mi problema mecánico. “Tome de la pila que está ahí la que guste, me dijo con amabilidad, es lo único que le puedo ofrecer”, fue su lacónica respuesta. Así lo hice y después de solucionar lo del carro, pensé en ir a charlar un rato con él en señal de agradecimiento y cortesía.

¿Cómo le va? Fue la frase que utilicé para iniciar la charla. “Si no me pide pruebas, le diré que muy bien, pero si pretende hacer eso, mejor acerque una silla y dispóngase a escuchar una historia triste y angustiante, me contestó”. Siempre he sido una persona curiosa, a la que le gusta escuchar a todos sin distingos de edad o sexo, pero de una manera muy especial a las personas mayores, de quienes en toda ocasión les he aprendido algo de importancia. Soy todo oídos, le dije para animarlo a su confesión.

“Mire amigo, no es común que un hombre de mi edad reaccione con furia ante los acontecimientos que se están viviendo, mismos que hace unos minutos estaban difundiendo por la radio, pero la verdad sea dicha, es que son demasiadas las cosas graves que ocurren en mi país que ya no puedo mantenerme sereno ni al margen de ellas. Nunca en mi larga vida he sido tan infeliz; hoy por hoy, ya no tolero más tanto cinismo y corrupción de los políticos de todos los partidos sin excepción, quienes se dedican a enriquecerse a costillas nuestras y que tal parece que su única función, es diseñar las formas de hacer la vida imposible a los ciudadanos pobres y pacíficos. El gobierno, hoy en día, ya no puede garantizarnos la seguridad, ni la convivencia armónica.

La ley que priva actualmente es la que se impone por las armas y la violencia. Fíjese usted, dijo con tono triste, sólo para darle algunas razones, con muchos sacrificios mandé a estudiar a mis tres hijos a la ciudad y hoy, ya egresados de la universidad y titulados, no han encontrado más trabajo que el de ayudarme en las tareas del campo, de ésas que quise alejarlos ofreciéndoles unas posibilidades, según yo, de consolidar un mejor futuro. Son tiempos en los que la preparación y las capacidades no pintan para nada, sólo cuentan influencias y recomendaciones de peso para conseguir un empleo digno y para la tristeza y frustración de mis hijos y mía, no contamos con ninguna de ellas. Por otro lado, ofende a diario escuchar y leer en los diarios, los salarios que se asignan los representantes populares y el gasto descarado que realizan los partidos políticos, a la luz de unos hogares que no tienen que comer, mucho menos para pagar los servicios públicos que con saña y perversidad los gobernantes, día tras día, incrementan sus costos para engordar la alcancía donde meten sus manos con franca libertad. Tal parece que vivimos una época donde la lucha es del gobierno contra el pueblo”. Donde el gozo sólo es de los privilegiados y la tristeza y la frustración, la tienen en exclusiva los pobres”.

“Este es un tiempo en que hombres y mujeres de “valor”, pero sin principios, se han apoderado del mundo”. “Pero lo más triste amigo, es que a la fecha no ha surgido aún ninguna voz honesta que salga en defensa nuestra. Cada día que pasa se agrava la situación y los maestros, médicos, intelectuales, y sacerdotes, otrora líderes sociales auténticos, luchan hoy sólo para encontrar el modo para incorporarse a la clase de privilegio y a defender nada más sus intereses, dejando en el olvido a los desvalidos. Estoy harto ya de tantas noticias de robos, saqueos, corrupción y de la pobreza en que vivimos, sin que nadie haga nada siquiera para atenuarlo, mucho menos para remediarlo.

Por eso me la paso sobando con un trapo con aceite este rifle viejo, como si con ello acariciara el sueño de que mañana aparecerá el “mesías” que se anime a sacrificar su vida en aras de acabar con tanta injusticia
social, Yo, a mi edad, seguro que estaré listo para ayudarle. Ya no tengo nada que perder, pues ya nada tengo, pues hasta la esperanza me han quitado”. Para finalizar, solo me resta decirle que ya nada más faltan las “tiendas de raya” para acabalar el cuadro, pues todo lo demás, que era característico del Porfiriato, parece ser que aún existe sin cambio alguno, excepto que el poder y el dinero están en otras manos y con nuevos nombres. ¿De cuál democracia y de que cambio nos hablan los gobiernos? Si ansias de poder, dinero, prácticas corruptas y cinismo de los poderosos son los de siempre, todas ellas inherentes a los partidos de todos los colores y a los militantes y ciudadanos más distinguidos de todos los tiempos”.

Conforme avanzaba en su discurso, su cara reflejaba de forma notoria sus intensas emociones, poco comunes en personas mayores, de las que se espera tengan una franca serenidad ante la vida, dejándoles a los jóvenes la responsabilidad de mantener vigentes los espíritus revolucionarios y el coraje para implementar nuevas ideas. Finalmente dijo: “todavía, sin vergüenza alguna, las gentes del municipio tienen el descaro de querernos llevar a sus actos políticos de relevancia para que aplaudamos lo que por obligación y conveniencia tienen que realizar los servidores públicos.

Algún día habremos de entender que en las democracias verdaderas los representantes populares y los funcionarios públicos son nuestros empleados. Que a nosotros se deben, no a sus partidos. Tal vez mis ojos no lo verán, me dijo para finalizar, pero solo cuando el pueblo aprenda esta lección y exija el trato y realice la tarea que le corresponde, se empezará a construir una democracia que aspire perfeccionarse día tras día.” Porque hoy, los encumbrados a diario nos dicen y repiten hasta el cansancio, que todo va a cambiar, para que todo siga siendo igual”.

Gracias por el agua, charla y su mensaje le dije a modo de despedida, tras lo cual les confieso honestamente, que su plática me hizo evocar tiempos preparatorianos en los que conocí activistas de discursos incendiarios, de intenciones revolucionarias, de franca izquierda, mismos que hoy están encumbrados en las esferas del poder, mostrando conductas burguesas que otrora criticaban a muerte. Más tarde, preguntando a un vecino de mi nuevo amigo, me enteré, que el “señor del rifle”, fue maestro rural durante 50 años, quien hoy, tras haber cumplido generacionalmente con su ejemplar deber cívico y de padre de familia, sólo le queda aceitar su arma, como una forma romántica de acariciar su sueño y rumiar en silencio y soledad su situación.

Me subí al coche, retomé mi ruta hacia la casa y resonando aún en mi mente las palabras del protagonista de esta anécdota curiosa como interesante, prendí de nuevo la radio y traté de sintonizar la estación del noticiero, muy convencido de que sin importar los medios electrónicos que se utilicen, sólo la información veraz, honesta y sin compromisos, será la que construya una nueva consciencia social con la consecuente búsqueda de alternativas de solución a la problemática que enfrentamos como familia y sociedad.

* Doctor y autor

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