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Los rostros de la mujer en la pintura: del renacimiento al impresionismo

Por martes 30 de junio de 2015 Sin Comentarios

Por: Iván Escoto Mora

La ciudad de San Francisco, California, es un lugar conocido por su intensa vida cultural, universitaria y política. Antiguas casas franquean con sus colores brillantes, las empinadas calles que serpentean bajo el sol. En 1894, con motivo de la Exposición Internacional de Midwinter California, se fundó en esta ciudad el museo de las bellas artes “Young”, para honrar la memoria de Michael H. Young, presidente del comité organizador de la exposición (deyoung.famsf.org).

Los pasados meses de marzo, abril y mayo, el Museo Young recibió en sus salas la muestra titulada “De Botticcelli a Braque”, recorrido pictórico por más de 400 años de producción artística. Al repasar cada una de las obras se observa la riqueza creativa de la humanidad congelada en lienzos; pero también, es posible echar un vistazo a las perspectivas socioculturales que retratan la percepción de la mujer ante la mirada del hombre. En seis piezas, correspondientes a épocas y lugares distintos, se aprecian diversas facetas del rol que se ha asignado a la mujer a través del tiempo; concepciones que, tras la sutileza de pinceladas geniales, revelan las cargas de la sociedad. En el cuadro “The Virgin Adoring the Sleeping Christ Child” (La virgen contemplando al niño Dios durmiendo 1485), Sandro Botticcelli presenta a la Virgen María rodeada de un rosal sin espinas, símbolo de la maternidad concebida sin mancha. En la mirada de la virgen es posible advertir un asomo de angustia. Quizá en sus ojos se lee el presagio de la muerte.

De Johannes Vermeer se muestra “Christ in the House of Martha and Mary” (Cristo en la casa de Martha y María 1654-1655). La nota informativa junto a la obra apunta que, de las treinta seis obras que sobreviven del artista, ésta es la única que retrata una escena bíblica, tal vez realizada por encargo de la Iglesia Católica. Se trata del episodio narrado en Lucas 10:38-42. Jesús llega a casa de Martha. María, hermana de aquella, de inmediato queda arrobada por las palabras del profeta y se dispone a sus pies para escucharle con atención. María increpa a Jesús:

–Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado
sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!
-Martha – le contesta Jesús-, estás inquieta y preocupada
por muchas cosas, pero sólo una es necesaria.

De Rembrandt van Rijn se exhibe “A Woman in Bed” (Una mujer en la cama 164[7?]). Se piensa que la obra podría representar a una de las tres mujeres fundamentales en la vida del artista: su esposa, la enfermera de su hijo o, su mucama. Sin embargo, el tono íntimo de la imagen sugiere que tal vez no se trate de ninguna de ellas. Para la época, sería altamente inapropiado que una modelo apareciera posando en una cama. Una interpretación más adecuada quizá apunta a la representación de otra escena bíblica, narrada en Tobías 8, 1-3.

El relato bíblico refiere a la historia de Sara, cuya carne porta una maldición. El demonio Asmodeo se ha enamorado de ella, impidiendo que algún hombre corrompa su cuerpo. Sara se ha casado siete veces, pero cada vez que sus maridos intentan consumar el matrimonio, resultan asesinados por la propia mano de la doncella. Su virginidad es resguardada bajo la sangre de los profanadores. Curioso paralelismo: mujer poseída por el demonio, demonio poseído por la mujer. Tobías, quien se convertirá en el octavo esposo de Sara, recibe la visita del arcángel Rafael; éste le anuncia la fórmula para vencer a Asmodeo, deberá quemar el corazón y el hígado de un pescado frente a Sara, el humo expulsará al demonio y así podrá enfrentarse a él. En la imagen de Rembrandt, se observa el rostro de Sara, expectante, angustiado, desconoce el destino que aguarda a su marido.

Si la virginidad, y su preservación como símbolo de la pureza inmaculada, era un elemento de aprecio recurrente en el arte y la cultura retratada por los artistas del renacimiento, poco a poco esta concepción fue transformándose hasta hacer de la sexualidad y su ejercicio, un signo de libertad. En ello quizá se expliquen los famosos retratos de la vida del “burlesque”, plasmadas en épocas posteriores. En el impresionismo, por ejemplo, artistas como Renoir, hicieron de “les prostituées”, las protagonistas empoderadas de la escena estética. De Jean-Baptiste Greuze se expone “Girl with a Dead Bird” (Niña con un pájaro muerto). La nota del curador indica que la pintura fue presentada en el salón de París en 1765. En la imagen se muestra a una niña en esa edad que borda entre la infancia y la adultez. Frente a la niña yace un pájaro cuya muerte lamenta mientras se cubre la mitad del rostro con la mano. Los críticos del siglo dieciocho interpretan el ave inerte como la perdida de la virginidad y la transición de una época a otra.

De William Dyce se presenta “Francesca da Rimmini” (1837). Francesca y su cuñado, Paolo, aparecen en el infierno de Dante Alighieri, en la primera parte del poema épico “La Divina Comedia”. El esposo de Francesca (y hermano de Paolo) asesinó a los amantes al descubrir su indiscreción. En el cuadro se muestra a los amantes frente a un atardecer que apenas mengua para dar paso a la noche. Sobre el cielo se asoma una luna creciente y un lucero, signos de lo oculto, de lo místico, de lo mágico. La pareja furtiva se besa en un balcón. En un extremo, se insinúa la mano del celoso marido, que anuncia la venganza.

Finalmente, “Lady Agnew of Lochnaw” (1892) de Jonh Singer Sargent. Retrato de la esposa de un prominente abogado de la familia Scottish. La imagen de la dama de sociedad, expone la gracia y elegancia de la mujer moderna, glamurosa, bella, respetada, dueña de una abrumadora presencia, enmarcada en la opulencia propia de la clase alta británica de finales de siglo.

Madre, hermana, mujer, niña, amante, socialité, seis imágenes, seis personalidades, seis roles y reflejos de las múltiples concepciones de la mujer, plasmadas a lo largo de la historia del arte.

* Lic. en derecho y filosofia

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