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El Camino de un Maestro

Por domingo 31 de mayo de 2015 Sin Comentarios

el camino de un maestro 2

Por: Luis Antonio García Sepúlveda

En mi vida he conocido varios maestros ejemplares y hace poco conocí a uno de ellos, me refiero al Dr. Aniseto Cárdenas Galindo, a quién entrevisté en su oficina de la Universidad Pedagógica de Sinaloa. Me llamó la atención su sencillez y amabilidad, con él platiqué sobre la educación en Sinaloa y la labor que realiza la UPES en nuestro Estado. Es un hombre sumamente ocupado sin embargo me concedió una entrevista en la cual me relató su vida. Al conocerla me asombré de su capacidad de trabajo, la intensa labor social que realizó y su determinación de superarse cada día. Sin duda alguna es un maestro ejemplar, que los jóvenes maestros deben conocer. Reproduzco aquí la historia de su vida tal y como me la contó.

El camino de un maestroNací en un campo llamado “Las Isabeles, Sindicatura de Costa Rica, en el valle de Culiacán, pero me crie en Badiraguato. Mi padre se llamaba Luis Cárdenas Gálvez, originario de Sinaloa de Leyva y mi madre Victoria Galindo Cárdenas, originaria de El Sitio de En Medio, Badiraguato. Nos fuimos a Badiraguato porque estaban ahí mis abuelos maternos: Rigoberto Galindo Quintero y Virgen Cárdenas Pacheco. Mi mamá hizo una casa cerca de las de ellos. Mi padre se dedicó a la agricultura, él trabajó con agricultores famosos de Culiacán como: Trivolet, Jesús Hernández, Arturo Ortiz Palomares, etc. Mi padre me platicó que se vinieron de su tierra, Sinaloa, por cierto, sus padres están enterrados en Cubirí de la Loma. Ellos se fueron a radicar a Portugués de Gálvez. Cuando se vino la construcción de las vías de ferrocarril, empezaron a salir en busca de trabajo. Casi toda la familia trabajó en las vías de ferrocarril. Me comentaba que muchos de los Cárdenas que hay en la región de Pericos, Guamúchil, la Pipina, Son los mismos Cárdenas. Cuando él se vino, se dedicó a trabajar con los agricultores, y murió trabajando en la agricultura, en el Valle de Culiacán. La escuela primaria la hice en “El Sitio de en Medio” y la educación secundaria la hice en la cabecera municipal de Badiraguato. Luego me vine a estudiar el bachillerato en el Tecnológico de Culiacán. Porque me inclinaba por las ingenierías. Comencé a estudiar la formación de ingeniero, cuando murió mi abuelo materno, y me regresé al rancho a su sepelio y pasó un mes y perdí la oportunidad de estudiar ingeniería.

Entonces me quedé una temporada a tratar de sembrar y trabajar, pero yo tenía la inquietud de estudiar y me regresé a Culiacán y anduve vagando. Me vine a vivir a una casa de huéspedes que estaba por la calle Zaragoza, frente a donde estaba el Sindicato de Maestros del Estado. En la pura esquina estaba una señora que rentaba toda la planta baja, (Estamos hablando de 1976 o 78) Me vine a vivir ahí, hasta que buscando oportunidades me enteré de CONAFE, (Consejo Nacional de Fomento Educativo) busqué la manera y me inscribí en un taller que ofrecieron a finales de junio y julio, y ya estando ahí me asignaron un lugar para trabajar en Badiraguato, y trabajé como instructor de CONAFE.

Con la constancia de mi trabajo en CONAFE me metí a estudiar en lo que fue el Instituto Federal de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio. Y ahí hice la carrera de Licenciado en Educación Primaria. Terminé mis estudios y duré mucho tiempo sin conseguir trabajo, no conocía a nadie. Hasta que un día me dieron un interinato por el lado de Badiraguato, y lo cubrí, luego otro interino, pero llegó un momento que ya no hubo oCamino de un maestroportunidad de trabajo y me invitaron a que colaborara de manera gratuita con la secundaria en el rancho de El Sitio de En Medio. Ya tenía dos o tres años intentando iniciar con maestros de ahí y me dijeron: -Te invitamos a que nos ayudes de a gratis, sin sueldo. Pero queremos un maestro de biología. Yo no soy de biología, les dije. Pues entonces ¡vete a estudiar! Entonces comencé a trabajar como campesino en El Sitio de En medio, y posteriormente como jornalero agrícola en el campo “Las Isabeles” y en el empaque “El Gato”. En aquel entonces estaban en su apogeo las normales superiores, y ahorrando lo que ganaba como jornalero, cada año viajaba a la Escuela Normal Superior de Tepic, Nayarit, donde terminé la licenciatura en Biología. (Soy licenciado en Biología por parte de la Normal Superior de Tepic.) Entonces estuve trabajando un tiempo considerable en la escuela secundaria de El Sitio de En Medio, ¡Gratis! Luego agarré unas horas de maestro de educación física, en la escuela primaria, al tiempo unas horas en la secundaria. Para abreviar, lo más que yo llegué a tener de carga laboral, entre la secundaria y la primaria, ¡Fueron quince horas! ¡Con esas quince horas me mantuve como veinte años! ¡Mi familia, mis hijos, mi casa! Luego empecé a combinar, (Eso fue por 1986). Llegó de candidato a presidente municipal de Badiraguato, un amigo de mi papá. Y me invitaron a colaborar. Entonces yo combinaba las quince horas con el poquito sueldo que me daba el Ayuntamiento.

Recuerdo que me pagaban setenta y cinco pesos quincenales. Recuerdo que con el primer sueldo que recibí de instructor comunitario me compré un abanico (Que todavía debe de estar en la casa) luego compré una cama, y luego un ropero. Estuve en el Ayuntamiento toda la administración de Labastida. Luego me regresé al rancho. En ese entonces con sacrificios construí una casita con una recamara, una cocina y un baño. Me fui a mi casita, pero mis inquietudes por seguir estudiando me regresé a Culiacán. Yo me casé a los veinte y dos años. Mi esposa se llama Blanca Margarita Pérez Pérez, es de El Sitio de Arriba de Badiraguato. Tengo tres hijos: Elizabeth, Luis y Mauricio Cárdenas Pérez. Me vine a Culiacán, en ese entonces solo tenía a mi hija. Me fui a la mesa técnica de educación física pero luego me ubicaron con la señora del Gobernador Renato Vega, doña Juany Carrillo, en el DIF Estatal, a trabajar en un programa que se llamó “Menores en Situación Extraordinaria” y me suspendieron el pago de las quince horas porque no había comisión.

Cuando estuve en el Ayuntamiento de Badiraguato, los seis años; además de mis responsabilidades como funcionario, (Por lo que se me pagaba) Yo era el de la fotografía, el del video, el de la nota del periódico; el maestro de ceremonias, el encargado de eventos especiales. Y en ese tiempo conocí a James Key, un fotógrafo artístico. Y él me motivó mucho por la fotografía y compré equipo profesional de fotografía. Hasta uno filtros especiales que él usaba. Pero al no estar comisionado oficialmente, me suspendieron mi pago de las quince horas, aunque trabajaba con la esposa del gobernador. Entonces yo vivía en el Sector Humaya de Culiacán, y tenía que ir a trabajar al DIF cerca de la Volkswagen, por el boulevard Zapata, y me iba caminando en la mañana y me regresaba caminado a comer y me regresaba a trabajar en la tarde y de nuevo caminando a la casa, porque no tenía dinero para el camión ni para sostener a la familia.

Entonces el equipo de fotografía que tenía, lo tuve que vender ¡Regalado! Y es que tenía mucha necesidad. Y así paso casi un año y fui vendiendo todo lo que yo tenía, incluyendo unas fotos artísticas que me enseño James Key a tomar. Viniendo de Santiago de los Caballeros tomé una foto muy bonita, artística. Era una puesta de sol. ¡Parecía que el sol estaba sentado en el cerro! ¡Todo eso lo vendí! Me deshice de ello. Estando en el DIF, mi trabajo era atender a todo el niño que estuviera en situación de calle, ya sea en la calle, o de la calle. De tal manera que a mí se me podía apreciar en los bulevares principales de Culiacán, en los cruces más céntricos, atendiendo a niños que venden chicles, periódicos, que limpian vidrios. Jugando a la lotería con ellos, jugando al futbol con ellos los domingos. En aquél entonces había unos restaurantes que se llamaban “La Carreta de los Colín”. En la noche yo me subía a los techos de los restaurantes a buscar a niños de la calle, a rescatarlos, a reintegrarlos con sus familias. En los puentes que hay, sobre todo el que da a la Ciudad Universitaria, ahí me reunía con muchos niños de la calle, a motivarlos e integramos unos centros de atención. Había unas oficinas  del DIF Municipal cerca del restaurante El Recreo, ahí integramos un Centro de Encuentro 10-14, otro en el Teatro Griego, en el Parque 87. Y Otro en la vieja terminal de autobuses. Y ahí ayudábamos a las niñas y a los niños en y de la calle a terminar su escuela primaria y secundaria. En ese entonces logré un convenio con la Escuela Normal de Sinaloa, y con la Facultad de Psicología de la UAS, tenía yo una responsabilidad de entre cincuenta y a veces hasta ochenta personas que hacían su servicio social, manteniendo tres lugares estratégicos que eran: La zona expulsora, la zona receptora y el Tutelar de Menores. En el tutelar de menores, a los niños que caían presos, nos preocupábamos por atender su educación básica y si el delito era menor, y podíamos gestionar para que saliera, buscábamos sacar a los muchachos. O les dábamos su educación ahí. En la zona receptora que era la calle: Los tratábamos de convencer de que regresaran a su casa, que no continuaran en la calle. En la zona expulsora que eran las colonias, que en aquel entonces eran y siguen siendo cinturones de miseria, como la colonia siete gotas y sus alrededores. Ahí atendíamos a todas las escuelas primarias y kínder, porque había niños en la calle de hasta nueve, ocho años y a veces hasta más pequeños. En una ocasión nos encontramos un niño en ¡El basurón! En la salida sur. Un niño güerito, delgadito. De esos niños que te caen muy bien, que tienen carisma alegre.

Lo trajimos a las oficinas del DIF y las trabajadoras sociales se empezaron a encariñar con él. Una de las políticas que teníamos en ese entonces, (Como lo hizo la esposa de Labastida también) era no fomentar el dar dinero a los niños en la calle que limpiaban vidrios. Porque era propiciar su estancia en la calle ya que era un hábitat rentable para ellos. Teníamos esa política y también ¡Que nadie invitara a los niños a su casa! Pero una trabajadora social cometió el error (Por una parte sí, pero por otra parte no, porque actuó muy humanista) Se llevó a ese niño carismático, a su casa. ¡Estaba encantada! Nosotros le dijimos que estaba mal porque había un delito ahí, que podía llegar al extremo de ser acusada de secuestro o rapto del menor.

¡Una cosa muy seria! El niño era muy activo, muy estudioso. ¡Muy lindo el niño! En todo su actuar, pero de pronto un día llega a su casa la trabajadora social y ¡Le habían vaciado la casa! Y el niño desapareció. Como era niño de la calle tenía amigos que hacían actividades ilícitas y ¡Le robaron! ¡El niño tenía llaves, tenía todo y desapareció! En esa época tuve la oportunidad de asesorar a la esposa del Dr. Gómez Campaña, Doña Uty de Gómez Campaña. (Que en paz descanse) Acudimos a varias partes del país, a diferentes foros, incluso hasta McAllen Texas, a un foro internacional de atención a niños de la calle. Ella era una persona muy humana, ayudó a muchos niños. Recuerdo que en una ocasión encontramos en Durango a un niño futbolista, ¡Muy bueno! Muy carismático también. Intenté traérmelo porque dijo que era de Sinaloa pero no me dio los nombres de sus papás. ¡No se pudo! A los dos tres meses en un juego de futbol en el parque Constitución, donde yo jugaba los fines de semana. Me la pasaba jugando futbol con ellos, (De esta manera les generaba confianza) Ahí me lo encontré. Trabaje como seis meses con él para saber su nombre verdadero y el de sus papás. A los seis meses localicé a sus padres que eran de Mazatlán, y un domingo en un juego de futbol, vinieron y lo recogieron. Ya se han de imaginar la escena tan emotiva que vivimos.

* Autor regiomontano y cronista

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