Nacional

Un par de canicas transparentes

Por domingo 3 de agosto de 2014 Sin Comentarios

Por Christel Álvarez

pag 13 christel alvarez1Por las ventanas, podía ver la gente apretujada en los vagones. Los olores  a sudor, tierra y animales herían su nariz aún antes de entrar. Una vez dentro te acostumbrarás, le había dicho su padre.

A lo que no podía acostumbrarse era a permanecer tantas horas de pie. Guardar el equilibrio era cosa de trapecistas, no de niños que juegan al trompo y las canicas.

Veía a su padre cansado: las ojeras enmarcaban su rostro de apenas 28 años, dándole un aspecto de cuarenta; la ropa raída de tantas lavadas y el olor a sol, de incontables  días de jornalero, ya se había vuelto parte inseparable de su esencia.

Cuánto se arrepentía de haber peleado por acompañar a su padre. En realidad, eso le correspondía a su hermano mayor; pero él se había encargado de convencerlo para que le cediera el derecho de hijo primogénito.

No por un plato de lentejas rojas, como hizo Esaú con Jacob al venderle su primogenitura; no, fue por un par de canicas transparentes que había conseguido ganarle al hijo del rico del pueblo.

Ahora ya no estaba tan seguro de seguir queriendo ese privilegio. El movimiento del tren lo había mareado, el café tomado de prisa esa mañana era lo único en su estómago y sería también lo único que lo acompañaría el resto del camino. Sus piernas temblaban de cansancio.

Su padre tenía razón, ya no era capaz de percibir el fuerte olor que lo había recibido al subir al tren.

Él a sus 11 años, la esperanza de su familia. Él, abandonando sus juegos infantiles  y su tierra, para entrar de un sólo paso al vagón, que como rito de iniciación lo llevaba a la vida adulta. Él, maíz para las tortillas que habrían de llenar los estómagos de sus famélicos hermanos.

Él, deseando nunca haber entregados sus canicas ni comprar la progenitura, ni abordar ese vagón rebosante de fétidos olores.

Él, que por sentarse en el suelo no pudo sostenerse fuertemente de la parrilla maletera, como hizo su padre al descarrilarse el tren.

*Texto que forman parte de la antología “Vagones de letras”, publicada
por el Museo de la Revolución en Sonora (2014). Ciudad Obregón

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