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La población de origen sefardí en Sinaloa (Parte I)

Por domingo 19 de enero de 2014 2 Comentarios

Por Carlos Francisco Tavizón López*

Los-Sefardi-En-Sinaloa1Todo viajero que llegue a Sinaloa, si es un poco observador y reflexivo, nota en nosotros varias diferencias, que nos distinguen de los demás habitantes al sur de México. Nuestro mestizaje es mucho más claro que en la población del resto del país. Además se dan cuenta que el sinaloense tiene un menor apego a los asuntos religiosos, ya que en eso nos parecemos a muchos norteños de este México querido. Sobre todo el viajero distingue que nuestras comidas difieren mucho de las comidas mexicanas de más al sur. José Vasconcelos decía al referirse a nuestros gustos culinarios, “donde empieza la carne asada comienza la barbarie y termina la cultura”. Además Vasconcelos siempre mostró recelo a los norteños, al considerarlos un poco herejes. Hay que recordar que el triunfo de los mexicanos contra los franceses se debió en parte importante a los norteños. La Revolución Mexicana se llevó a cabo en gran parte por los norteños, sonorenses, sinaloenses, chihuahuenses, duranguenses, coahuilenses, neoleonenses y tamaulipecos, se fueron a la lucha por tener un pensamiento más liberal. ¿Pero a qué se deben esas diferencias de cultura entre el norte y el sur de México?

Américo Castro en su libro La Realidad Histórica de España, nos demuestra que en el siglo XV, España era un tejido, racialmente y culturalmente, hablando de tres hilos formados por cristianos gentiles, moros y judíos. Los primeros judíos que llegaron a la que hoy conocemos por España lo hicieron en la época Nabucodonosor en el año 587 A.C., y siguieron emigrando a ella. En la segunda destrucción del templo de Jerusalén, por el emperador romano Tito, en el año 70 de nuestra era, emigraron muchos más.

Los judíos llamaban, desde el tiempo del profeta Abdías, a nuestra actual España Sefared, de ahí el nombre que se les dió a los judíos españoles de sefarditas. En la península Ibérica desde el siglo X comenzaron las habladurías en torno al judaísmo y en el año 1391, surgieron terribles matanzas, cuyas verdaderas causas fueron la codicia y la envidia, ya que en España los judíos desempeñaban cargos importantes, como grandes comerciantes, alcaldes, funcionarios municipales, abogados, médicos, tenderos y fabricantes. Realizaban muy pocos trabajos manuales en el campo como arar y cavar, lo que el catolicismo utilizó como pretexto, para atacar el judaísmo. Hay que recordar que los romanos mataron a Jesús de Nazaret “Jesucristo” y culparon de esto a los judíos, al igual que Nerón acusó a los cristianos de la quema de la ciudad de Roma. Las conversiones forzadas se pusieron en boga, en el año de 1391, con las grandes matanzas de judíos de Sevilla y otras ciudades, en las cuales se daba a escoger entre convertirse al cristianismo o la muerte. Apareció el grave problema entre los católicos viejos y los conversos o católicos nuevos, que disputaban por una mejor situación social. El nuevo cristiano mantenía su fe en secreto y sin embargo podía seguir desempeñando su profesión, o un puesto en el Estado, esto fue causa de persecución. Así finalmente se llegó al decreto de expulsión, que hizo que miles de judíos dejaran todo de la noche a la mañana. España se vió libre de una fe aparentemente extraña pero a la vez dejó un hueco, un vacio que jamás pudo ser llenado por ninguna otra raza. Los judíos eran la élite intelectual de España y a su vez los industriales, los comerciantes, los médicos, abogados y literatos más importantes. Esta emigración fue la ruina posterior de España, que hasta la fecha no sale de su fanatismo secular. Lo cual la hundió económicamente y políticamente, al carecer de industria y comercio bien organizados y productivos. Los políticos españoles ambicionaban las riquezas de los judíos que habían alcanzado en las finanzas, la industria y el comercio, por lo que los perseguían tenazmente, muchas veces usaron acusaciones falsas para apresarlos y confiscarles todos sus bienes. La iglesia, con ambición, por su parte, deseaba fervientemente unificar al pueblo español con su religión, y vió en la clase media formada por los judíos a un enemigo, pues el judío al enseñársele a leer desde los 3 años de edad, era muy crítico y obstinado, y no obedecía sus mandatos. Dieron los católicos viejos por llamar a los nuevos cristianos: marranos. Los conversos eran muy mal vistos por los cristianos viejos sin embargo más de un millón de judíos prefirieron adaptarse a la nueva fe para poder permanecer en España. Gran cantidad de judíos no se convirtieron al cristianismo, y se calcula que en ese funesto 31 de marzo de 1492, más de ciento sesenta mil familias, dejaron atrás sus tierras en medio del llanto y la incertidumbre por el futuro. Muchos partieron hacia oriente: Turquía y el norte de África. Más de cien mil sefarditas ingresaron a Portugal por un breve periodo de ocho meses pues el rey Juan II les exigió un precio desorbitante. Doce mil se instalaron en Navarra, otros en Ámsterdam, Dublín, Salónica, Burdeos, Ruán, Pisa y Ferrara y otros más se embarcaron hacia las Indias Occidentales. Sigue siendo un gran misterio el saber exactamente porque muchos judíos decidieron trasladarse al nuevo mundo, mientras en otros países europeos si existía una libertad religiosa. Este fenómeno tal vez puede entenderse si tomamos en cuenta que el judío español había asimilado íntegramente la cultura española, por encima de todo amaba a su tierra y costumbres, considerándose a pesar de su fe como un buen español, y sobre todo amaba su lengua, la cual usaba como su única identificación.

Los-Sefardi-En-Sinaloa2En agosto de 1492 Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos Andalucía, y de sus tripulantes que casi llegan al ciento; seis eran judíos entre ellos Luis de Torres, el médico Bernal, Rodrigo de Triana, el cirujano Marco, Alonso de la Calle y Rodrigo Sánchez, de Segovia. Llegando a 86 los conversos que acompañaron al Almirante en sus cuatro viajes, de los que solo algunos regresaron a la península únicamente para animar a otros a venir a las nuevas tierras de conquista, proposición que por supuesto fue aceptada en miles de casos, esto dado al hostigamiento continuo de que eran objeto, por los cristianos viejos. Los conversos eran acusados de seguir en su religión anterior, en muchos casos, por ambición y codicia de los inquisidores, que los acusaban para despojarlos de todos sus bienes. Pero la Composición de Sevilla en el año de 1509 autorizaba a los conversos, entre otras cosas: a viajar y comerciar en el nuevo mundo. Poco a poco comenzaron a emigrar un buen número de judíos conversos y colaboraron en la conquista de la nueva España, pues se requerían legiones de individuos para emprender la conquista, y España echaba mano en ese momento de lo que fuera. Los conversos por varios años lograron llegar y asentarse en el nuevo Continente. Cuando Carlos V prohíbe en Valladolid, el 15 de septiembre de 1522, la entrada de los conversos al nuevo continente, ya miles de ellos con sus familias habían encontrado refugio más o menos seguro en la Nueva España. La añeja corrupción española había hecho de las licencias de viaje una lucrativa profesión para cierta élite de funcionarios de la corona. No era sencillo descubrir a los conversos, y menos por su aspecto exterior, eran ya tan hispanizados como cualquier Ibero. Una de las precauciones que tenían que tomar los judíos para no ser descubiertos era el de no bañarse seguido como estaban acostumbrados, pues los cristianos viejos sólo lo hacían en poquísimas ocasiones en su vida. Otra precaución era, no leer en público, porque despertaba sospechas, ya que la mayoría de los españoles eran analfabetas. Y sobre todo cuidarse de no ser observados al comer, ya que eran sus costumbres alimenticias diferentes. En la medida que los monarcas endurecían su posición, los precios de los pasaportes para los conversos, llamados “licencias” subían de precio, pero la corriente migratoria no se detenía, cuando mucho se reducía, se crea así por varios años una emigración oculta. En México ciertas ciudades durante el siglo XVI, fueron en especial un refugio más o menos seguro para los cristianos nuevos, en un continente donde la “pureza de sangre” no tenía la obsesiva prioridad colectiva que se le concedía en la península. México, Puebla, Pachuca, Guadalajara, Los altos de Jalisco, Mérida, Zacatecas, Taxco, Orizaba, Veracruz, Culiacán, Durango y Monterrey, fueron las principales ciudades y pueblos donde los conversos radicaron durante la fundación de la colonia. Se sintieron con gran libertad, trajeron a sus familias y muy pronto formaron comunidades, aunque mantenidas en aparente secreto, su excesiva confianza pronto atrae sobre ellos las garras de la Inquisición, y aparece en escena las ejecuciones, al hacerlos culpables de practicar ritos judaizantes. Cuando llegó a México el sangriento Fray Juan de Zumárraga muchos conversos decidieron emigrar al norte de México, para huir de la persecución de la Inquisición de la Nueva España, que apresó a centenares, y los ejecutó después de torturarlos, sin perdonar a las mujeres y los ancianos. Si se trata de explicar el por qué muchos judíos se trasladaron a diferentes regiones del norte de México, puede entenderse que alejados de las ciudades del centro de la Nueva España, se sentían más libres y seguros, pues la Inquisición no tomaba investigaciones en las provincias más rurales y alejadas. Y así desde 1540 en adelante hasta 1640 siguieron llegando judíos provenientes de Portugal, Sevilla y Andalucía, Castilla, Galicia y Navarra, a poblar el norte de la nueva España, también desde luego y quizás los más de otras partes de la Nueva España.

Los-Sefardi-En-Sinaloa3Nuño Beltrán de Guzmán, entre sus tropas, al igual que Cortez, traía consigo a varios conversos o descendientes por ejemplo: su lugarteniente y Veedor Pedro Almendez Chirinos, originario de Ubeda, el cual era nieto de judíos. Asimismo eran descendientes de sefarditas; el Capitán de Artillería Juan Fernández, el Capitán de Jinetes, Cristóbal de Oñate y el portaestandarte Juan de Oñate, cuyos linajes se remontan hasta llegar a Abraham Ha Levi de la ciudad de Burgos en 1350 D.C.; y asimismo el Alguacil Joan Sánchez, como también el soldado y después Capitán Lázaro de Cebreros, de la villa de Cebreros, que fue una judería muy famosa, en esta villa se construyó el primer templo católico hasta finales del siglo XV, Lázaro de Cebreros se casó con Lucia Muñoz de origen converso, los cuales fueron padres de Domingo de Cebreros, que se casó con Isabel de Chávez, también de origen Sefardí y de Juan Pérez de Cebreros y Miguel de Cebreros, de los cuales descienden muchas familias sinaloenses. Con Nuño Beltrán de Guzmán también llegaron los descendientes de conversos, Hernando de Sarmiento, escribano, Melchor Álvarez de Cuenca, Pedro Álvarez de Castilla la vieja, Álvaro Arroyo, Diego López, veinte y cuatro de Sevilla, Juan Medina de Sevilla, Alonso Mejía de Sevilla, N. Escalante de Sevilla, Juan de Quintanilla de Granada, Juan Muñoz de Sevilla, Alonso de Ávila de Castilla la vieja y el capellán Alonso Gutiérrez entre muchos. Estos conversos al regresar a la Cd. de México informan a otros miembros de su comunidad lo que habían visto y vivido.

Don Pedro de Tovar, de origen converso, que vino con Nuño de Guzmán, junto con su hermano Álvaro, era el hombre quizás más importante de Culiacán, a la llegada de Francisco Vázquez de Coronado en 1541. Fue uno de los primeros pobladores, es nombrado Alférez General para la expedición de Cíbola, a su vez, Vázquez de Coronado, nombra a los siguientes descendientes de conversos: como maestro de campo a Lope de Samaniego, Capitán a Don Tristán de Arellano, Capitán a Don Pedro de Guevara hijo de Juan de Guevara, Don García López de Cárdenas, Rodrigo de Maldonado, Diego López veinte y cuatro de Sevilla, Diego Gutiérrez de la Caballería familiar de su esposa Beatriz de Estrada originario de Sevilla, Francisco de Barrio Nuevo de Granada, Juan de Saldivar, Francisco de Alvarado, Juan Gallego, Melchor Díaz, capitán y alcalde mayor (que fue de Culiacán), Alonso Manrique de Lara, Lope de Ursúa, Gómez Súarez de Figueroa, Luis Ramírez de Vázquez, Juan de Soto, Francisco de Gorbala, N. Riberos, Capitán de infantería Pablo de Mergosa Burgales, capitán de la artillería de Hernando de Alvarado, caballero Montañes y Fernando de Saavedra Sevillano. La mayoría de los principales nombramientos que otorga Francisco Vázquez de Coronado, es a descendientes de judíos conversos. El mismo Francisco Vázquez de Coronado estaba casado con Beatriz Estrada hija de Alonso de Estrada y de Marina Gutiérrez Flores de Caballería, de familias judías conversas, hay que recordar que los apellidos Vázquez y Coronado, fueron usados por conversos.

*Cronista de Guamúchil.

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