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LA VIDA EN QUERÉTARO EN TIEMPOS DE FRAY JUNÍPERO SERRA 1750-1767

Por martes 15 de septiembre de 2015 Sin Comentarios

Por: Andrés Garrido del Toral

En 1750 el la vida en queretanoterritorio de lo que hoy es el estado de Querétaro se integraba por la alcaldía mayor de Cadereyta y el corregimiento de Querétaro, así, a secas, ya que el título de corregimiento de Letras llegaría hasta 1795. Jalpan y su contorno pertenecían a la alcaldía mayor de Cadereyta, pero al colonizar la Sierra Gorda bajo sus propios recursos José de Escandón y Helguera, condicionó sus servicios a no depender de ninguna autoridad civil, ni municipal ni virreinal, por lo que infiero que el alcalde mayor de Cadereyta nada tuvo que ver con la conquista y colonización de los territorios ocupados por Escandón a partir de 1744.

Cuando Junípero Serra fue enviado a Jalpan también puso como condición el no depender de ninguna autoridad civil en el espacio misional, además de que ninguna autoridad militar interfiriera con su labor, lo que lo llevó a chocar muchas veces con el famoso y duro conde de Sierra Gorda. El Junípero de Sierra Gorda fue misionero; el de California fue político más que misionero, porque llegó a San Diego dotado de poderes terrenales para organizar los diversos territorios norteños que estaban fuera del control de la Corona. En Sierra Gorda ya encontró los territorios misionales organizados por el conde de Sierra Gorda. Para mí, las misiones fernandinas de Sierra Gorda, fueron un verdadero enclave, es decir, un Estado dentro de otro Estado, bajo la firme dirección de Junípero Serra que no toleró injerencia de la autoridad política y de la autoridad militar. Por ello, en muy poca bibliografía juniperiana aparece la dependencia política de Jalpan a la alcaldía mayor cadereytense.

La ciudad de Santiago de Querétaro entre 1750 y 1767

la vida en queretaro 2No nos es ajeno que el siglo XVIII fue el más fecundo, prolífico y brillante para la ciudad de Santiago de Querétaro, mismo en el que fue declarada como la tercera ciudad del reino, solamente por debajo de la de México y de la de Puebla de los Ángeles. Las razones también son conocidas, por ser el principal cruce de caminos “de tierra adentro” y de la ruta de la plata, rumbo a Guanajuato y Zacatecas con sus ricas minas del argentino material principalmente y el descubrimiento de los yacimientos de ricos minerales en El Doctor, Cadereyta.

El ser crucero o punto de encuentro para las diligencias y recuas, obviamente que nos dejó beneficios en materia de comercio formal e informal, como la proliferación de mesones, hosterías y toda clase de vendedores ambulantes que prestaban valiosos servicios a los viajeros de cualquier posición económica. Las recuas con sus patronos y gañanes entraban o salían de la entonces bicentenaria ciudad por las garitas de México, Celaya, El Pueblito, San Pablo, San Miguel el Grande, La Cañada, El Portugués —situada en donde estuvo la Industria del Hierro, en la hoy calle de Invierno—. Fue tan toral el comercio, que varios de los edificios más importantes, dentro del género de la arquitectura civil queretana, fueron las residencias señoriales de los más prominentes comerciantes del lugar. Más aún, muchas de las obras para reacondicionar, ampliar o incluso construir edificios religiosos, estuvieron financiadas, en gran parte, por integrantes de ese poderoso sector económico.

El siglo de oro queretano y la obra arquitectónica 

la vida en queretaro 3El siglo de oro en la ciudad de Querétaro, no lo fue en la Sierra Gorda esclavizada en el atraso, la miseria y explotación de la naciente minería. Esta situación de bonanza no se reflejó en la Sierra Gorda queretana porque ésta no pertenecía al corregimiento de Querétaro sino a la alcaldía mayor de Cadereyta, pero a los habitantes de ésta les quedaba claro –con rencor incluido– que a su trabajo, sangre sudor y lágrimas se debía en mucho la grandeza de la cabecera del corregimiento vecino. La economía local tuvo un funcionamiento muy dinámico a lo largo de las primeras ocho décadas del siglo que nos ocupa. El periodo de mayor prosperidad, se situó entre 1735 y 1775, aproximadamente. Fue en esas cuatro décadas cuando los textiles de lana alcanzaron su mayor apogeo, al tiempo que también fue entonces cuando el comercio arrojó los mayores volúmenes de mercancías en movimiento. Y de igual forma, es notable como son esos años cuando se registró la mayor intensidad en el desarrollo de la construcción tanto civil como religiosa. A pesar de su obviedad, no está de más recordar que allí operó la relación causal entre la abundancia de recursos económicos y el incremento en la producción arquitectónica, es decir, siempre que una ciudad o región atraviesan por un periodo de auge, esa prosperidad material actuará como detonador de construcción.

El templo y convento de San Francisco no solamente fueron los primeros en construirse con piedra y canto en Querétaro, cuya edificación comenzó a mediados del siglo XVI y se terminó en el primer tercio del siglo XVIII, sino que muy pronto fue el ombligo de la vida social, cultural, económica, cultural y política de la naciente población y hasta el comienzo de la vida independiente en 1825. Los religiosos franciscanos eran dueños de casi todos los terrenos aledaños al pueblo y por consiguiente de los molinos, fuente de vida y nutrición. El primer molino se instaló en el hoy andadero de 16 de Septiembre, y estaba bajo el control franciscano. En lo cultural se formó la primera biblioteca conventual, se enseñó a los indígenas a leer y escribir en castellano además de artes y oficios. En lo social contaba con la notaría parroquial que asistía a los pobladores en todos los actos de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por el matrimonio. También era importante socialmente su dispensario médico, que daba consultas y cirugías a españoles e indios.

En lo político fue la sede de las oficinas municipales a partir de 1578, concentrándose allí no solamente el poder político sino también el militar. Plaza de Armas ni existía, era un vulgar solar propiedad de una india cacique. Donde ahora está la horrorosa plaza de la Constitución fue el cementerio y huerto del convento de San Francisco, sitio en que hubo una hermosa fuente. Las capillas de El Cordón, de la Tercera Orden y de la Casa Santa de Loreto, estaban en lo que hoy es el Gran Hotel. La capilla de San Benito, la de la gente de color, ocupaba lo que hoy es la parte sur del jardín Zenea. Entre los camposantos y cementerios que ya eran utilizados en tiempos de Junípero Serra puedo mencionar al de El Espíritu Santo que fue fundado en 1737, el de Santiago —que fue el primero en la ciudad—, el de La Cruz, el de San Francisco y el de San Sebastián que se puso en funcionamiento en 1718.

En lo que hoy es el estado de Querétaro llegaron a existir en esa época juniperiana 157 haciendas, concentrándose 140 en el corregimiento de Querétaro y 17 en la alcaldía mayor de Cadereyta. El trato de negocios y comercio de la ciudad de Santiago de Querétaro era muy considerable, pues además del que llaman fijo de los mercaderes en sus tiendas y almacenes, existían numerosos tianguis, como el de la calzada de Belén, el de San Francisco y el de La Cruz. Había también no pocas tenerías donde se curtían todo género de cueros y pieles, sacando muy ricos antes, cordobanes, gamuzas y baquetas. Pero el más considerable comercio consistía en los abundantes frutos de trigo, maíz, cebada y otras semillas que se cogían en las grandes haciendas que había en su inmediación. En los padrones del siglo XVIII, está registrado el testimonio del comercio virreinal: pulperías, fruterías, cajones de ropa, cordelerías, cererías, panaderías, carnicerías, sastrerías, sombrererías, barberías, entre otras. Eran muy alabados en el reino los dulces de Querétaro. La población económicamente activa de la época se dividía en los oficios de herrero, sastre, zapatero, curtidor, artesano, arriero, hoyero, aguador, portero, cargador, alfarero, pintor, fabricante de cal, cortador de piedra, soldado y atrapador de perros.

Un lastre social significaba para las mujeres que el matrimonio desaparecía rápidamente, creándose un estado de ilegalidad y de irreverencia a las instituciones y la conducta tradicionales, así como un aumento de la criminalidad. Los colonizadores españoles, liberados de las responsabilidades del matrimonio y con el único deseo de obtener oro y de alcanzar la gloria, vivían en el libertinaje, bebiendo mucho, jugando excesivamente y haciendo vida marital las mujeres indígenas. Como éstas no daban el mismo sentido de permanencia a las relaciones sociales que les habrían dado las mujeres españolas, surgió una sociedad turbulenta y desordenada. Durante el siglo XVIII, los hombres con grandes fortunas siguieron siendo protectores de los conventos a la vez que grandes patronos. Hicieron obras materiales en beneficio de la ciudad al principio del siglo XVIII, y puede decirse que formaron parte de la cultura y vida queretanas desde el siglo XVII. Entre esos grandes patronos cabe mencionar a Juan Antonio Urrutia y Arana, caballero de la orden de Alcántara, marqués de la Villa del Villar del Águila, único noble de la región que hoy es Querétaro que ostentaba un título nobiliario expedido en la Metrópoli (Madrid) y no en la Nueva España u otra posesión ultramarina.

Puedo decir que la oveja y la rueda fueron los pilares del desarrollo económico de la ciudad de Querétaro y su contorno. La oveja por ser fuente de materia para los obrajes y trapiches; y la rueda, por ser el principal elemento de las carretas que el padre Sebastián de Aparicio puso al servicio de todas las caravanas mineras, comerciales e industriales que dejaron beneficio al comercio de la localidad.

La ciudad de Querétaro, que en 1671 fuera reconocida por el monarca español como “Tercera ciudad del Reino”, sostuvo esta categoría sólo hasta mediados del XVIII, debido a la contracción que sufriera la producción textil de sus obrajes y el correspondiente desempleo en esa segunda mitad del siglo, situación que se agravó por las epidemias y la pérdida de cosechas. Por otra parte, los cambios en la política económica española afectaron particularmente los intereses de las élites locales y del clero novohispano y sus deudores. Es importante señalar las concesiones territoriales y nobiliarias obtenidas por José de Escandón para sí y para su hueste y las enormes fortunas familiares creadas por la tardía pacificación militar y religiosa de la Sierra Gorda. En Querétaro nadie desconocía que las fortunas de los poderosos hacendados serranos se habían formado con mercedes y concesiones obtenidas por la pacificación militar de la región. En general, esas condiciones permitieron que en la Sierra Gorda fuera usual la práctica de la esclavitud y la de encarcelar a los indígenas, hacerlos prisioneros y exigir fuertes sumas o dones por rescate. Junípero Serra —que visitó la ciudad de Querétaro por primera vez y pernoctó en La Cruz en 1767, a su paso para la bahía de San Blas—, no alcanzó a ver terminados el templo de Carmelitas y el templo y convento de Teresitas ni la fuente Neptuno, la Academia de Bellas Artes, la Casa de la Corregidora y la plaza de Arriba, con sus hermosos portales, y lógicamente que ninguna de las grandes obras del siglo XIX, como el teatro Iturbide, hoy de La República, pero sí Santa Rosa de Viterbo y el gran Acueducto.

* Doctor en derecho y cronista del estado de Queretaro.

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