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Pulsión y homosexualidad

Por domingo 22 de junio de 2014 Sin Comentarios

Es de todo punto inadmisible distinguir una pulsión homosexual particular, lo que define a los homosexuales no es una particularidad de la vida pulsional sino de la elección de objeto. Sigmund Freud. Análisis de fobia de un niño de 5 años.

Por Carlos Varela Najera*

pag 3 Carlos Varela Najera1No existe la homosexualidad sino homosexualidades, esto nos lleva a plantear que todo sujeto desde la posición histérica no tiene por qué no haber tenido una fantasía homosexual, que esto de ninguna manera lo amanera, o lo hace gay. Es importante señalar que desde la clínica lacaniana, y siguiendo la tradición de Freud, describe que algunos personajes vivían su pasaje homosexual con todo el cuerpo, inventándose para ellos una psicosis para que de esa manera no se les viera con malos ojos, y para ello plantea el caso Shcreber, un sujeto que vivió su psicosis como un empuje a la mujer transformándose en su delirio en la mujer de Dios.

Hoy no ocupa un sujeto hacerlo de loco para vivir su mutación delirante en mujer, la ciencia le otorga operaciones para transformarlo transexualmente en lo que este desea…delirantemente, evitándose su psicosis, no como en la época de Freud que aún, no se les asistía con el cambio de sexo, por eso se inventaban su delirio. El reto de lo homosexual, es que quiere adaptarse a contextos que antes criticaba, como era el orden familiar, en ese modo social no encontraba cobijo, en tanto que no se respetaban sus preferencias, sin embargo hoy, si aspira al orden familiar y jurídico, claro que eso tiene sus razones, para encontrar un cobijo con leyes que lo protejan eso es del orden de lo necesario, lo otro que tiene que ver con la adopción, pueden ser también buenos padres.

El problema que como psicoanalista observo es cómo inscribe el niño psíquicamente el carácter sexuado y la diferencia psíquica de los sexos, qué es un pene y qué es una vagina, si no se inscribe psíquicamente entonces aparecerá la desidentificación en tanto que la posición viril es menoscabada, y un niño desidentificado pierde la ruta, quedándose en el borde de sus goces.

Recordemos que el homosexual masculino le da un valor predominante al objeto pene, de hecho, de ese objeto hace su agosto, sirviéndose compulsivamente de su función a tal grado que lo adora, convirtiéndolo en un fetiche, o bien en un objeto comestible, lo usufructúa a más no poder, enganchado a ese órgano pierde el piso, dándose piso, esta fascinación por ese órgano, tiene que ver con la madre, que en un momento decisivo le ha dictado la ley al padre, justamente al revés de como lo ha ordenado el Edipo heterosexual, tal como Lacan lo afirma en su Seminario 5, Las formaciones del inconsciente: “Si algo se desprende de la forma más clara de las observaciones, es que la homosexualidad masculina- la otra también, pero hoy vamos a limitarnos al macho por razones de claridad- es una inversión con respecto al objeto que se estructura en un Edipo pleno y acabado. Más exactamente… me dirán ustedes -ya lo sabíamos realiza el Edipo en una forma invertida” (Lacan1957-58).

Esta afirmación de Lacan pone a operar el fracaso del Edipo en su versión heterosexual dándole vida a un Edipo invertido donde la madre disminuye la virilidad del padre ninguneándolo, provocando que  la madre en posición femenina se fortalezca para el infans identificándose éste con su madre, donde el padre desde su posición de interdicción cayó, ya que es ella  en tanto  madre la que dicta la ley.

Les dije que el padre intervenía en la dialéctica edipica, del deseo en tanto que le dicta la ley a la madre… es la madre quien le ha dictado la ley al padre en un momento decisivo. Esto quiere decir, muy precisamente, que cuando la intervención interdictiva del padre hubiera debido introducir al sujeto en la fase de su relación con el objeto del deseo de la madre, y cortar de raíz para él toda posibilidad de identificarse con el falo, el sujeto encuentra por el contrario en la estructura de la madre el sostén…de tal suerte que el sujeto ya no supiera literalmente a quien santo encomendarse… el padre puede decir lo que le parezca, pero a ella no le da frio ni calor” (ibid, p. 214).

*Licenciado en Psicología y Doctor en Educación, Profesor e Investigador.

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