Estatal

De Genaro Estrada a Francisco Labastida y Diego Valadés

Por domingo 14 de diciembre de 2014 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

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El pasado martes 9 de diciembre leí en El Sol de Mazatlán la columna Microscopio Social, del diputado Héctor Melesio Cuen, sobre la controversia que ha suscitado que el Consejo de Nomenclatura del Ayuntamiento de Culiacán haya decidido por unanimidad, cambiarle el nombre al boulevard Diego Valadés Ríos, por el de Francisco Labastida Ochoa. “¿Porqué honrar a uno en detrimento de quien en su momento ya ha sido honrado?”, se pregunta el diputado Cuen. Y nadie le da respuesta.

Antes, el mismo ex Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Héctor Melesio, hace saber que el martes 2 del mismo mes, incluso en la tribuna del H. Congreso de Sinaloa, abordó el tema intentando revertir la propuesta, señalando que “es incorrecto e inadecuado enfrentar la trayectoria de dos sinaloenses distinguidos que, en su momento, han servido al Estado y a México”. Y, refiriéndose al Doctor Diego Valadés, vuelve a preguntarse: “¿Porqué denigrarlo con una acción de esta naturaleza?” Pero, igualmente, nadie le responde. Menos desde el terreno movedizo de la política.

A partir de la controversia en cuestión, cabe recordar que en 2014 todavía está por oficializarse el nombre del aeropuerto de Los Mochis, mencionándose como probable el del ex gobernador Alfonso G. Calderón. Pero, a fuerza de ser objetivos, cabría preguntarse, como lo hace el diputado Cuen: si estando vivo el miembro de El Colegio de Sinaloa se le humilla cambiándole el nombre a su boulevard, ¿qué puede esperar el fallecido líder cetemista? ¿Qué tal si descartándose el nombre de Calderón se resuelve lo del embrollo Labastida-Valadés? (Embrollo: enredo; situación embarazosa en que se encuentra una persona).

A como están las cosas, a las dos preguntas sin respuesta del  diputado Héctor Melesio Cuen, cabrían dos más: 1) ¿El Consejo de Nomenclatura del Ayuntamiento de Culiacán consultó la opinión personal del licenciado Francisco Labastida Ochoa? 2) ¿El Colegio de Sinaloa permitirá que atropellen la imagen y la dignidad de uno de sus miembros? En este punto, se esperaría por lo menos un pronunciamiento público de reclamo como el que hizo el escritor colegiado Élmer Mendoza por los sucesos de Guerrero.

En definitiva, estamos ante un hecho inédito, no en la política sino en el ámbito de la cultura de Sinaloa. No inédito en la política sinaloense, pues ha de recordarse que se dio el cambio de nombre del teatro del otrora Difocur del poeta y dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca, por el de Pablo de Villavicencio, cosa que entristeció a la recientemente fallecida poeta Rosa María Peraza. Estamos ante una situación que no agrega nada a favor del nuevo nombre, aunque le sobren merecimientos, pues el mismo ex Rector de la UAS asienta: “Al parecer no se conoce la destacada trayectoria de Diego Valadés Ríos, por ello vale la pena un recuento rápido”. Pero, con el debido respeto y reconocimiento al diputado Cuen, le podemos decir que si ya se decidió despojar el boulevard al ex Procurador General de la República para dárselo al ex Gobernador del estado, no sirve lo que citó del currículum de aquél, por brillante que sea, si recordamos que en Mazatlán sucedió un caso todavía más aberrante:

Un sinaloense universal, diplomático, periodista, bibliófilo, escritor, novelista y poeta, pese a contar en su extraordinario currículum haber sido corresponsal de guerra durante la Revolución mexicana; profesor en la Escuela Nacional Preparatoria; Secretario General de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; Jefe de Publicaciones de la Secretaría de Industria y Comercio; Oficial Mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores; Sub Secretario de Relaciones Exteriores; Secretario de Relaciones Exteriores; Embajador en España, Portugal y Turquía; Profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México; Miembro Correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua; Miembro Fundador de la Academia Mexicana de la Historia; Hijo Predilecto del Estado de Sinaloa (1973); no obstante reposar en la Rotonda de las Personas Ilustres de México (1979); estar inscrito su nombre con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión (1996) y ser el autor de la Doctrina Estrada adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, sí, don Genaro Estrada sufrió la más humillante de las ofensas a su memoria: su estatua egregia, excelente obra del autor del escudo oficial de Sinaloa, Rolando Arjona Amábilis, fue retirada irrespetuosamente del malecón de Mazatlán y arrumbada inicialmente en una inmunda bodega municipal, para colocar en su lugar una burda lámina metálica de una supuesta obra surrealista, para complacer a una televisora comercial nacional. Y hasta hoy no hay poder ni en Sinaloa ni en México que obligue al desagravio.

¿Frivolidad? ¿Mezquindad? ¿Aberración? (Aberración: desvío de lo tenido por justo y normal) ¿Miseria humana?

*Economista y compositor.

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