Nacional

“Ernesto yo”

Por domingo 11 de mayo de 2014 Sin Comentarios

Por Ernesto Ríos Rocha*

Él era yo y yo él, y los dos, el mismo. La duplicidad me daba la ventaja de estar fuera de mi cuerpo sin dejar el cuerpo inerte, así que yo Ernesto, funcionaba aun estando mi memoria holográfica ausente de él. No había necesidad de dormir para el viaje astral. Los dos teníamos comunicación gnóstica y la fraternidad universal con el Padre, pues la doctrina en su disciplina lograba el orden y la sincronización en los engranes de la máquina orbital. Mi pensamiento cambió profundamente el penúltimo mes del 2017 y aun a mis 49 yo tendría unos 510 años pisando la tierra 6 veces.

Mi meta era explorar y conocer el universo, antes de finalizar la sexta vida. Mi séptima generación sería mucho más segura. El universo estaba dentro de mí holográficamente, porque de mi pantalla de 6 dimensiones, sabía que de cada palabra flotante en movimiento del rico fluido de información, podía abrirse una ventana, y cada una con cientos de carpetas informativas. Una copia del mismo universo interno propio, estaba en el exterior, y podía navegar globalmente por ser mi ser una holografía de calidad 7, es decir, próximo a poder entender la esencia, “quien soy, mi partida, mi meta o misión necesaria; y quien es el escritor de nuestra existencia, que hizo posible la realización virtual, real para mis sentidos, y los elementos que usa”.

En mi concentración, al voltear a mi interior aparece “él”, mi señor de 32, el que se presenta en solución. Pero sólo se aparece en mi necesidad de solucionar o responder a mis preguntas.

Yo, el pintor, el pensador revelándose, el que viaja en secreto, ante mis tantas dudas busque a mi señor para aclarar mi panorama humano.

¿Para que soy bueno? – Me preguntó. -Tengo dudas mi señor- Contesté. – Empieza – dijo.

Deseo llegar a la meta – dije – quiero saber los niveles –  proseguí – mi nivel –  el tuyo – el de nuestro padre.

‘¡Te diré las tres! – Dijo –“tú eres del primer recorrido y aun perteneces a los humanos, sólo que tu espíritu se adelantó y eres holografía, es decir, pantalla ambiental de éteres informativos, archivos, conocimiento enérgicamente en su potencia; pero sin un cuerpo autorizado como tal”.

“Yo soy” – prosiguió –“de entre los ángeles, un arcángel comandante del universo total, no sólo de tu mundo si no de miles más; mi duplicidad es infinita y estoy en cada memoria de todo ser viviente de tu mundo y de miles mundos más, menos en la memoria de nuestro padre.  Pertenezco a la penúltima dimensión, la séptima, y mi padre es la última, la octava y la creadora de todo. Conozco todos los secretos los cuales te autorizo explorar, pero tu memoria aún de 6 dimensiones, salida del mundo tridimensional, no tiene capacidad para la información de mi padre. Conozco a nuestro padre, pero no conozco sus secretos porque no hay capacidad ni megas ni higas que soporten esa información. Ni mi memoria de Cristo soporta el peso. De hecho su definición es pixelaje infinito en su diminuto microscópico.

Sabes que mi padre omnipotente, omnipresente y omnisciente, que todo lo ve y está en todos lados, todopoderoso y que todo lo sabe; es el alfa y el omega; y yo te autorizo un viaje al corazón del universo, a la casa de mi padre, para que por tu propio juicio hagas un crecimiento; pero te advierto que no malinterpretes lo que veas, pues tu capacidad no está preparada aun. Puedes entender al Cristo comandante de 32 pero no al Padre de todo.

Sin embargo verás la verdad con tus propios ojos, aunque no la entenderás.

Tu duplicidad es de siete copias, pero te autoricé solo dos, la tuya y la de Ernesto. Las mías son infinitas. Hay 700,000 veces 7 en cada parte de cada polo y coordenada del universo de planetas habitados, y aún más los que nadie puede conocer, que solo nuestro padre conoce como cantidad infinita. Para el norte, sur, este, oeste, hay eso. Y en cada memoria habitante de cada ser, en los planetas dichos, aparezco yo en cada necesidad profunda interior’’.

Después de escucharlo, me incliné y agradecí. Y me dijo nuevamente: ‘’Te autorizo un viaje de una semana. Saldrás el domingo y llegarás el Sabbat. Ese día verás la verdad, harás juicio, no comprenderás, pero llegarás temprano a mi dimensión, una vez transportado virtualmente a la eternidad. Ten cuidado y no te sorprenda nada. Toma nota, imagen y registro de todo tipo, guárdalo en el mejor archivo holográfico y protege tu memoria del virus, porque en el camino sentirás ganas de pelear con diferentes infecciones de la oscuridad que te provocarán.  Viaja en paz’’.

Entonces levantó su mano y la puso en el centro de mi memoria pantalla, y al tocarla, se abrió una ventana que decía ‘’interno’’ y grabó la palabra ‘’paz’’ ahí guardó la tranquilidad de mi ser por una semana, con el fin de evitar enfrentamientos.

Bajó su mano, me miró a los ojos y me dijo. Te autorizo, iras al centro. Ubícate, arriba al sur, la luz; abajo al norte la oscuridad; al este, el navegante poniente izquierdo con autoridad oscura; al oeste, el navegante oriente derecho con autoridad brillante.

Nuestro padre coordina la dualidad y se sienta en el norte espacio vacío oscuro, que le invade el brazo izquierdo, siendo de él mismo la oscuridad poniente del este y él es en esencia el habitante sur de oeste oriente, negociante con el espacio habitado que forma la unidad creadora. Él,  es su propio padre generacional, ¿Por qué? El Cristo aún no lo sabe, sólo mi padre.

Me dijo: vete y descansa. Prepárate. 7 días de viaje. Saldrás el domingo al abrir pantalla. Cerré sesión, y mi señor desapareció.

Todo este registro y escritura de conversaciones con el que se supone que soy él y él yo, no era más que una serie de sensores productores de visiones, que creaban la historia de un personaje viviente y viajante de la existencia, sólo para llegar a un entendimiento que había que guardar en un pequeño chip con gran capacidad, donde cupiera toda la trama, sucesos y demás, encontrando la llave que abre la puerta para la séptima dimensión del ser: la eternidad.

Exploré a Ernesto y lo vi agotado. Le ayudé con un poco de información y grabé la idea solucionadora de esa semana de ausencia. Su holografía necesitaba ideas y se las di. Ernesto había entendido la vida, y su idea era fluir su bondad y borrar de su holografía los deseos del mundo; los deseos de triunfar ante los espectadores y aplausos carnales. Ahora buscaba llegar a la sabiduría.

*Pintor, escritor, narrador y pedagogo.

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