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La Mariposa (en su mundo y fuera de él.) “espacios alados pletóricos de luz, belleza…”

Por viernes 30 de enero de 2015 Sin Comentarios

Por Salvador Antonio Echeagaray Picos*

La MariposaCual predestinada criatura, la emblemática crisá­lida, del capullo, surgió a la vida en aquel sugerente y plá­cido ambiente campirano, respirando diversas fragancias en los dilatados jardines de la floresta que pertenecía a las raíces de su ilustre linaje.

Vaticinado como había sido desde el principio y hasta el final de los tiempos que ella, en la línea de suce­sión, a su debido tiempo, ejercería el reinado cual genuina y simbólica representación de la delicadeza, la gracia y la belleza que era inherente a su especie, en el cumplimien­to de su privilegiado destino que le imponía la tradición heredada en el ámbito, tiempo y espacio del prominente liderazgo que a su género se le reconocía por todas las criaturas aladas que poblaban las planicies, altozanos, ri­beras de los ríos, estanques de agua, cañadas, montes y arboledas que en visión de conjunto, integraban el espa­cio territorial de luz y estampas polícromas que se des­prendían de la “paleta” que un ser superior, trazaba los variados matices verdes de la floresta, los rojos, los amari­llos y las manchas de tonos pastel, que sobre la tierra y los cielos de esta área mística, se difundía y sintonizaba los discordantes sonidos de los grillos y las cigarras en cada crepúsculo del atardecer, que embellecía y tornaba mági­co, aquél reino de ensueño luces y alas prodigiosas…

Sin agendas impuestas ni compromisos previos, compartía la privilegiada mariposa, con sus acompañan­tes, la silente actividad que su real capricho le dictaba sin ataduras, rutinas, ni rutas preestablecidas en la plena li­bertad de espacios y tiempos…Vivía su instante, y com­partía con sus congéneres los momentos de felicidad que ellas mismas generaban al posar y libar sobre la aromá­tica florescencia que ofrecía no sólo su líquido vital sino la prístina belleza en aquél bucólico espacio que la vida reservaba a las mariposas en la luminosa comarca.

¿Qué debía de enseñarse a la Mariposa Real, que en principio nació para cumplir su destino, es decir, para ejercer el mandato superior en aquellos espacios alados pletóricos de luz, belleza, obediencia y sumisión?.

En ocasiones, la Reina Madre mencionaba a la princesa la existencia de algo impreciso, nebuloso, rela­cionado con objetos que en la parte central de la zona, se movían a gran velocidad produciendo ruidos extraños, ominosos, que nadie explicaba…, cual los vientos que de apacibles, se transforman en borrasca y azotan las fron­das de los árboles y arbustos en el reino, y las tempestuo­sas lluvias que inundan la floresta, cañadas y barrancas convirtiendo la tierra suelta en lodo que bajaba a los arro­yos y estanques, y surgía de los cielos que se pintaban de oscuro, repentinos y ruidosos destellos de fuego que ilu­minaban y a veces, hacían arder los troncos de altísimos árboles que se consumían en amplios espacios generando las cenizas que se esparcían en el entorno, produciendo el necesario abono en aquel ciclo vital que renueva, fortale­ce y da continuidad a la naturaleza.

Un día que como todos los anteriores, inició ple­tórico de luces, esencias… y se tornó aciago…, la bella y frágil mariposa, decidió, cual inquieta y arrojada princesa, desoyendo los temores y advertencias de la madre reina, emprender el vuelo con su comitiva hacia los misteriosos confines que desconocía y representaban un real reto que como futura Reina, debía no sólo conocer, sino también desentrañar en beneficio de sus súbditos.

Al inicio, con vuelos irregulares en zigzagueantes desplazamientos, de flor en flor, y después en vuelo libre de mayor alcance entre las ramas de la arboleda cercana a la zona de los enigmáticos objetos, los seres alados guia­dos por la mariposa princesa, escucharon ruidos jamás percibidos en aquella quietud del paraíso del cual prove­nían.

A sus delicados órganos receptivos solo a las vo­ces canoras, a las dulces fragancias, llegó el desagradable hedor que arrojaban los extraños y desconocidos objetos, que a gran velocidad se movían por una estrecha franja que dividía con larga mancha negra la floresta y el territo­rio del reino alado, y que arrojaban espesas nubes de co­lor gris que dañaba y hacía irrespirable el aire del entorno.

Sin advertirlo, la princesa reina y comitiva aspi­raron el aire contaminado al sobrevolar aquella faja que representaba inminente peligro para todas ellas…de súbi­to, sin conocer la causa, sintieron debilidad en sus cuer­pos y falta de control en sus alas…En un reflejo instintivo, angustiada, la princesa trató de imprimir velocidad a su vuelo para alejar a su séquito de aquel riesgoso lugar, sin alcanzar la altura que se requería…

El hiperactivo y vivaz niño que acompañaba a sus padres en la camioneta familiar, atento supervisor de la carretera que atravesaba la selva en la cual moraban los personajes que en su mente imaginaba y recreaba, de re­pente gritó al papá:

_”Mira papi, se estrellaron muchas mariposas so­bre el parabrisas y lo ensuciaron, límpialo porque así no puedo ver bien el camino”_.

* Notario público y autor.

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