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Admiro al genio americano

Por domingo 19 de octubre de 2014 Sin Comentarios

Por Jose Luis Aguirre Huerta*

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Los Estados Unidos han sido patria de enormes poetas y  novelistas, pasa por mi mente Edgar Allan Poe, nacido en Boston, el extraordinario poeta, artí-fice de “El Cuervo”, su embriaguez le impidió llegar por el galardón que le había otorgado el Presidente de los Estados Unidos y muere en Baltimore (1849), acompañado de un borracho de banqueta, antes de los cuarenta años, no sin llegar a ser de los mejores escritores de la novela policíaca a ni-vel universal, narraciones extraordinarias, el asesinato en la casa Usher.

Poe, se constituye en el alma gemela y amigo epistolar de Charles Bodelaire, de los mejores poetas considerados como malditos de la Francia del dandis-mo, “Las Flores del Mal”, quien presa del ajenjo, construye versos elegiacos a Santan.

Walt Whitman (1819-1892), “Hojas de Hierva”, representativo de la sensilidad estadunidense, nacido en West Hills, el mayor poeta humanista que canta al hombre americano, el mas recalcitrante «Canto a mi mismo»… Yo me canto y me admiro a mi mismo…, traducido por Leon Felipe.

Truman Capote, el escritor magnifico de otras voces, otros ámbitos, novela habitada por personajes inolvidables, como el alma de Anie, obsesionada con la idea de la caridad y la beneficencia; y de las mellizas Idebel y Forabel; el visionario, alucinado y homosexual Randolph; Jesús fiebre y pequeño luz de sol, dos viejos hechiceros negros; Joel, el niño en el umbral del adolescente, que vive desvelado por imágenes y entrevistas.

Todo un mundo misterioso y deslumbrante comparece ante nuestros ojos, en otras voces y otros ámbitos, creada por Capote, cuando tenía veintitrés años de edad.

Truman Capote, nacido en Nuevo Orleáns, Lousianna, en 1924, solo sobrevive sesenta años en este planeta y en su paso por el mundo obtiene un éxito deslumbrante con su novela «A sangre fría» en 1966. Una novela que relata el asesinato sin motivo aparente, de cuatro miembros de una familia de granjeros, en Garden City, Kansas, novela que fue llevada al cine en 1967 por Richard Brooks.

Hanna Haren, la filosofa alemana  amante de Martín Heidegger, escribe so-bre “la banalidad del mal”, no existe motivo para el asesinato ni para el cri-men, «La banalidad del mal». Nada justifica, llevar a la tumba a millones de judíos en el holocausto de Azhwich, ni a cuatro presbiterianos de Kansas City, narrados por el genio de Capote en “A sangre fría”, ni a 47 niños normalistas en Guerrero, arrastrados a tumbas clandestinas, en las tierras desérticas de Iguala Ayotzinapan.

En fin, Capote el autor de “Un árbol de la noche” y otros cuentos, el arpa de hierba, desayuno en Tiffanys, y de innumerables ensayos como “Música para camaleones” y guiones musicales como “Casa de las flores”, colaborador de la esenografía de “La burla del diablo”, muerto a los sesenta años de edad en los Angeles California, confiesa al mundo «Soy adicto,  soy homosexual, soy alcohólico, soy un genio».

Pero el genio americano ahí no para, basta con tener noticia de Tennessee Williams, quien descubre a la condición humana en la dramaturgía de “Un Tranvía llamado deseo” llevada a la pantalla grande por Marlon Brando quien escenifica al violador de la cuñada, Williams (Thomas Lanier) Tennessee, nacido en Columbus Mississipi, (1911- 1983) muere en New York, autor igualmente de “El Zoologico de cristal” (1944), “La rosa tatuada” (1950), “La gata sobre el tejado de zinc” (1955), “Dulce pájaro de juventud” (1959).

No se diga el gigante Ernest Hemingway, nacido en Illinois (1899), autor de “La guerra civil en España”, “Por quien doblan las campanas” (1940), “Envia-do especial” y “Adios a las Armas” y su genial novela, “El viejo y el mar” (1952),  narrativa de un mundo de desplazamiento humano y del viejo pescador por el niño en el que impera no la caridad, sino la solidaridad como valor predominante por encima de la miseria, la condición humana nos regala lo más sordido y lo mas excelso de este género.

Fidel Castro le guarda honores en la Habana conservando su casa Museo; y designa a una Marina como Marina  Hemingway, igualmente construye un Hotel destinado en recuerdo a su novela “El viejo y el mar”.

*Abogado y autor.

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