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SAN JUNÍPERO SERRA, EL SANTO MÁS CERCANO A QUERÉTARO

Por martes 15 de diciembre de 2015 Sin Comentarios

Por: Andrés Garrido del Toral

En el mes de mayo de 1750 Fray Junípero fue nombrado presidente de las misiones de la Sierra Gorda, por el guardián de San Fernando, fray José Ortés de Velasco, para sustituir a Pérez de Mezquia. Así que de inmediato se puso en movimiento, junto con Francisco Palou, que recibió el nombramiento de subprefecto, y otros diez misioneros franciscanos.

El camino de México a Jalpan Junípero Serra lo hizo a pie, desde el 1 de junio, con su llaga sangrante, provocada por un ácaro o piojo, declinando la ayuda que le ofrecieron los indios ladinos que fueron por él a San Fernando; la segunda, porque a vuelo de pájaro es mejor de Zimapán a Pacula y de ahí a Matzacintla, cruzando el río de “El Desagüe” hoy llamado “Moctezuma”, para ni siquiera tocar Tilaco ni Landa sino agarrar recto para Jalpan, a donde llegó el 16 del mismo mes y año. Viendo el considerable atraso de las misiones de 1744 a 1750, comprendió que el mismo fue ocasionado por la constante rotación de misioneros y que éstos no tuvieron tiempo de aprender a comunicarse con los indios en lengua pame, por lo que de manera rápida aprendió tal lengua de un indio mexicano que se había criado entre los chichimecas desde niño, tal y como lo refiere su biógrafo Palou.

En otro orden, es muy sabido que él personalmente se estableció en Jalpan y dirigió la construcción de la misión de Santiago del mismo nombre y que para la de Landa, Concá, Tancoyol y Tilaco se auxilió de sus fieles frailes como Palou y Crespi y se da por hecho que solamente estuvo Serra en Jalpan y que de ahí no se movió. ¡Nada más erróneo! Baste ver el territorio andado después de su aventura en la Sierra Gorda para deducir que el señor cuando menos fue a supervisar el trabajo misional y de arquitectura que se desarrollaba en las misiones diferentes a la de Jalpan. Su amor por los indios y su evangelización integral que incluía los trabajos de agricultura, ganadería, enseñanza de la música, del español y oficios, ocupaba todos sus desvelos y deduzco con toda seguridad que el señor anduvo por toda la zona. ¡Si después de ser removido de Jalpan pidió permiso para evangelizar en Oaxaca, Mazatlán y la Huasteca! ¿Cómo se piensa que el señor peregrino de Dios no iba a recorrer y a supervisar las cuatro misiones restantes? No tengo dudas de que si bien fray Junípero Serra se encargó personalmente de dirigir la misión de Jalpan, eso no impidió de que en su carácter de Presidente de la Sierra Gorda supervisara y coordinara los trabajos de los misioneros asignados en cada una de las cuatro misiones restantes.

Junípero y sus seguidores comprendieron de inmediato que su lugar estaba al lado de los indios, de manera que su labor misional se apoyaba en un esquema de cooperativas sociales de ayuda mutua inspirado en los principios de humildad y caridad pregonados por San Francisco. Se trataba de fortalecer las capacidades productivas y de organización de los indios, de modo tal que pudieran defenderse del despojo, el maltrato y la explotación por parte de los ricos hacendados y las autoridades virreinales.

Se valió de muchos medios Junípero para hacerles entender a los naturales la palabra divina, entre los que destaco las misas cantadas predicando el mismo mallorquí y, en las festividades principales como las de Jesús y María, durante toda la novena con la asistencia de todo el pueblo. Gracias a la crónica sabrosa y elegante de Francisco Palou, puedo asegurar que fray Junípero Serra fue un gran promotor de la cultura y del arte, además de el gran precursor del turismo religioso en la Sierra Gorda pues sus diálogos entre niños, sus representaciones teatrales con pastorelas en navidades y su lavatorio de pies, procesión y su representación de la pasión de Jesucristo fueron tan famosas y bien puestas que hasta los españoles de los pueblos vecinos acudían a la misión de Jalpan en esas festividades quedándose a vivir en la misión durante el tiempo que durara la fiesta. Los viernes santos fray Junípero cargaba una cruz de madera pesada y grande, con cuyo peso Palou no podía a pesar de ser más robusto y joven que su jefe, el que la transportaba del templo de Jalpan a una capillita que improvisaron en una alta colinade las afueras.

Las misiones juniperianas constituyeron verdaderos sitios de integración comunitaria, de solidaridad social y de un fructífero encuentro intercultural que dejo su huella en esas verdaderas joyas del barroco novohispano del siglo XVIII. Sobra decir que al terminar el templo misional de Jalpan los indios quedaron más que capacitados y ejercitados en varios oficios como albañiles, escultores, cantereros, pintores, carpinteros, ebanistas, herreros y doradores. A imitación de fray Junípero Serra, los misioneros de las otras cuatro misiones también organizaron sus enclaves de la misma exitosa fórmula además de construir los templos respectivos con la misma receta aplicada por el siervo de Dios en Jalpan.

Digo a mis lectores que no confundan “las misiones” con los templos: aquéllas son todas dirigidas por Serra en su carácter de presidente, lo que le daba jerarquía jurídica sobre los demás misioneros. La jerarquía moral siempre la tuvo sin duda alguna. Misión era una demarcación territorial en las que se evangelizaba a los indios, además de darles sustento material, enseñarles lengua castellana y algún oficio, no dependiendo de ninguna autoridad mas que del fraile misionero y el Rey. Termino aclarando que solamente está registrada la visita que fray Junípero Serra hizo en 1767 al convento de La Cruz, en su peregrinar rumbo a las Californias, ignorándose si en sus múltiples regresos a enfrentar los juicios interpuestos por sus enemigos en la capital virreinal pasó por Querétaro o tomó de Guadalajara a Toluca y de ahí a la ciudad de México, camino que era más lógico.

* Cronista de Querétaro y Doc. en Derecho

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