DestacadosEstatal

Un libro… un sueño (Celebración del Día Mundial del Libro y los derechos de autor en Mocorito)

Por viernes 15 de mayo de 2015 Sin Comentarios

Por: Juan Diego González

“Y si vienes conmigo de buena gana… tal vez pueda suceder. La aventura de ganar una ínsula y te dejo a ti como gobernador” Don Quijote de la Mancha Primera parte, capítulo VII

Un libro un sueño3:02 pm. Jueves 16. Entra una llamada y en letras grandes aparece en la pantalla el nombre de Mario Arturo. Contesto con medio cuerpo en la tierra de los sueños. “¿Otra vez dormido?”. Como si estuviera en la sala y me observara, el editor de La Voz Norte, se ríe de mí. Luego se pone serio y afirma: “Como sabes, el próximo 23 de abril se celebra el Día mundial del Libro y los Derechos de Autor, así que en Mocorito, (Sinaloa), el Centro Cultural “José Ley Domínguez” y La Voz del Norte organizan una presentación de dos escritores.

El Dr. Nicolás Avilés es uno”. Adormilado aún, hago una pregunta boba ¿Y quién es el segundo? Escucho una respiración agitada: “¿Cómo que quién?, por supuesto que usted”. Intenté replicar por el trabajo, otros eventos que tenían en Obregón, mi exposición del trabajo final de la maestría… Nada. Ramos no acepta excusas ni explicaciones. “Usted se viene, le dice a su esposa Claudia que también está invitada. No se preocupen por nada, acá los atendemos”. Así empezó la aventura.

5:15 pm. Martes 21. Claudia trabaja en el turno vespertino. Le hablo para saber si consiguió permiso en su trabajo. Todo bien. Lo mismo había hecho yo en la Escuela Normal por la mañana. Los dos queríamos mantener la calma… era imposible. La alegría de visitar Mocorito y conocer aquel lugar visto en fotos o imaginado a través de la plática de amigos, nos llenaba de emoción.Un libro un sueño 4

8:08 am. Jueves 23, Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor. Claudia le habló a un taxi. Teníamos boleto reservado para las 9:00 am. El autobús de Tufesa llegó con retraso de 10 minutos. Abordamos, cargados de entusiasmo y libros. A las 11:02 am. Recibo la primera de tres llamadas de Mario Arturo. Saludos e intercambio de bromas. “Cuando llegues a Guamúchil, la tierra de Pedro Infante, tomas un taxi y que te lleve al hotel Davimar. De ahí nos vamos a Mocorito”.

La lluvia fue una bendición gran parte del camino. Nos dimos cuenta del cambio de estado por el paisaje. Sinaloa está lleno de cultivos y grandes extensiones se utilizan para la ganadería. Gente trabajando por todas partes. Esfuerzo, tranquilidad, nubes grises cargadas de esperanza, campos tostados de maíz y más allá, amigos por conocer. 2:08. Bajamos en Guamúchil. Las letras gigantes MZ (Mercado Zaragoza) nos trasportó a Claudia y a mí, a nuestra niñez, mientras el taxi nos movía al hotel.

El director editorial de periódico cultural originario de la Atenas de Sinaloa nos esperaba afuera, cigarro en mano, para recibirnos. En el restorán, nos presentó al Dr. Nicolás Avilés y su esposa, Laura Elena, quienes departían con un matrimonio amigo. Saludos, apretones de mano, abrazos. La alegría de la amistad que inicia y la amistad que se refrenda. 15 minutos  después abordamos el auto del Dr. Avilés y Mario Arturo señaló el camino para enfilarnos a Mocorito. Lo que tardamos en recordar a Pedro Infante y subir una lomita, llegamos a al pueblo, herencia de la minería durante la Colonia Española. Calles adoquinadas, casas de fines del siglo XVIII, jardines floridos y una luz extrañamente dulce.

Mocorito nos recibió con la mejor de sus sonrisas. Nos instalaron en el centenario hotel Misión de Mocorito. ¿Puedes darle las gracias a un edificio por su calidez? El poeta nacido en Querétaro me decía algo, pero las paredes, los corredores y escaleras me traían voces del pasado, de todos los personajes que estuvieron allí desde su inauguración en 1908, en las postrimerías de la Belle Époque.

Dejamos las maletas y libros en la habitación número 2. Luego nos fuimos al comedor. 3:15 pm. Comimos… que digo comimos, disfrutamos de opíparos platillos regionales, aderezados por la conversación que versó entre recuerdos de amigos idos, los libros y la historia de La Voz del Norte. 5:30 pm. Mario Arturo se levanta: “Es hora de arreglarnos, porque en el Centro Cultural ya debe estar todo listo”.

Se despidió y etéreas notas de nostalgia acompañaron sus pasos. Para mí, es inevitable asociar a este hombre con la figura y el nombre de Alonso Vidal. Sin embargo, la convivencia entre amigos (Dr. Avilés, su esposa Laura Elena, Claudia mi esposa) siguió de lo más tranquila y alegre, como si nuestros afectos estuvieran acrisolados por los años, cuando apenas nos encontramos escasas horas apenas. 5:50 pm. A las volandas nos cambiamos de ropa.

El cigarrillo entre los dedos de Mario Arturo semovía preocupado y el humo hacía que sus ojos de gato se volvieran inquisitivos. Salimos del hotel y nos dirigimos al Centro Cultural. Nos encontramos con el saludo de varioUn libro un sueño 2s mocoritenses que llevaban nuestro rumbo. La tarde luminosa venció las nubes por unos momentos. ¿Cuántas historias se pasean entre los callejones y las piedras de la antigua Misión de Mocorito fundada por los jesuitas españoles en el siglo XVII? ¿Cuántos días debe deambular un cronista para escribir la magia de este pueblo acogedor y familiar? Entramos a la antigua casa que alberga el Centro Cultural y la historia nos dio la bienvenida. Personajes como Eustaquio Buelna, Enrique González Martínez, infinidad de artistas, cantantes, escritores y el propio Dr. José Ley Domínguez (cuyo nombre lleva el edificio y fuera amigo íntimo del Premio Nobel, Pablo Neruda) pisaron esos mismos mosaicos. 6:03 pm. Mario Arturo me hace una seña. Por las fotos reconozco al Ing. Carlos Antonio Sosa Valencia. Me lo presenta y luego al presidente Municipal de Mocorito, Dr. José Eleno Quiñónez López. Con amabilidad y rapidez el conductor del acto nos convoca al Dr. Avilés, al Ing. Sosa y a mí, a una reunión brevísima para acordar cómo será la presentación.

Los pasillos estaban repletos de rostros expectantes y alegres. Un público difícil en apariencia, por su heterogeneidad de edades. 6:10 pm Mario Arturo presentó a Sosa Valencia como moderador y a nosotros como escritores. Cedió el micrófono y el impulsor del proyecto cultural en esta región del Évora, agradeció la presencia de las personalidades y el público en general, luego resumió los currículos y nos invitó a platicar sobre el homenajeado: el libro.

Entre anécdotas, lecturas de nuestra obra, intervenciones precisas del Ing. Sosa Valencia, preguntas del auditorio, la tarde se desgranó como maíz dorado. Incluso, Ramos hizo un resumen preciso de los derechos de autor en el mundo y en México. La prometida isla a Sancho Panza se llamaba Barataria y digo se llamaba porque ahora sé de cierto que se llama Mocorito. Subimos para hablar de libros y bajamos llenos de sueños.Un libro un sueño 3

Ese es el maravilloso toque de la literatura: la realidad se ve trastocada. La amistad de un día se vuelve perene y la distancia es un suspiro; los minutos abandonan el reloj de la escuela “Benito Juárez” y caminan del brazo de las estrellas que toman café tostado en los portales.

Mocorito se acurruca en la esquina de tu corazón: por su gente hospitalaria, su historia, su cielo ancho, sus campos y la intensidad de su cultura. ¿Qué decir cuando la palabra gracias es insuficiente? Quizá repetirla hasta que el destino nos haga volver y dar un fuerte apretón de manos a todas las personas que se esfuerzan por hacerte saber que eres parte de su familia.

* Escritor y representante legal de los esritores Cajeme A.C.

Related Post

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.