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DE LOCOS LUMINOSOS

Por martes 31 de mayo de 2016 Sin Comentarios

Por: Faustino López Osuna

En plena euforia por los festejos conmemorativos de los 400 años de las muertes de Miguel de Cervantes Saavedra (quien conscientemente confesó vivir espantado de su propia grandeza) y de William Shakespeare (quien grabó como con cautín en la conciencia del hombre la contradicción del “ser o no ser”), vale la pena asomarnos a aquellos días cuyos acontecimientos dividieron para siempre la historia univer

sal, en antigua y moderna, siendo el protagonista más emblemático de su tiempo, Cristóbal Colón, el célebre navegante del que se dice, sin prueba, que nació probablemente en Génova, Italia, en un año tampoco comprobado: ¿1451? De ser así, contaba con 41 años de edad cuando descubrió el Nuevo Continente (para los europeos), finalmente llamado América en honor de Américo Vespucio, cartógrafo, italiano también, que levantó las cartas geográficas del mismo.

Para continuar, es necesario acotar que locura es demencia, privación de la razón. Conducta imprudente. Exaltación del ánimo. Sus contrarios son la sensatez y la cordura. A partir de ello, si los locos son luminosos, por contraposición los cuerdos son opacos de toda opacidad. Y la ignorancia elevada a dogma de fe, es más opaca todavía. Peor aún: si a la ignorancia se la dota de poder, político, económico, militar o religioso, no sólo es oscura sino dañina. Altamente dañina.

Después de imponer (en el nombre de Dios) reyes durante mil años de cristianismo, sosteniendo verdades falsas sobre el universo y su creación, del año 1000 al 1300, la iglesia, como cualquier imperio militar, quiso apropiarse de los lugares bíblicos donde había nacido y muerto Cristo, yendo al Asia Menor a asesinar árabes durante 300 años, mordiendo el polvo de la derrota propia, de los reyes, príncipes y todos sus ejércitos mercenarios. Éstos eran los sensatos, los cuerdos y los musulmanes eran los locos, incluido, claro, Saladino (1138-1193), héroe musulmán de la Tercera Cruzada, sultán de Egipto y Siria, quien finalmente los derrotó y se apoderó de Jerusalén.

Pero los adalides de la sensatez y la cordura no escarmientan, pues no terminaban de reponerse de la debacle de las Cruzadas, cuando, para enfrentar represivamente inconformidades diversas de súbditos y feligreses, como la reacción de los príncipes contra los abusos de la Iglesia en materia de poder temporal, la abundancia de bienes del clero y las deficiencias religiosas y morales de algunos de sus elementos, con el pretexto de descubrir y castigar a los herejes (persiguiendo los delitos de apostasía, de brujería y de magia), violando abiertamente la libertad de conciencia, la iglesia creó la Santa Inquisición, floreciendo, sombríamente, particularmente en Italia y España, desde el siglo XIII (1400).

Y como la represión suele ser la madre de las libertades, en ese ambiente de persecución universal de las ideas, en ese siglo, nacieron, para bien de la humanidad, geniales dementes, imprudentes y exaltados, de pensamiento científico e ideas luminosas, como Nicolás Copérnico (1473), Nicolás Maquiavelo (1469), Desiderio Erasmo (1469), Martín Lutero (1483), Miguel Ángel (1475), Gutenberg (1400) y el mismo Cristóbal Colón (1451).

A reserva de hablar posteriormente de los otros citados, volvemos a Cristóbal Colón, cuya trascendencia va del mito a la vulgaridad de las intrigas de la Corte de su tiempo. Se dice que deambuló por todos los reinos de Europa, tocando inútilmente puertas, en procura de que le creyeran en la viabilidad de su pro-yecto de otra ruta para llegar a las Indias y sufragaran los gastos de una travesía del Atlántico occidental.

El problema fue que los reyes eran ignorantes igual que los Papas y, éstos, que dizque por su boca ha-blaba Dios, tenían que la tierra era plana y no redonda. (Copérnico, que en 1492 contaba con 19 años de edad, ya tenía pruebas del doble movimiento de los planetas sobre sí mismos y alrededor del sol, pero un hermano suyo, mayor, con alto cargo en el Clero de Polonia, le había advertido que sería condenado a la hoguera si se enteraba la Santa Inquisición de sus descubrimientos científicos y que mejor aguardara otros tiempos para darlos a conocer).

Se dice igualmente que Colón alguna vez recibió información de una secta secreta en una ciudad medieval del norte de Italia, a donde habían ido a parar siglos atrás sobrevivientes del incendio y destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría hacia el año 641, salvando y llevando consigo planos antiguos conteniendo datos sobre la redondez de la tierra. Aun-que podían tomarse como falsos, en ello basaba su seguridad Colón para acometer su aventura, hasta que fue apoyado por Isabel la Católica.

Como el primer viaje lo consagró e inmortalizó, pocos se interesan en dar a conocer que Cristóbal Colón, entre 1493 y 1502, realizó tres viajes más al Continente. Que en el segundo viaje (1493) un her-mano suyo gobernó La Española (Haití) y en el tercero (1498) el desorden en La Española motivó el envío desde España de un juez especial quien, influido por los enemigos de la familia Colón, lo hizo detener junto con sus hermanos, siendo conducidos a España.

Que tras su rehabilitación, Colón emprendió el cuarto y último viaje (1502), explorando las costas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, regresando enfermo a España en 1504 donde, desaparecida la reina Isabel, su protectora, se estableció en Valladolid, ciudad en la que falleció poco después el 20 de abril de 1506 abandonado y amargado. Hoy hace 510 años y algunos días.

* Economista y compositor

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