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LA LOCURA Y EL ARTE

Por domingo 6 de abril de 2014 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

pag 8 alberto angel el cuervo1Había pensado que sería impactante, pero el encuentro con ese panorama arrancó los límites racionales con toda la fuerza que emana como un ciclón desde la otra realidad, desde la otra orilla que te obliga a contemplar brutalmente el universo que se encuentra debajo del que te protege con la etiqueta de la cordura… Las figuras se movían en cámara lenta entre la bruma que teje el intelecto como construcción de un escudo impenetrable… Los sonidos, se presentaban lejanos… Lejanos por sí mismos o tal vez yo los alejaba… Finalmente la locura hay que alejarla lo más posible para evitar el contagio… Los internos se acercan como reptiles húmedos, envueltos en el mucílago de lo incomprensiblemente aterrador… Sus sonrisas de absoluta abstracción producen cascadas hilarantes que escurren entre la ausencia grotesca de algunas piezas dentales y otras ya marchitas que contribuyen a la escena digna de la etapa obscura de Goya. Algo había que hacer… No podía quedarse en una visita más a observar la locura del otro lado de la vitrina para cubrir un expediente universitario… Y poco a poco se va cuestionando todo… La antipsiquiatría hace su entrada triunfal en esa reflexión punitiva sin que funcione como una herramienta que me permita interpretar lo que acontece en la dimensión de los alienados… Finalmente, todos estamos ahí… En mayor o menor grado, de manera permanente, por breves o no tan breves períodos, pero todos… Algunos lo niegan… Y más al darse cuenta de que les resulta amenazante como un virus que deforme todo… Otros lo aprovechamos… La sublimación de las emociones contrarias a lo establecido, nos permite entonces producir una obra que logre la permisibilidad, la aceptación y el reconocimiento… O no…  No importa… Lo importante en sí es crear a partir de ese dolor que escinde, que envuelve, que lame el alma con lenguas de lija metálica hasta hacernos sangrar lo suficiente como para que brote de esa fuente la creatividad… Fue así, que se tomó la decisión de conformar un taller de poesía entre los internos del Psiquiátrico… Algunos intentos quedan mucho más allá del alcance de nuestro entendimiento… Los parámetros que tenemos no nos dan para descifrar el enigma de su palabra escrita… Y de pronto, al leer uno de los trabajos poéticos que realizan los locos, los enfermos, los alienados, el impacto me hace girar en un torbellino de cavilaciones donde de pronto se pierde todo punto de referencia:

“TODOS NOSOTROS ESTAMOS AQUÍ ENCERRADOS… PORQUE NOS ATREVEMOS A SER MÁS FELICES QUE LOS QUE ESTÁN AFUERA…”

El proceso creador en la experiencia estética es, per se, un desprendimiento… Surge la obra a partir de una profunda necesidad de expresión emocional… Y profundizar en las emociones es necesariamente enfrentarse a muchos monstruos que habitan el alma… Por eso el arte es en sí un reconstruir a partir de lo que ha intentado ser destruido en los recuerdos, las emociones reprimidas, la rebeldía contra lo introyectado…

Es una posibilidad de recuperarse por medio de la obra estética.

Se da este proceso en un contexto psico-socio-histórico, nos dice el afamado psicoanalista Enrique Pichon Riviere, y esto es “observado a través de actitudes estereotipadas y distorsionadas debido a métodos anticuados de enseñanza…” Y esos métodos, esas ideologías arraigadas profundamente en los surcos epiteliales anímicos, son los que hay que romper, trascender, cuestionar ya sea de forma consciente o inconsciente para que, burlando la presencia de los guardianes ideológicos, se derrumbe toda barrera que intente impedir el surgimiento de “objetos estéticos y originales que emergen de la mente del artista renovador…” Cuando se han derrumbado esas barreras, surge la obra primeramente como posibilidad siniestra, como algo proscrito en tanto que generalmente las emociones más profundas se aprenden a reprimir en aras de la ideología establecida.

Así, el creativo, el artista, arriba al momento de la creación en una postura de profunda neurosis a nivel fronterizo que le resulta dolorosa por antonomasia y de donde resurgirá con una nueva estructura de los conceptos que se quedaron anclados en su personalidad. Por ello, será o mejor dicho puede ser recibido por el espectador de manera hostil ya que destruye sus considerandos arraigados, sus parámetros de juicio en torno a la manifestación de las emociones por medio de la obra estética. De este modo, cuando la obra  rompe con esos valores, se ve atacada, destruida simbólicamente por medio de la crítica agresiva representada para ello en la mayoría de las ocasiones por los llamados críticos de arte asumiéndose como portavoces de los distintos grupos y valores sociales que permanecen a la expectativa.

Una vez que se produce ese proceso que constituye un verdadero parto, el objeto lingüístico, musical, plástico, histriónico o de cualquier carácter en la producción estética o artística, pasa de ser lo obscuro, lo siniestro, lo reprimido e innombrable a lo reconocido, redescubierto y aceptado con un lenguaje propio que contagia de la emoción estética. Es la posibilidad de confirmarse en un constructo adecuado para conservar el equilibrio anímico. Desde luego, ese equilibrio o la posibilidad de conseguirlo, son en el creativo peldaños esporádicos que producen de manera constante nuevos episodios en los que la realidad se escinde para volver a construirse… Así, el creativo busca detonantes de estos episodios de carácter neurótico fronterizo ya sean internos o externos para poder recuperarse de su ser dividido desde siempre a través de la emoción encontrada en el placer estético… Y esto, no es privativo del artista… También el espectador asiste al ritual del redescubrimiento de las fantasías inconscientes plasmadas en la obra llevándolas a su propio interior e impactándose de un modo u otro… Placentera o desplaciente pero impactándose por el espejo que la obra pone frente ellos revelándoles sus más intensas emociones siniestras…

Es una posibilidad de recuperarse por medio de la obra estética.

Se da este proceso en un contexto psico-socio-histórico, nos dice el afamado psicoanalista Enrique Pichon Riviere, y esto es “observado a través de actitudes estereotipadas y distorsionadas debido a métodos anticuados de enseñanza…” Y esos métodos, esas ideologías arraigadas profundamente en los surcos epiteliales anímicos, son los que hay que romper, trascender, cuestionar ya sea de forma consciente o inconsciente para que, burlando la presencia de los guardianes ideológicos, se derrumbe toda barrera que intente impedir el surgimiento de “objetos estéticos y originales que emergen de la mente del artista renovador…” Cuando se han derrumbado esas barreras, surge la obra primeramente como posibilidad siniestra, como algo proscrito en tanto que generalmente las emociones más profundas se aprenden a reprimir en aras de la ideología establecida.

pag 8 alberto angel el cuervo2Así, el creativo, el artista, arriba al momento de la creación en una postura de profunda neurosis a nivel fronterizo que le resulta dolorosa por antonomasia y de donde resurgirá con una nueva estructura de los conceptos que se quedaron anclados en su personalidad. Por ello, será o mejor dicho puede ser recibido por el espectador de manera hostil ya que destruye sus considerandos arraigados, sus parámetros de juicio en torno a la manifestación de las emociones por medio de la obra estética. De este modo, cuando la obra  rompe con esos valores, se ve atacada, destruida simbólicamente por medio de la crítica agresiva representada para ello en la mayoría de las ocasiones por los llamados críticos de arte asumiéndose como portavoces de los distintos grupos y valores sociales que permanecen a la expectativa.

Una vez que se produce ese proceso que constituye un verdadero parto, el objeto lingüístico, musical, plástico, histriónico o de cualquier carácter en la producción estética o artística, pasa de ser lo obscuro, lo siniestro, lo reprimido e innombrable a lo reconocido, redescubierto y aceptado con un lenguaje propio que contagia de la emoción estética. Es la posibilidad de confirmarse en un constructo adecuado para conservar el equilibrio anímico. Desde luego, ese equilibrio o la posibilidad de conseguirlo, son en el creativo peldaños esporádicos que producen de manera constante nuevos episodios en los que la realidad se escinde para volver a construirse… Así, el creativo busca detonantes de estos episodios de carácter neurótico fronterizo ya sean internos o externos para poder recuperarse de su ser dividido desde siempre a través de la emoción encontrada en el placer estético… Y esto, no es privativo del artista… También el espectador asiste al ritual del redescubrimiento de las fantasías inconscientes plasmadas en la obra llevándolas a su propio interior e impactándose de un modo u otro… Placentera o desplaciente pero impactándose por el espejo que la obra pone frente ellos revelándoles sus más intensas emociones siniestras…

Por eso también el opio y la búsqueda del trance y el explorar intenso en la heurística de Leonardo que le permiten llegar a la creatividad en tan diversos rubros artísticos y científicos… Por eso la brutal, la salvaje concepción poética de Isidoro Ducasse en ese libro considerado por muchos como demoníaco: Los Cantos de Maldoror… El Conde de Lautréamont (el conde del otro monte), se hizo llamar para considerarse opuesto a Cristo porque el propio Ducasse dijo: “Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura.”

Así se vinculan arte y locura… Así en el momento obligatorio de la comunión indivisible para la creatividad… Y ¿Qué es la locura…? ¿Cómo encontrar la definición adecuada para fines operativos que nos ubiquen dentro de los cánones de la técnica, la ciencia, la lógica literaria…? ¡A quién le importa! La locura es y punto… Y se arrima al alma cada vez que la creatividad lo requiere para parir sueños y realidades altisonantes que buscan reconstruirse para reconstruirme a la vez en mis momentos siniestros, arcaicos, intensos que me tomen del cuello y me sacudan hasta hacer sangrar los oídos y los ojos en el bendito momento del escindirme para encontrar de esa manera la única posibilidad de confirmarme en esa recuperación de mis propios fragmentos por medio de la obra estética.

*Cantante, compositor y escritor

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